Los empresarios estadounidenses en México saltaron de nueva cuenta para defender el diálogo en la revisión del Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC), después de que el gobierno canadiense dinamitó el diálogo con la Casa Blanca, ante una nueva oleada de amenazas arancelarias por parte de Donald Trump.
El mandatario estadounidense amagó con duplicar los aranceles al sector automotriz canadiense tan pronto como el próximo 1 de enero, para dejar una tarifa de 50%.
En respuesta, el gobierno del primer ministro canadiense, Mark Carney, adelantó que analizan aranceles espejo, mismos que planean implementar desde septiembre.
Pero para The American Society of Mexico (AmSoc) es indispensable conservar el diálogo, la certidumbre jurídica y una visión estratégica común para América del Norte.
El organismo es liderado por Larry Rubin, quien además es integrante del Partido Republicano, al que también pertenece el presidente Trump.
Además, en el frente con México, la administración Trump mantiene un impasse en materia arancelaria, donde el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, negocia una reducción a las tarifas que paga México en el sector automotriz, acerero y del aluminio.
La AmSoc señaló que durante décadas México, Estados Unidos y Canadá han desarrollado cadenas productivas profundamente interdependientes que hoy constituyen una de las principales fortalezas competitivas de la región frente al resto del mundo.
En este contexto, el organismo destacó la disposición de la presidenta Claudia Sheinbaum para mantener abiertos los canales de negociación con Washington, así como los esfuerzos encabezados por el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, para alcanzar acuerdos que protejan la competitividad de México y fortalezcan la relación económica bilateral.
El intercambio comercial entre ambos países es cercano a u$s 1 billón anuales y México es el principal socio comercial de Estados Unidos, tanto en exportaciones como en importaciones.
Por ello, dice el organismo que representa a aproximadamente dos millones de estadounidenses, e incluye a personas físicas, empresas y asociaciones civiles, la prioridad debe ser evitar nuevas barreras comerciales, avanzar en la reducción de los aranceles que actualmente afectan a sectores mexicanos y estadounidenses y preservar las condiciones que han hecho de esta relación económica una de las más relevantes del mundo.
“Si aspiramos a una América del Norte más fuerte y competitiva, debemos reconocer que nuestras economías ya funcionan como una plataforma productiva integrada. La coordinación de políticas comerciales frente al exterior puede fortalecer esa plataforma, proteger nuestras cadenas de suministro y aumentar nuestra capacidad para competir globalmente”, aseguró Larry Rubin, presidente de American Society of Mexico.
La discusión no debería limitarse a la imposición o reducción de aranceles entre los tres países. El desafío de fondo consiste en construir una arquitectura comercial norteamericana que preserve el libre intercambio dentro de la región, al tiempo que establezca reglas claras y compatibles frente a prácticas de triangulación, subsidios distorsionantes o esquemas comerciales que debiliten nuestra capacidad industrial conjunta.
En este sentido, “una mayor coordinación entre México, Estados Unidos y Canadá puede contribuir a consolidar una verdadera plataforma económica norteamericana, particularmente en sectores estratégicos como automotriz, acero y aluminio, energía, semiconductores, electrónica, inteligencia artificial, centros de datos y manufactura avanzada” puntualizó Rubin.