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En pocos destinos el golf cambia tanto de escenario en apenas unos kilómetros. En Mar del Plata, una vuelta puede jugarse con el Atlántico como telón de fondo, entre antiguas arboledas o sobre un terreno serrano donde las pendientes se convierten en parte del desafío.

La ciudad reúne cuatro clubes y cinco canchas homologadas por la Asociación Argentina de Golf, con propuestas que se diferencian tanto por sus recorridos como por el paisaje que las rodea. Todas están abiertas durante el año y reciben a jugadores con y sin handicap.

Pero la relación entre Mar del Plata y este deporte no nació con la consolidación de la ciudad como destino turístico. Hay que remontarse a 1890, cuando altos ejecutivos de los ferrocarriles británicos comenzaron a jugar en los médanos de Playa Grande. Más de un siglo después, aquella tradición sigue vigente y permite recorrer el destino desde una perspectiva diferente: del mar al bosque y, finalmente, a la sierra.

De los médanos de Playa Grande a la “Catedral del Golf”

El lugar donde comenzó aquella historia sigue siendo uno de sus principales protagonistas.

Frente a Playa Grande se encuentra la histórica “Cancha Vieja” del Mar del Plata Golf Club, uno de los campos más antiguos de América. Es un link de tipo escocés de 18 hoyos, corto y ondulado, donde la base de arena, los desniveles y los fairways angostos convierten al terreno en parte central del desafío.

El recorrido alcanza las 6.024 yardas para caballeros y 5.431 para damas, con par 70 y 72, respectivamente. Pero son las irregularidades naturales del campo las que explican el sobrenombre que terminó por identificarlo: la “Catedral del Golf”.

La experiencia tiene también un componente arquitectónico. Su Club House, inaugurado en 1926, es un chalet de estilo Tudor que hoy forma parte del patrimonio arquitectónico y urbano de Mar del Plata.

A lo largo de su historia, el club recibió al príncipe Felipe de Edimburgo, a presidentes argentinos, a los expresidentes estadounidenses Dwight Eisenhower y George Bush y a reconocidos profesionales del deporte.

El Mar del Plata Golf Club posee, además, otro campo a cinco kilómetros de allí. Conocido como la “Cancha Nueva”, está ubicado en Mario Bravo y Triunvirato y cambia por completo de fisonomía: es un trazado tipo parque de 18 hoyos construido sobre 50 hectáreas, con un recorrido de 6.527 yardas para caballeros y 5.678 para damas.

Hacia el sur, el golf se mete en el bosque

Alejarse de Playa Grande implica también cambiar de escenario.

A unos 5,5 kilómetros del Faro de Punta Mogotes, el Club Mar del Plata Golf Los Acantilados despliega sus 27 hoyos sobre un predio de 90 hectáreas. Los fairways son amplios y avanzan entre una forestación de pinos, cipreses y cedros.

El agua suma otro elemento al recorrido: una laguna ubicada hacia el fondo de la cancha limita con cuatro hoyos y agrega dificultad al juego.

El Club House funciona en un gran chalet y cuenta con vestuarios, guarda palos y un driving range de doce gateras. Un bar y un restaurante con vista al campo completan los servicios disponibles para los golfistas.

Pero el recorrido hacia el sur todavía guarda otro paisaje.

A 15 kilómetros del faro se encuentra Marayuí Country Club, con una cancha de tipo americano de nueve hoyos de doble green. Allí, un arroyo atraviesa el campo y entra directamente en juego en tres hoyos.

La arboleda que acompaña el recorrido fue plantada en 1945 y enmarca los amplios fairways que atraviesan el country entre sus residencias.

Al terminar la vuelta, una mansión de estilo Tudor funciona como Club House. El lugar permite disfrutar del tradicional “hoyo 19” y también alojarse: el complejo dispone de dormis y residencias para alquilar, además de canchas de tenis.

Cuando la sierra se convierte en parte del juego

En Sierra de los Padres, la experiencia vuelve a transformarse. Allí ya no son el mar ni los cursos de agua los que condicionan principalmente el recorrido: es la propia topografía.

El Sierra de los Padres Golf Club ocupa 40 hectáreas y tiene 18 hoyos, con 6.395 yardas para caballeros y 5.754 para damas.

La cancha fue construida sobre las estribaciones de la sierra y esa ubicación define su dificultad. Los fairways son angostos, están rodeados de una abundante forestación y buena parte del recorrido obliga a jugar sobre planos inclinados.

Los greens siguen las ondulaciones naturales del terreno y están protegidos por bunkers. En varios hoyos, además, las calles y sus fuera de límite agregan nuevas exigencias.

En los meses de verano, la infraestructura del Club House suma una piscina.

Una ciudad, cinco recorridos posibles

La singularidad del golf marplatense no pasa únicamente por la cantidad de campos, sino por lo que ocurre entre uno y otro.

En un mismo destino, un jugador puede comenzar frente al Atlántico, continuar entre bosques y terminar ajustando su juego a las pendientes de Sierra de los Padres. Cada cancha aprovecha un rasgo diferente de la geografía y propone, por eso, una experiencia propia.

Esa variedad acompaña una tradición que nació en los médanos de Playa Grande en 1890 y se mantiene vigente más de 130 años después.

Para profesionales y amateurs, el resultado es también una forma diferente de descubrir Mar del Plata: recorrerla siguiendo sus fairways y comprobar que, cuando el mar deja de ser el único protagonista, aparece otra ciudad que también se disfruta durante todo el año.