Nadie puede negar que Giulio Tremonti es inteligente y que tiene inventiva. Cuando era ministro del Tesoro en el anterior gobierno de Silvio Berlusconi tuvo la idea de introducir una amnistía tributaria para convencer a los italiano a que repatríen todos sus fondos escondidos en cuentas bancarias suizas y paraísos fiscales offshore. El resultado fue tan espectacular que sorprendió hasta a Tremonti. Miles de millones regresaron a Italia, y otros países cercanos, espacialmente Alemania, decidieron seguir su ejemplo.

Tremonti volvió a su viejo cargo en la nueva administración de Berlusconi. La situación económica de Italia es aún más grave que la última vez que estuvo a cargo del Tesoro. Las finanzas del gobierno son un caos y Tremonti debe tratar de contener el déficit presupuestario. Al mismo tiempo, necesita revivir una de las economías más castigadas de la eurozona para cumplir con las promesas electorales de Berlusconi.

Por lo tanto, decidió que era el momento de actuar como Robin Hood y cobrar impuestos a los ricos para ayudar a los pobres. Quiere introducir un impuesto a las ganancias extraordinarias que graba las utilidades de las compañías energéticas y cobrar mayores gravámenes a los bancos y aseguradoras. Lo recaudado con esos nuevos impuestos se aplicará a la financiación de ayuda a las familias de bajos recursos.