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La misión de provincias argentinas en Nueva York dejó algo más que presentaciones ante inversores. Detrás del discurso económico apareció una nueva dinámica política entre los gobernadores y la Casa Rosada, marcada por el pragmatismo, las elecciones locales y una foto que mostró tanto a los que estuvieron como a los que prefirieron quedar fuera. También a los que querían estar y no fueron convocados.
La política argentina siempre tuvo una relación ambivalente con los viajes al exterior. Durante años fueron criticados como gestos simbólicos o como giras con escaso impacto concreto. Pero el escenario económico actual obliga a mirar esos movimientos con otra lógica. En la Argentina que intenta recuperar la confianza de los mercados internacionales, cada misión al exterior es también una señal política.
Eso fue lo que ocurrió en la llamada Argentina Week en Nueva York, donde el presidente Javier Milei encabezó una agenda con bancos, fondos de inversión y ejecutivos de Wall Street. En ese contexto, un grupo de gobernadores viajó para mostrar el potencial productivo de sus provincias ante el capital internacional.
El mensaje fue claro: Argentina busca inversiones de largo plazo. Para eso exhibe los recursos que hoy demanda el mundo. Litio en el norte, cobre en la cordillera, petróleo y gas en la Patagonia. En un contexto global atravesado por la transición energética y la competencia por minerales críticos, el país hace fuerza por aparecer en el radar de grandes compañías internacionales.
Sin embargo, detrás de ese discurso económico hubo también una dimensión política inevitable.
Los gobernadores no sólo fueron a presentar proyectos mineros o energéticos. También fueron a posicionarse en el nuevo equilibrio de poder entre las provincias y la Casa Rosada. Un equilibrio todavía inestable, que hoy solo puede mostrar pragmatismo.
Entre los mandatarios que viajaron estuvieron dirigentes de provincias que concentran buena parte de los recursos naturales que hoy busca el mercado global. Participaron el mendocino Alfredo Cornejo, quien impulsa la expansión minera en su provincia; el gobernador de Neuquén, Rolo Figueroa, cuya gestión está directamente ligada y basada en el desarrollo de Vaca Muerta, y el chubutense Ignacio Torres.
También estuvieron los gobernadores del norte minero como Raúl Jalil, Carlos Sadir y Gustavo Sáenz, mandatarios de las provincias en las que el litio es el gran protagonista. Desde la Patagonia viajaron además Claudio Vidal y el sanjuanino Marcelo Orrego, quien tiene la llave del distrito que concentra algunos de los proyectos de cobre más importantes del país.
La diversidad política de ese grupo es, en sí misma, un dato relevante. Allí convivieron gobernadores radicales, dirigentes provinciales y mandatarios peronistas. Más que afinidad ideológica, lo que predominó fue una lógica pragmática. Eso hizo que viajaran 11 de los 24, la necesidad de atraer inversiones para economías regionales que dependen cada vez más del desarrollo de recursos naturales.
Para muchas provincias, ese proceso representa una oportunidad histórica. La minería, la energía y los minerales estratégicos son las llaves para encender los motores de crecimiento, exportaciones y empleo. Pero ese salto productivo requiere capital intensivo, estabilidad regulatoria y reglas claras. Tres condiciones que dependen, en gran medida, del vínculo con el Gobierno nacional.
La política de la foto
La escena que dejó la gira también tuvo un componente simbólico. Aunque viajaron más del 40% de los mandatarios del país, invitados por la Casa Rosada, la foto política con el presidente Milei terminó mostrando apenas a una parte de ellos.
Los que aparecieron en la imagen oficial fueron cinco: Cornejo(Mendoza), Sadir (Jujuy), Sáenz (Salta) Orrego (San Juan) y Valdés (Corrientes). Los demás mandatarios participaron de la agenda en Nueva York, sin embargo, no formaron parte de esa postal.
En la política argentina, esas imágenes rara vez son casuales. La foto con el Presidente puede interpretarse como señal de respaldo, cercanía o alineamiento político. Y muchos gobernadores administran ese gesto con cautela: necesitan dialogar con la Casa Rosada, pero al mismo tiempo deben cuidar su propia posición frente a electorados locales que no siempre acompañan al Gobierno nacional.
El factor electoral
Ese equilibrio se vuelve todavía más delicado cuando se lo mira desde la política provincial. Varios de los gobernadores que mantienen una relación institucional fluida con Milei no forman parte de su espacio político y enfrentan realidades electorales muy distintas en sus distritos.
En provincias como Mendoza, Jujuy o Salta, por ejemplo, los gobiernos locales necesitan mostrar capacidad de atraer inversiones y desarrollo productivo, pero también deben preservar una identidad política propia. En esos casos, algunos con más éxito que otros son dirigentes que sostienen vínculos pragmáticos con la Casa Rosada: apoyan algunas políticas económicas, negocian recursos o reformas legislativas, pero evitan quedar encuadrados como aliados automáticos del oficialismo nacional.
Por el lado del Gobierno, también piensan en clave electoral. En el Ejecutivo consideran que tanto por el manejo de los votos en el Congreso hoy, como por la posibilidad de dividir el voto que tienen aquellos que no tienen chance de ser reelectos nuevamente, mejor tenerlos de su lado. Ese juego refleja una lógica histórica del federalismo argentino: los gobernadores pueden ser socios tácticos del poder central sin necesariamente compartir su proyecto político.
La gira por Nueva York dejó, en definitiva, una postal del momento que atraviesa el país. Un Presidente que intenta convencer al mercado internacional de que Argentina volvió a ser un destino posible para las inversiones, aunque lo más dificultoso sea desterrar la desconfianza que existe sobre los cambios en las reglas de juego.
Al mismo tiempo, un grupo de gobernadores que, más allá de sus diferencias partidarias, saben que el futuro económico de sus provincias depende cada vez más del capital global del país. En ese nuevo mapa, los recursos naturales son “el” activo estratégico de la Argentina. Litio en el norte, cobre en la cordillera, petróleo y gas en la Patagonia.
En tanto, está claro que en la Argentina de hoy, la relación entre las provincias y la Nación ya no se define solamente en el terreno ideológico. Se define en un terreno mucho más pragmático: el de las inversiones, las reglas económicas y la negociación política. Y en ese tablero, como suele ocurrir en la política argentina, una foto puede decir tanto como la imagen de los que no están en ella