El principal componente de la estrategia anticíclica brasileña para aminorar el impacto de la crisis externa será la política monetaria.
Esa posición fue defendida enfáticamente, el lunes por la presidenta de la agencia de riesgo Standard & Poorss (S&P) en Brasil, Regina Nunes, durante un evento promovido por la Fundación Getulio Vargas (FGV) en San Pablo, con el apoyo de Valor, y cuyo tema fue la reevaluación del riesgo Brasil.
También presente en el evento, el director de investigaciones y estudios económicos de Bradesco, Octavio de Barros, afirmó que esa opción está en vigor y será una de las razones que ayudará al crecimiento del país en 2012.
Nosotros esperamos que eso (el combate a la crisis) se haga más con políticas monetarias que fiscales. Porque por sí solas, dan impulso a la parte fiscal, dijo Nunes. Para la agencia, el punto más débil de la evaluación soberana brasileña es justamente la estructura fiscal.
La continuidad del ritmo de corte de la tasa básica de interés en el país aproximaría a Brasil a la estructura de otras naciones con características macroeconómicas similares, y que se utilizan en las comparaciones de la agencia, explicó. Es hora de que Brasil intente usar un poco más esa política monetaria en términos (de instrumentos) contracíclicos.
Nunes señaló que, como la perspectiva del nuevo rating brasileño (BBB, dato de noviembre) es estable, la agencia tiene hasta tres años para hacer una reevaluación del riesgo del país.
Según Barros, a nivel mundial, la ortodoxia tendrá un período sabático y ganarán espacio las políticas no convencionales. La crisis actual tendrá un impacto sobre Brasil equivalente al 20% del generado por la crisis de 2008. Brasil puede crecer 3,7% el próximo año, en una proyección con sesgo de alza.
El crecimiento más acelerado que el 3% de 2011 provendrá del ablandamiento monetario en curso, del regreso de la inversión pública, de un papel más activo del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES), de la reversión parcial de las medidas macro prudenciales, de los estímulos fiscales en proyectos como Brasil Mayor y del aumento del salario mínimo.
Para Carlos Hamilton Araújo, director de política económica del Banco Central (BC) que también participó de la discusión, la desaceleración actual de la economía brasileña tiene características diferentes de la de 2008. Hace tres años, la caída fue generalizada, en la oferta y en la demanda.
Ahora, evaluó Araújo, fue consecuencia de un movimiento planificado por la autoridad monetaria y afectó los componentes del Producto Bruto Interno (PBI) en momentos diferentes. La oferta, reconoció, lo sintió primero, especialmente la industria. Pero tenemos la visión de que la demanda también se está moderando en el nivel que se planificó, dijo. El BC, reconoció, trabaja con la posibilidad de que el PBI cierre el año con un avance de entre 3% y 3,5%.
Para Petrobras, una eventual restricción de crédito en 2012, por el recrudecimiento de la crisis en la zona euro, no será un obstáculo para los planes de inversión. El mayor desafío para que la empresa ejecute su plan de inversión (de u$s 225.000 millones para el período entre 2011 y 2015) no es el funcionamiento de los proyectos, sino la sustentabilidad de su cadena de proveedores, según la presentación que realizó en el mismo seminario Jorge José Nahas Neto, gerente ejecutivo de Planificación Financiera y Gestión de Riesgos de la estatal.
De acuerdo a las cuentas de Petrobras, en un escenario conservador (con barriles de petróleo a un precio promedio de u$s 85), la empresa precisaría captar en el mercado (con emisiones o préstamos) u$s 12.000 millones al año. En un escenario más realista, con el barril cotizado a u$s 95, el valor anual de financiamientos nuevos necesarios caería a u$s 7.000 millones.