Finn E. Kydland, un noruego nacido en 1943, y Edward C. Prescott, un estadounidense que vino al mundo en 1940, compartieron la versión 2004 del premio Nobel en economía. Para mí, principalmente por un artículo escrito en colaboración, titulado Rules rather than discretion: the inconsistency of optimal plans (Journal of political economy, 85, 3, mayo de 1977).
En Los límites del pragmatismo (Mercado, 8 de noviembre de 1979), nuestro compatriota Guillermo Calvo ejemplificó la idea de Kydland y Prescott, de manera insuperable. En sus palabras: “El padre de un alumno que quiere fumar, está muy interesado en que su hijo estudie. El padre, lógicamente, no desea que su hijo fume, pero con la preocupación que tiene de que apruebe el examen, le promete que si aprueba le permitirá fumar, desafío que el hijo acepta. En el sentido ex-ante la decisión es óptima, porque a los ojos del padre el beneficio para el hijo de aprobar el examen supera el costo de fumar, mientras que a los ojos del hijo el beneficio de fumar supera el costo de aprobar el examen. Pues bien, el hijo estudia como un loco algo que no le interesa y aprueba el examen, luego de lo cual el padre encuentra óptimo no cumplir su promesa, dado que ya consiguió su objetivo (que el hijo aprobara), y ahora piensa en los pulmones del pibe. Lo que era óptimo ex-ante deja de serlo ex-post. Hay inconsistencia temporal .
“Si la referida relación entre padre e hijo se planteara una sola vez en la vida, la revisión ex-post de la decisión ex-ante pertenecería exclusivamente al plano de la ética y no al del análisis económico. Pero cuando el padre trata de repetir sistemáticamente el esquema, la cuestión de la formación de expectativas resulta crucial. Un hijo que tenga expectativas estacionarias producirá sistemáticamente buenos resultados desde el punto de vista del padre, sin costos, por cuanto seguirá aprobando exámenes sin poder fumar nunca; mientras que un hijo con expectativas racionales, al prever el verdadero comportamiento paterno, es decir, la falta de cumplimiento de las promesas, le restará a la inconsistencia temporal todo el sentido óptimo que tenía en un marco de expectativas estacionarias (¿para qué voy a seguir estudiando, piensa el hijo, si en definitiva no podré fumar?) .
“Dándose expectativas racionales, por consiguiente, el denominado pragmatismo, es decir, la maximización del bienestar en cada período, no resulta en general la mejor de las opciones posibles para los gobernantes, porque las futuras autoridades –o las actuales, en un pronunciamiento futuro– no tienen cómo compensar el hecho de que las expectativas actuales sobre las políticas futuras ya afectan las decisiones presentes. Con expectativas racionales, por consiguiente, las reglas resultan mejor que la discrecionalidad .
Como digo, el ejemplo de Calvo es espectacular. Pero el punto que quiero enfatizar aquí, es que la cuestión de la inconsistencia temporal no es una mera curiosidad, para que los profesores nos luzcamos delante de los alumnos, sino que es una faceta lamentablemente relevante en la política económica de muchos países, por ejemplo, del nuestro.
Porque de la mano de la cuestión de la inconsistencia temporal, está la cuestión –también enfatizada por Calvo– de las amenazas o las reformas increíbles. En efecto, la idea también se aplica a los blanqueos impositivos, la edificación de casas en zonas inundables, la licuación de pasivos, etcétera.
No hay gobierno que no disponga un nuevo blanqueo de capitales, que no amenace con que se trata de la última medida al respecto. En las zonas inundables hay carteles que dicen: “Peligro de inundación. Si el agua ingresa a tu casa no te vendremos a buscar . Y luego de cada reforma financiera, se aclara que “de aquí en más los créditos que se soliciten tendrán que ser pagados “con el sudor de la frente de los deudores. Pero todo esto es creíble, en un mundo donde imperan las reglas, no en uno donde la experiencia indica que, finalmente, aparecerá la mano salvadora del Estado.
¿Cuántas veces, en materia de blanqueo impositivo, se dijo que era el último..., hasta que los hechos lo convirtieron en el anteúltimo? La gente lo sabe, como el alumno que sabe que, por mejores que sean sus notas, el padre finalmente no le permitirá fumar. ¿Usted vio a algún inundado que, finalmente, no fuera auxiliado por los bomberos, la Iglesia y las donaciones individuales? ¿Cuántas personas y empresas deudoras finalmente quebraron, y entregaron sus activos, y cuántas pudieron renegociar sus deudas, licuándose su valor real?
En la Argentina 2004 más y más la cuestión previsional no es jubilación pública versus AFJP. Es algún aporte al Estado o al sector privado, o a ninguno. Claro que las reglas dicen que si no aportás hoy, cuando seas viejito o viejita no tendrás ningún ingreso. Pero eso, en la Argentina 2004, no se lo cree nadie. Estamos delante de una regla increíble. Quienes hoy no aportan, así como quienes hoy pagamos impuestos, y los seguiremos pagando en el futuro, estamos esperando alguna decisión discrecional, a ser adoptada por la futura autoridad de turno.
Como se ve, la idea por la cual Kydland y Prescott obtuvieron el Nobel en economía 2004 es, lamentablemente, muy relevante para nosotros.
¡ nimo!