El secretario general de la CGT, Hugo Moyano, afirma que los salarios no provocan inflación; Héctor Méndez, de la UIA, sostiene que los aumentos salariales se han desbordado; el aumento del salarios de los porteros explica la mitad del aumento del nivel general de los precios al consumidor de junio pasado; el Ministerio de Economía le pide al de Trabajo que le “ponga el pecho a los aumentos salariales que surgen de negociaciones entre privados, y éste le contesta que minga; y Roberto Lavagna explica lo que todo el mundo conoce como el Rodrigazo, por el aumento de salarios impulsado por la CGT en respuesta al shock cambiario y tarifario (don Celestino Rodrigo estaría emocionado por este homenaje póstumo, porque sostenía que lo que verdaderamente ocurrió a mediados de 1975 fue un sindicalisazo).
¿Qué tal si en un tema tan relevante como éste, bajamos las pasiones y miramos los hechos? Primero, despejemos el campo operatorio. ¿Qué otra cosa que “los salarios no provocan inflación , puede sostener un dirigente sindical?; ¿qué otra cosa que “los aumentos salariales se han desbordado , puede sostener un dirigente empresario? No hay información en los pronunciamientos que defienden posiciones en una negociación, por lo que es estéril continuar un análisis a partir de ellos.
Los datos puntuales tampoco sirven para formular una explicación general. 2002 es un excelente ejemplo de fuertes aumentos de precios sin modificación salarial. Entre diciembre de 2001 e igual mes de 2002, el nivel general de los precios mayoristas aumentó 118 por ciento, y el de los precios al consumidor 41%. De la mano de la devaluación, por principal impulso del precio de los bienes exportables, o sustitutivos de importaciones.
Después de 2002 hay que ignorar los hechos para pretender que en la Argentina no existe un conflicto entre el tipo de cambio real y el salario real.
Al mismo tiempo el aumento salarial de los porteros es un excelente ejemplo del traslado automático, súbito y pleno, de salarios a precios. Nadie esperaba que el aumento del salario de los porteros fuera a ser absorbido por los administradores de los edificios de departamentos; por el contrario, se esperaba que fuera incluido en las expensas que abonan los copropietarios. Y como las referidas expensas integran el índice de precios al consumidor, el aumento del salario de los porteros provocó “inflación (en rigor, distribuyó los ingresos, porque el portero de mi edificio está mejor, y yo peor).
Junto a todo lo cual corresponde hacer una aclaración técnica: el análisis económico dice que los salarios tienen que ver con la productividad, pero no con la productividad física sino con el valor de la productividad, es decir, con la multiplicación de la productividad física por el precio del bien al cual se incorporan los servicios laborales.
Lo cual implica que esto de que los asalariados tienen que “olvidarse del deterioro que sufrieron sus remuneraciones reales, como consecuencia de la devaluación, y sólo en pensar en el aumento de la productividad física, lo entiendo como elemento de negociación, pero no es cierto.
¿Cuál es, entonces, la verdadera relación entre aumentos salariales e inflación? Múltiple, pero no cualquiera. Y esto no es un juego de palabras.
Puedo tener inflación sin aumento de salarios, como en 2002, pero difícilmente tenga aumentos masivos y significativos de salarios, sin que los precios se enteren. Esta es la preocupación de Lavagna, porque cuando aumentan los índices de precios, es a él a quien todos miran. ¿Por qué hay aumentos salariales “desbordados –del orden de 30%, según el testimonio que recojo entre los empleadores–? Porque la situación económica lo permite, y porque cuando llega la hora de la verdad, en materia salarial ningún funcionario quiere ser “el malo de la película .
Claro que siempre hay todo tipo de situaciones, pero las empresas hoy disfrutan un nivel de actividad y ganancias muy diferente del de 2002. Y por consiguiente, reaccionan de manera diferente a los reclamos salariales. Los asalariados, o los dirigentes sindicales, a su vez se animan hoy a reclamar, y llevar adelante, medidas de fuerza impensables en 2002. Y como digo, mucha preocupación, mucha preocupación, pero en plena época electoral nadie en este gobierno le va a poner un freno a una negociación pactada entre privados.
¿Qué tal recuperar el salario real, y reducir la tasa de inflación, dejando de comprar dólares por parte del Banco Central, para que caiga el dólar nominal? Anatema para el gobierno. Políticamente es entendible. Porque si tiene que caer el tipo de cambio real, mejor que lo haga vía aumento de salarios en pesos, aunque esto implique “inflación . Pero, agrega Lavagna, despacito, para que el aumento sistemático del nivel general de los precios no se convierta en una cuestión. ¡Animo!