Bernard Arnault, el indiscutido magnate del lujo que controla y dirige el conglomerado francés LVMH, nunca demostró mucha afinidad con el yachting. Durante un cuarto de siglo uno de los principales pilares de su grupo, el fabricante de las carteras y artículos de marroquinería Louis Vuitton, fue el principal auspiciante de la regata más prestigiosa y más antigua del mundo: la America‘s Cup.

Pero Arnault nunca se sintió atraído por este deporte. En realidad, Louis Vuitton el año pasado puso fin a todos sus auspicios en la America’s Cup después de que el grupo francés entendió que los organizadores suizos estaban tratando de popularizar lo que durante mucho tiempo fue una de las competencias deportivas más exclusivas del mundo.

Sin embargo, Arnault ahora parece haber puesto sus pies en el agua. No sólo es el orgulloso propietario de un lujoso yate, sino que en junio también adquirió el control de uno de los fabricantes de cruceros de lujo más antiguos de Gran Bretaña, Princess Yachts. Esta semana, avanzó un paso más y compró Royal van Lent, la firma que diseña y construye a medida megayates de lujo valuados en u$s 30 millones cada uno.

La pregunta es, ¿porqué Arnault decidió agregar embarcaciones de lujo a su colección de carteras, relojes, perfumes y champaña? Se sospecha que no es simplemente debido a su repentina pasión por el mar sino porque tiene sentido comercial.

Y él no es el único. Su rival más chico, Hermés, hace sólo unos días anunció un joint venture para desarrollar proyectos innovadores con Wally, el fabricante de veleros de lujo con casa matriz en Mónaco. Y no hay que dejar de mencionar que la casa de moda italiana Prada hace años que compite en la America’s Cup con su llamativo velero Luna Rossa. Los cruceros, especialmente en el mercado de superlujo, parecen ser a prueba de recesiones.

LVMH asegura que los pedidos de yates de más de 50 metros de largo crece a un ritmo de 20% por año.

Los productos de lujo más accesibles están sintiendo cada vez más la desaceleración económica mundial ya que los consumidores de clase media están recortando gastos. En cambio, las personas muy ricas no parecen preocupadas por la situación actual y siguen consumiendo.