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En un escenario en el que cada decisión de inversión exige mirar con lupa rentabilidad, perspectivas y riesgos, la hotelería busca ganar terreno como una alternativa de largo plazo. El desarrollo de nuevos destinos, el crecimiento del negocio corporativo y una demanda cada vez más orientada hacia las experiencias abren oportunidades más allá de los grandes centros turísticos.
Esa es la lectura que hace Pablo Albamonte, director y cofundador del Grupo Hotelero Albamonte, propietario de las cadenas Howard Johnson y Days Inn, quien lleva más de 28 años vinculado con la gestión hotelera. El grupo cuenta actualmente con 42 hoteles operativos y mantiene proyectos de expansión en la Argentina y la región.
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Para el empresario, uno de los diferenciales del negocio está en su horizonte temporal y en el respaldo de un activo tangible.
“La hotelería tiene grandes virtudes a la hora de invertir. La primera y principal es que es una inversión de largo plazo, una inversión en ladrillo”, sostuvo Albamonte.
Pero detrás de esa apuesta hay una ecuación que excede la construcción de un edificio. Ubicación, marca, demanda, servicios y conocimiento del mercado son algunas de las variables que pueden determinar el futuro de un proyecto.
Quiénes invierten hoy en hoteles
El perfil del inversor hotelero se diversificó. Quienes ingresan actualmente al negocio no necesariamente provienen del turismo: muchos desarrollaron previamente su actividad en otros sectores y encuentran en la hotelería una oportunidad para diversificarse.
“Todos nuestros inversores vienen de otras actividades, actividades diversas y muy exitosas, donde ven en la hotelería con nuestras marcas un potencial de desarrollo en las economías regionales”, explicó Albamonte.

Entre esos sectores aparecen la energía, los commodities, el campo y la construcción. Para el empresario, buena parte del potencial está precisamente en regiones donde todavía existe margen para ampliar y profesionalizar la oferta hotelera.
La decisión, sin embargo, comienza por una variable insoslayable: la rentabilidad. Y para alcanzarla, la localización ocupa un lugar central.
A la ubicación se suma el peso de la marca internacional, que puede aportar estándares de servicio y previsibilidad para el huésped.
El grupo desarrolla proyectos en ciudades donde identifica demanda todavía insatisfecha. Uno de ellos está en Trelew, Chubut, una localización que la compañía considera estratégica por su cercanía con Puerto Madryn y Rawson.
El interior del país, en el radar de la expansión hotelera
La mirada sobre las economías regionales atraviesa buena parte de la estrategia. Para Albamonte, todavía existen ciudades importantes del interior argentino donde falta una propuesta integral que combine alojamiento, gastronomía, eventos y servicios de bienestar.
“Hoy la hotelería en Argentina todavía tiene un potencial de crecimiento en regiones del interior del país, en ciudades importantes que todavía no tienen una buena oferta hotelera, gastronómica, de eventos y de spa”, afirmó.
El desafío para acelerar ese desarrollo pasa, entre otros factores, por el acceso al financiamiento. Albamonte señaló que una mayor disponibilidad de crédito para la construcción podría agilizar proyectos que, en muchos casos, avanzan con capital propio y requieren largos períodos de ejecución.
En ese sentido, mencionó mercados de la región como Paraguay y Uruguay, donde existen créditos destinados a este tipo de emprendimientos.

La expansión ocurre, además, en paralelo con una transformación más profunda: el hotel dejó de ser solamente un lugar para alojarse.
El negocio corporativo gana protagonismo
Eventos, convenciones, gastronomía y viajes laborales se convirtieron en piezas fundamentales de la ecuación. En los establecimientos del grupo, Albamonte aseguró que el segmento corporativo representa el 70% de la facturación de los hoteles.
Las empresas necesitan alojamiento para ejecutivos y colaboradores, pero también espacios para organizar encuentros, lanzamientos y actividades de networking. Esa combinación permite ampliar las fuentes de ingresos y reducir la dependencia exclusiva del turista vacacional.
Al mismo tiempo, cambió lo que espera quien atraviesa la puerta del hotel.
“El modelo evolucionó muchísimo”, explicó Albamonte. Según su visión, incluso antes de la pandemia ya se observaba una tendencia —especialmente entre las generaciones más jóvenes— a priorizar experiencias por sobre la compra de determinados productos. El confinamiento terminó de profundizar ese comportamiento.
De allí surgió una mayor apuesta por escapadas cortas y propuestas capaces de romper con la rutina cotidiana. “Aunque te vayas una noche, cargás energía, cargás las pilas”, resumió.

Ese cambio también elevó la vara. Los argentinos viajan más y comparan la experiencia local con la que encuentran en otros destinos. Para responder a esas expectativas, los hoteles adaptaron servicios y propuestas gastronómicas, con cartas estacionales y productos característicos de cada región.
Inteligencia artificial y un límite que la tecnología no puede cruzar
La transformación también llegó a la gestión. La inteligencia artificial comenzó a utilizarse para analizar información, conocer mejor a los clientes y desarrollar acciones comerciales más personalizadas.
Albamonte explicó que el grupo trabaja con un asesor especializado en IA y utiliza herramientas tecnológicas junto con su sistema de gestión Arion para interpretar información sobre los huéspedes. El objetivo es comprender comportamientos, detectar preferencias y favorecer el regreso de los clientes.
Sin embargo, el empresario marca un límite a la automatización. “En la hotelería nunca vas a poder lograr que la tecnología reemplace los recursos humanos, porque la calidez que te puede dar una persona no te la va a dar nunca una máquina”.
La compañía utiliza un chatbot para resolver las primeras consultas, pero luego deriva la conversación hacia una persona. Para Albamonte, automatizar por completo ese vínculo entraría en contradicción con la propia naturaleza de la actividad.
“El ADN de nuestro negocio es el servicio”, sintetizó. Desde la bienvenida en el desayuno hasta la interacción con el personal, buena parte de la experiencia continúa siendo “100% humana”.
Una apuesta de largo plazo por el turismo argentino
Después de casi tres décadas al frente del grupo, Albamonte identifica a la constancia como una de las claves para sostener el crecimiento frente a los distintos ciclos económicos del país.
Para el empresario, la Argentina todavía tiene un amplio potencial turístico y su desarrollo puede generar un efecto multiplicador en las economías regionales, desde la gastronomía y el transporte hasta el comercio.

En ese escenario, vuelve a destacar uno de los atributos que, según su mirada, distingue a la hotelería como inversión: su carácter tangible.
“Es algo mucho más tangible, es algo que vos lo ves, lo visualizás, estás ahí, en el hotel”, afirmó.
El desafío ahora será transformar ese potencial en nuevos proyectos. Porque mientras la hotelería incorpora tecnología y nuevos modelos de gestión, su apuesta sigue apoyándose en tres pilares: inversión, servicio y una mirada de largo plazo.

