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El histórico conflicto entre India y Pakistán entró en una nueva fase este año, luego de la escalada bélica global del año pasado y principios de este. Los estados mayores de ambas potencias nucleares guardan bajo llave los “blueprints” o planos maestros de lo que sería una guerra abierta, un enfrentamiento que no solo redefiniría las fronteras de Cachemira, sino que enviaría ondas de choque a toda la economía global.

Con presupuestos de defensa que sumados superan los 100,000 millones de dólares, la disparidad entre Nueva Delhi e Islamabad es evidente, pero el avance tecnológico en drones y guerra electrónica ha nivelado un campo de juego que antes parecía decidido por la fuerza bruta de los números.

La próxima gran guerra: India y Pakistán usarán estas estrategias de ataque

Uno de los escenarios más probables para la próxima gran conflagración es el despliegue de la doctrina india conocida como “Cold Start”. Este plan estratégico busca movilizar grupos de batalla integrados en un tiempo récord de 72 a 96 horas, permitiendo realizar incursiones profundas en territorio pakistaní antes de que la diplomacia internacional pueda intervenir.

Sin embargo, Pakistán no se ha quedado atrás. Su respuesta, la Nueva Concepción de Lucha en Guerra (NCWF), prioriza la movilización ultrarrápida y el uso de drones de ataque, donde Islamabad ostenta una sorpresiva ventaja numérica con una flota que supera las 1,000 unidades. El objetivo no es la victoria total, sino forzar un estancamiento militar que obligue a una negociación bajo sus propios términos.

Los ejércitos de India y Pakistán ya están listos para una posible confrontacipon. Fuente: Shutterstock

Un dato muy importante respecto a este conflicto es que podría convertirse una amenaza existencial para la humanidad es la disparidad en las doctrinas nucleares. Mientras que India mantiene una política de “No Primer Uso”, asegurando que solo respondería con armas atómicas si es atacada primero, Pakistán ha adoptado la “Disuasión de Espectro Completo”.

  • India: Enfocada en represalias masivas solo bajo agresión nuclear.
  • Pakistán: Dispuesta a utilizar armas nucleares tácticas de bajo rendimiento contra columnas de tanques invasores si su integridad territorial se ve amenazada por fuerzas convencionales.

Esta diferencia genera un equilibrio precario: cualquier avance terrestre exitoso de India podría desencadenar una escalada nuclear involuntaria, transformando un conflicto regional en una catástrofe de dimensiones planetarias.

China observa el conflicto y puede ser su nueva jugada maestra

Más allá del campo de batalla, la figura de China emerge como el gran árbitro del sur de Asia. El gigante asiático tiene intereses vitales en el Corredor Económico China-Pakistán (CPEC), una pieza clave de su Iniciativa de la Franja y la Ruta. Cualquier guerra que ponga en peligro esta infraestructura obligaría a Beijing a intervenir, ya sea como mediador o como apoyo logístico masivo para Islamabad.

Expertos sugieren que, irónicamente, la meta final de las élites militares de ambos países podría no ser la victoria, sino la manutención de un estado de “guerra de baja intensidad”. Este conflicto perpetuo permite justificar presupuestos militares exorbitantes y consolidar el control político interno, dejando a la población civil y a los mercados internacionales en un suspenso constante que parece no tener un final definitivo a la vista.