Pensar en la muerte de un ser querido, o en la propia, supone pensar en dolor, pesar o tristeza, palabras que invariablemente llevan a tener que soportar una gran presión emotiva. Pero hablar de la muerte de un familiar cercano o de la nuestra también supone pensar en decisiones económicas vinculadas con la contratación de un servicio fúnebre, organizar el funeral o de ofrecer a quienes se acercan a dar su pésame la comodidad de una casa velatoria.
Todas determinaciones que se dejan para último momento, en gran medida por la resistencia de la sociedad a planificar la muerte y dejar que el problema lo resuelvan quienes continuarán en el mundo de los vivos.
En los últimos meses esta especie de egoísmo post mortem se hizo mas evidente, aunque no por una profundización del poco apego de los mortales a planificar su viaje al más allá sino porque la crisis financiera y la recesión local llevaron a los consumidores a reducir gastos que no formen parte del listado de necesidades básicas.
De hecho el funeral puede ser uno de los gastos más costosos para muchos. Uno tradicional, que incluya ataúd y bóveda para entierro, puede superar cómodamente los $ 20.000 o más si se suman costos adicionales como flores, obituarios, tarjetas de participación o limousine.
Hoy, los empresarios del sector admiten que los funerales se han vuelto mas austeros.
Y según sea el nivel de ingresos de quien deba hacerse cargo de pagarlo, se eligen cajones más baratos, reducen las horas del velatorio. También se solicitan menos autos de los que se afectan al cortejo y hasta se reemplazan las ofrendas florales por una colecta de dinero que se entrega a los deudos como forma de ayudar a costear los gastos.
Además en las empresas admiten que, mas allá de los seguros de sepelio que ofrecen los bancos a sus clientes o de planes de financiación de hasta 36 meses con tarjeta de crédito que anuncian las funerarias mas importantes, no hay herramientas para amortizar a largo plazo el costo de morir.
Hijos de la crisis
Para transformar este escenario en una oportunidad y expandir el negocio hacia otros sectores de la sociedad una de las principales compañías del sector lanzará un sistema prepago que permitirá abonar de manera anticipada todos los gastos.
Se trata de Jardín del Pilar, sociedad controlada por capitales chilenos que administra los cementerios privados más importantes de la provincia de Buenos Aires como son Jardín de Paz, Memorial, Campanario y Gloriam, y que también presta servicios funerarios a través de las casas tradicionales como Lázaro Costa y O’Higgins, entre otras.
La empresa utilizará el mecanismo que remite casi en forma exclusiva a la telefonía móvil y que también se aplica a la TV digital, banda ancha o telefonía IP para permitir a los clientes planificar por anticipado los preparativos de un entierro.
“El sistema ya es usado en otros países como Estados Unidos, y hasta en algunas provincias argentinas y ahora los vamos a ofrecer también en nuestra zona de influencia porque hará más que accesible el servicio , explicó Daniel Veltri, gerente Comercial de Jardín del Pilar.
El ejecutivo agregó que mediante este nuevo servicio, se podrán armar diferentes paquetes para una persona o su grupo familiar, con valores que pueden rondar los $ 50 mensuales y que pueden incluir desde el sepelio, la parcela, los gastos de mantenimiento y hasta el velatorio.
Se trata, además de una manera de ampliar la base de clientes que esta empresa, hoy controlada por capitales chilenos, posee en el país y que llega a las 80.000 parcelas en sus cementerios.
“Nuestros costos han crecido fuerte y se nos ha reducido el nivel de rentabilidad porque no siempre podemos trasladar esas subas a nuestros precios, con lo cual ampliar los servicios es una buena manera de incrementar la facturación , admitió Veltri.
El empresario también aclaró que en el caso de que el titular del prepago sea quien muera, automáticamente se cancela el contrato, salvo que el resto de sus familiares estén incluidos en el servicio.