La resistencia de la flamante comisión de acuerdos del Senado de la Nación a aprobar el pliego de nombramiento de la Lic. Mercedes Marcó del Pont como presidenta del Banco Central puede parecerse demasiado a un acto meramente irreflexivo, visceral, afín a formas primitivas de saldar cuentas pendientes. Sin embargo, detrás de esa fachada, lo que subyace, lo que se deja entrever es un acto de estricta racionalidad ligado a la posición que históricamente ha tomado la postulante respecto de la independencia del Banco Central, la verdadera independencia, esto es, la del poder económico y no la del poder ejecutivo. Quizás, lo que se pone en tela de juicio, sin argumentos referidos a las cualidades técnicas, son los antecedentes profesionales de la postulante que muestran una marcada posición productivista e inclusiva. Podría pensarse que su reconocida y coherente trayectoria que hubiera debido asegurarle un paso tranquilo por la comisión de acuerdos del Senado, sea en realidad aquello que, precisamente, está dificultando su aprobación.
Cabe preguntarse si el Senado no está de acuerdo con que el Banco Central, además de preservar el valor de la moneda, debe hacerlo ...“de un modo consistente con las políticas orientadas a sostener un alto nivel de actividad y asegurar el máximo empleo de los recursos humanos y materiales disponibles, en un contexto de expansión sustentable de la economía , tal como propuso en un proyecto de ley la postulante cuestionada cuando era diputada nacional. Esto es, coordinar la política monetaria y cambiaria con la política fiscal de manera de propender al crecimiento con inclusión social.
Quizás los antecedentes que el Senado vería con más agrado son los de aquellos que podrían exhibir un sesgo natural hacia una aparente independencia, que garantice la subordinación al poder económico, con currículums como los de Pedro Pou o Roque Maccarone, que no tuvieron mayores inconvenientes a la hora de ser valorados por aquellos que hoy quieren impedir el arribo de Mercedes Marco del Pont al BCRA. Paradójicamente tampoco en la segunda década infame parecía ser un tema muy estricto el de la independencia del banco central, de lo contrario sería difícil explicar que Roque Fernández haya pasado de ser presidente del BCRA a ministro de Economía sin nada que medie entre un cargo y otro. Quienes se oponen a la designación de Marco del Pont deberían, además, explicar si prefieren el ajuste para enfriar la economía con consecuencias negativas sobre el empleo y la pobreza o el sobreendeudamiento a tasas no convenientes, políticas promovidas en las épocas por ellos añoradas y que parecen ser las únicas alternativas a la iniciativa del Ejecutivo, también rechazada por ellos.
Ahora bien, aquellos que quieren poner al Banco Central a “resguardo de quienes fueron elegidos por el voto popular para encabezar el gobierno, preocupados por garantizar el valor de la moneda, deberían preguntarse si al rechazar el pliego no afectan severamente la institucionalidad, sembrando incertidumbre sobre los aspectos más elementales del funcionamiento de las instituciones.