La felicidad no es el negocio
Partimos de esta premisa. La felicidad se está transformando más en un mandato que en una propuesta. Hace tiempo contamos en grandes empresas con Gerentes de Felicidad, programas y KPIs asociados.
Ahora vale la pregunta ¿Es real el paradigma ¨la gente feliz trabaja mejor¨?. Antes de avanzar, aclararía el concepto de felicidad cuando lo vinculamos a las empresas.
Cómo se decodifica la felicidad. ¿Es estar pum para arriba, estar alegre y generar buena onda?.
Es llamativo y no podemos dejar de ver el contraste entre esta nueva tendencia y los altísimos índices que se registran en las organizaciones de casos de burn out, ansiedad, quiet quitting (renuncia silenciosa) ataques de pánico, ausentismo, licencias psiquiátricas y un compendio de trastornos que no van muy de la mano de la tan mentada felicidad.
Sin embargo, crecen los cargos, los discursos y el merchandising de la felicidad al mismo ritmo que el agotamiento y la desconexión. Todo conviviendo bajo el mismo techo. La lógica del rendimiento, los resultados del quarter, el control, el micro management y la cultura de la eficacia no se detiene, mientras la narrativa de la felicidad mira para otro lado.
Es importante aclarar que no se trata de si la felicidad es importante o no. De eso no hay dudas. Lo que falla es el relato construido sobre ella que, por lo general, genera dudas y cuestionamientos apenas se lo mira de cerca en el campo organizacional.
La felicidad no se fabrica ‘in a box’
Si bien la felicidad puede o no aparecer en el trabajo, en ninguno de los dos casos es un fracaso organizacional. Al fin de cuentas la felicidad puede tener momentos, vivirse con temporalidad.
Sí es fundamental instalar en la cultura organizacional el crecimiento personal y profesional, el aprendizaje continuo, la posibilidad de hacer una contribución real. Sentirse parte de algo más grande que uno mismo y fundamentalmente algo tan básico y tan poco medido como la dignidad y el respeto… pero de esto último nada se habla, no es trending topic, al menos hasta ahora. El respeto por el trabajo y el tiempo del otro, por la mirada diferente a la nuestra, la dignidad en el trato cotidiano, incorporan elementos clave de comunicación y empatía que se trabajan día a día e implican ejercicios y herramientas que ayuden a esta construcción de equipo.
Corregir sin humillar, pedir en lugar de ordenar, escuchar para entender y no para responder, valorar al que piensa diferente…son modos de ser que marcan otro rumbo a recorrer.
Operar sobre el sistema organizacional
La fábrica de la felicidad cae apenas te pones a conversar con la gente. Pero lavarle la cara a un sistema para que funcione aceitado es a veces menos arriesgado. Hay que sostener la postura, no sea cosa de desentonar con el resto. Mejor no correr riesgos innecesarios. Al final del día ¿quién no quiere ser feliz?.
El wellness cosmético ahora llamado wellness washing, algo así como un bienestar impostado, se impone en muchas empresas como un lavadito superficial con storytelling, yoga, frutas y un par de acciones sueltas. Nada que realmente cambie de verdad la cultura y el bienestar de sus equipos. Nada que opere sobre el sistema organizacional para generar motivación, pertenencia, y bienestar.
Nos guste o no, como dice la frase en ingles: ¨Money talks¨, el dinero habla, pero hay formas y formas de hacer crecer un negocio. Se puede hacer a expensas de la gente (en el mediano plazo mal negocio para todos) o se puede hacer con y gracias a la gente, cuidando y nutriendo a cada una de las partes involucradas en la ecuación (empleados, clientes y accionistas). Si se quiere realmente lograr lo que yo denomino la regla de las 3 S: resultados Superadores, Significativos y Sostenibles en el tiempo, no es posible hacerlo sin el compromiso genuino y el involucramiento real de las personas.
Y que hacemos con la Felicidad. Tal vez pedirle felicidad a la organización sea un poco mucho. Tal vez vender felicidad en la propuesta de valor también sea un demasiado. Habrá que empezar a buscar la felicidad en otro lado, mucho más cercano y poderoso.
En el budismo, la felicidad (sukha) no se define como un estado emocional pasajero ligado a estímulos externos, sino como condición de bienestar que surge de una mente serena.
Tal vez la invitación sea más bien a vivir organizaciones donde podamos construir una Eutopia, traducido como: un buen lugar, un lugar donde podamos desplegar nuestras potencialidades y construir juntos ese futuro mejor, menos de cuento de hadas y más de verdad.