n Si bien el negocio de las marcas de lujo se enfoca en vender a cerca de 500.000 hogares de alto poder adquisitivo, las restricciones para importar hacen que sean cada vez menos las que sobrevivan a la presión del Gobierno.
Sea por una decisión inmobiliaria, de estrategia comercial o de problemas para importar, lo cierto es que el negocio del lujo en el país tiene cada vez menos opciones para los clientes. El cierre de la Maison Lancôme es el último de una serie que arrancó en 2009 con otro cierre: el de Emporio Armani. Continuó con otra docena de etiquetas extranjeras top que cerraron sus locales, afectadas por el freno a las importaciones, el cepo cambiario y la imposibilidad de girar divisas hacia sus casas matrices. En ese grupo están también la norteamericana Calvin Klein; la francesa Yves Saint Laurent; la alemana Escada y el reconocido diseñador alemán Georg HIeber. Lo mismo pasó con Polo Ralph Laurent y Cartier. El último caso había sido el de Kenzo que el año pasado cerró su único local en el país, que estaba ubicado en el Patio Bullrich.
De hecho, la tradicional Avenida Alvear ha sido una de las mayores víctimas de este éxodo del lujo. Es que muchas de estas marcas tenían locales en alguna de las siete cuadras que recorre la arteria comercial más cara del país desde la plaza Francia hasta la sede del Jockey Club. Ahora, en la Avenida Alvear se observan cada vez más etiquetas made in Argentina.