La Argentina hoy tiene un mercado de capitales empobrecido, casi sin negocios. La desaparición de las AFJP terminó de desangrar la operatoria bursátil, cuyo universo se redujo en todo sentido: menos operadores, menos empresas cotizantes, menos inversores. El Gobierno hoy plantea una reforma para tratar de revertir este escenario, pero con una característica: sobredimensiona el foco regulatorio y minimiza los problemas de la economía, como la inflación (que influye en el nivel de ahorro) y la pérdida de competitividad de las empresas (que resta peso a las inversiones y desestimula la emisión de deuda).
Es cierto que las reglas con las que se mueve este segmento financiero hace tiempo que demandan mayor transparencia. Pero el proyecto oficial tiene un sesgo determinado: el poder que le quita a las instituciones en materia de autorregulación, se lo otorga a un ente oficial que no es neutral. La CNV, por ejemplo, es parte activa en los embates contra el Papel Prensa y el Grupo Clarín.
El deseo de que los ahorristas tengan mejores alternativas de ahorro será realidad cuando la inflación encuentre un sendero descendente que valorice más la inversión que la especulación.