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Una semana después de cerrar todos sus locales y despedir a sus 150 empleados, Pandanés pidió su propia quiebra.
Sin embargo, el juez Pablo Frick, a cargo del Juzgado Comercial Nº 15, rechazó el planteo al considerar que la empresa todavía no agotó las instancias para alcanzar un acuerdo con sus acreedores, reestructurar su deuda y buscar alternativas que le permitan sostener su actividad.
“Por ello, siendo que la quiebra no resulta la solución inicial de la LCQ (Ley de Concursos y Quiebras) para los casos -como el presente- en que la concursada no obtuvo las mayorías para el acuerdo y encontrándose reunidos en el caso los requisitos para acceder al salvataje, no corresponde hacer lugar a la solicitud de propia quiebra en esta instancia”, determinó el magistrado.
Es que, la Ley de Concursos y Quiebras argentina busca, en primera instancia, evitar la liquidación de la empresa y favorecer la continuidad de la actividad económica siempre que sea viable. “Frente a tal escenario de convicción, y no existiendo razones de excepción que justifiquen adoptar una decisión de la naturaleza de la pretendida, desestimaré lo solicitado”, agregó.
De tal modo, no solo rechazó el pedido de Pandanés, sino que habilitó el proceso de salvataje (o cramdown) para que terceros interesados oferten por la adquisición de las cuotas de capital de la compañía y presenten propuestas para alcanzar un acuerdo con los acreedores.
“Como se dijo, el salvataje no es una opción para la concursada o para el juez, es una imposición legal y como tal no puede sortearse, bajo riesgo de violentar las razones tenidas en mira por el legislador al tiempo de regularlo”, sostuvo el fallo.
Así, la Justicia Comercial dispuso la apertura de un registro por cinco días para que los acreedores, una eventual cooperativa conformada por los trabajadores, o terceros interesados manifiesten su intención de participar del proceso. Para ello, deberán depositar $ 200.000, suma estimada para cubrir los gastos de publicación de edictos y que podrá ajustarse una vez que se conozca el costo definitivo.
El pedido de Pandanés
La dueña de la empresa, la danesa Lise Lundme Funch, presentó ante el Juzgado Comercial el pedido de quiebra de la compañía. Lo hizo el 2 de octubre, fecha en la que cerró sus 25 locales y despidió al total de los empleados a través de un mensaje de Whatsapp.
Según sostuvo Funch, a partir de la segunda mitad de 2023 la compañía “comenzó a atravesar una dificil y profunda crisis económica y financiera, motivada por diversos factores exógenos que impactaron de manera directa en su actividad”. Esto derivó en el estado de cesación de pagos que comenzó el 15 de octubre de 2025 y en la posterior apertura de su concurso preventivo.
Durante el proceso judicial -indicó- buscó reestructurar la deuda de la empresa para “preservar la continuidad de su negocio y, en especial, el mantenimiento de las fuentes de trabajo”. En términos concretos, optimizó costos, renegoció contratos de alquiler, cambió de proveedores, amplió la oferta de productos y cerró locales “cuya explotación no resultaba sostenible”.
“Los principios basales que ordenan este procedimiento generaron en su hora una expectativa razonable de la empresa sobre la posibilidad de afrontar con éxito su crisis económica, alcanzando un acuerdo satisfactorio con sus acreedores, sin sacrificar su normal funcionamiento”, dijo en el escrito presentado.
“Sin embargo, aquellas expectativas se vieron frustradas. Aun cuando la compañía realizó los esfuerzos referidos para permanecer en el mercado y lograr la obtención de los recursos imprescindibles para reestructurar su pasivo, diversos factores económicos, que le resultan completamente ajenos, han incidido de manera negativa impidiendo el resultado exitoso de aquel objetivo perseguido”, agregó.
Puntualmente, mencionó la caída del consumo, el sobredimensionamiento de la planta industrial de la empresa, y el incremento de los costos.
10 años en el mercado
Pandanés fue fundado en 2016 por Funch, radicada en Buenos Aires desde 2010. Comenzó elaborando artesanalmente pan de centeno en una cocina alquilada de un hostel en San Telmo, desde donde distribuía a pequeños comercios.
Un año después se incorporó como socio Klaus Riskaer Pedersen, también de origen danés. Con su llegada, el emprendimiento se profesionalizó y comenzó a escalar, al punto de que la producción dejó la cocina de San Telmo y se trasladó a una fábrica de 300 m2.
Con el crecimiento del negocio, la estructura societaria también cambió. Pedersen terminó transfiriendo la totalidad de su participación a Pandanés A.p.S., una sociedad constituida bajo las leyes de Dinamarca. Desde entonces, la empresa quedó en manos de Funch y de esa sociedad danesa, sus actuales socios.
En 2020 Pandanés inauguró su primer local ubicado en Soldado de la Independencia en Las Cañitas, CABA. Hacia fines de 2021, ya contaba con ocho locales, lo que impulsó la mudanza de la producción a una nueva planta de 1700 m2 preparada para abastecer hasta 50 locales propios.
Sin embargo, la empresa solo alcanzó la mitad de ese objetivo: llegó a tener 25 locales a mediados de 2023 y a partir de ese entonces su situación financiera comenzó a deteriorarse de manera sostenida y nunca logró recuperarse.