

La salida de AT&T y Telefónica del mercado mexicano plantea un problema que va más allá del cambio de propietarios, ya que en México persisten las barreras que dificultan la competencia en telecomunicaciones, advirtió Elena Estavillo, excomisionada del Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) y directora general del think tank Centro-i.
Aunque la compra de AT&T México por parte de Televisa podría fortalecer la posición de la empresa en el negocio móvil, la operación no incorpora un nuevo competidor al mercado. En cambio, concentra la infraestructura y los activos de un operador existente en manos de un grupo que ya participa en el sector.
“En el balance sí estamos formando un competidor importante, ¿no? Claro. Y eso no ocurre tampoco aisladamente”, señaló Estavillo en entrevista con El Cronista.
La especialista considera que el fortalecimiento de Televisa puede ayudar a mejorar los resultados de su negocio de telecomunicaciones, pero advierte que la desaparición de operadores extranjeros debe encender una señal de alerta sobre las condiciones para invertir y competir en México.
“Yo creo que no debemos dejar seguir descalificando estas señales”, dijo al referirse a la reconfiguración del mercado.
El cambio ocurre después de que Telefónica redujera su presencia como operador con infraestructura propia para convertirse en un operador móvil virtual y posteriormente acordara la venta de su negocio mexicano a OXIO. En el caso de AT&T, su operación pasará a Televisa, sujeto al cierre de la transacción y las autorizaciones correspondientes.
Ernesto Piedras, director general de la consultora The Competitive Intelligence Unit (CIU), dijo que con estos movimientos “pareciera que no hay condiciones para competir equitativamente para tener éxito en un mercado dinámico que sigue creciendo”.
Piedras recuerda que en la década de los 90 llegó a México la estadounidense MCI Worldcom y estableció a Avantel, pero terminó saliendo del mercado mexicano, lo mismo ocurrió con France Télécom (empresa que formó parte del consorcio ganador que privatizó Telmex en 1990).
El economista considera que con esta reconfigiuración del mercado “vamos a tener menos jugadores, pero más fuertes”. Piedras enfatizó que podría haber una competencia más efectiva, donde el ganador sea el consumidor.
“El primer punto de competencia va a ser inversión, más cobertura, renovación de la infraestructura”, resaltó.
El costo de competir
Uno de los obstáculos que, a juicio de Estavillo, afecta la competencia es el costo del espectro radioeléctrico, un insumo indispensable para prestar servicios móviles. La excomisionada sostiene que el nivel de los derechos por su uso ha limitado los incentivos para invertir y ha afectado de manera desigual a las empresas, en función de su tamaño y participación de mercado.
“Eso ha sido una carga muy fuerte, el costo del espectro, que le ha restado competitividad, que le ha restado incentivos para la inversión”, afirmó.
El efecto, explicó, no es equivalente para todos los operadores: el peso relativo de esos pagos es mayor para las compañías con menor escala, lo que puede reducir su capacidad para disputar clientes a los jugadores dominantes.
Aunque se ha planteado una reducción de los derechos por el uso del espectro, Estavillo considera que la medida es insuficiente para resolver el problema. También señala los costos y las demoras para desplegar infraestructura, derivados de trámites locales, licencias y derechos elevados, además de posibles actos de corrupción.
“Todavía sigue generando muchos costos construir infraestructura por una serie de distorsiones que hay en muchas localidades del país”, dijo.
Las barreras de entrada y expansión tienen implicaciones que rebasan a las empresas de telecomunicaciones. La infraestructura es necesaria para sostener la digitalización de los servicios públicos, los pagos y las actividades económicas, por lo que la especialista plantea la necesidad de renovar la política pública del sector para impulsar la inversión y ampliar la competencia.
La revisión regulatoria, bajo presión
El otro frente está en las reglas de preponderancia. Con los cambios legales, la Comisión Nacional Antimonopolio (CNA) deberá revisar las condiciones de la regulación específica aplicable a los agentes preponderantes, un proceso que Estavillo considera una oportunidad para actualizar las medidas vigentes.
El esquema se implementó en 2014 y, de acuerdo con la especialista, ha mantenido buena parte de su estructura original pese a las transformaciones del mercado y a la interacción creciente entre los servicios tradicionales de telecomunicaciones y las plataformas digitales.
“En mercados tan dinámicos no podemos dejar las reglas tan parecidas durante tanto tiempo”, sostuvo Estavillo.
La revisión, añadió, no debería limitarse a ajustes menores, sino evaluar si las medidas siguen respondiendo a las condiciones actuales de competencia.
Para los usuarios, Estavillo no anticipa efectos inmediatos derivados de la compra de AT&T México, al tratarse de un negocio en marcha. Los cambios dependerán de las decisiones comerciales que tome Televisa sobre marcas, servicios y empaquetamiento.
El desafío de fondo, sin embargo, será evitar que la reconfiguración empresarial reduzca las alternativas de competencia y conseguir que la infraestructura, la inversión y la regulación permitan sostenerlas en el largo plazo, concluyó la especialista en telecomunicaciones.















