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Los conos o bolardos de cemento que aparecen en veredas, andenes y espacios peatonales cumplen una función que va mucho más allá de delimitar una calle. Su presencia busca impedir que automóviles y motocicletas ingresen o se estacionen en sectores destinados exclusivamente a la circulación de peatones.

La instalación de estas estructuras forma parte de distintas estrategias de seguridad vial y recuperación del espacio público, especialmente en zonas donde el estacionamiento indebido o la circulación de vehículos por los andenes puede representar un riesgo para quienes transitan a pie.

Estos elementos buscan proteger a los peatones y evitar la invasión del espacio público.

¿Para qué sirven los conos de cemento en las veredas?

Una de sus principales funciones es establecer una barrera física entre la calzada y el área peatonal. De esta manera, los vehículos encuentran un obstáculo que dificulta el ingreso a sectores destinados a las personas que caminan.

También ayudan a evitar que los conductores utilicen los andenes como lugares de estacionamiento. Esta práctica puede reducir el espacio disponible para circular y obligar a los peatones a desplazarse por la calzada, aumentando su exposición al tránsito.

Los bolardos pueden instalarse además en accesos a edificios, esquinas y otros sectores donde resulta necesario marcar de manera visible la separación entre el espacio vehicular y el peatonal.

Los bolardos de cemento son utilizados para separar las zonas peatonales de la circulación vehicular.Imagen creada con IA - Gemini

¿Cómo ayudan a mejorar la seguridad de los peatones?

Los elementos de protección instalados en los andenes pueden contribuir a reducir el riesgo de atropellos relacionados con vehículos que invaden zonas peatonales.

Su objetivo es reforzar la separación física entre automóviles y peatones, particularmente en lugares con alta circulación de personas o donde se registran maniobras indebidas de los conductores.

Además, al impedir el estacionamiento sobre las veredas, permiten conservar libre el espacio destinado a caminar y favorecen una circulación peatonal más segura.

¿Por qué se utilizan para controlar el mal parqueo?

El estacionamiento sobre los andenes constituye uno de los problemas que estas estructuras buscan evitar. Sin una barrera física, algunos vehículos pueden ocupar estos espacios para estacionar o utilizarlos como vías alternativas cuando existe congestión.

Los bolardos dificultan estas maniobras y permiten preservar el uso peatonal del espacio público. Por ese motivo, suelen colocarse en puntos donde las autoridades identifican una utilización indebida de las zonas destinadas a los peatones.

Sin embargo, su ubicación debe responder a criterios de accesibilidad y movilidad. Una instalación inadecuada puede reducir el espacio disponible para personas que utilizan silla de ruedas, personas con movilidad reducida o quienes circulan con coches de bebé.

¿Qué problemas pueden generar si están mal ubicados?

Aunque su finalidad es mejorar la seguridad, estos elementos también pueden generar inconvenientes cuando se colocan sin considerar las necesidades de todos los usuarios del espacio público.

Los andenes deben mantener espacios suficientes para la circulación peatonal, incluidos aquellos necesarios para personas con discapacidad o movilidad reducida. Si los bolardos están demasiado juntos, ocupan una zona de paso o no permiten maniobrar adecuadamente, pueden convertirse en una barrera para determinados peatones.

Por eso, su instalación debe buscar un equilibrio entre la protección frente a los vehículos, el ordenamiento del espacio público y la accesibilidad para todas las personas.