El senador John Edwards, con la oratoria que lo convirtió de hijo de un obrero pobre a un abogado millonario, dejó anoche el camino listo para que el Partido Demócrata corone al senador John Kerry como el portador de su esperanza de reconquistar la Casa Blanca.
Con su distintivo acento sureño, Edwards presentó a Kerry como un líder "decisivo y enérgico" que empuña la política del optimismo ante las acusaciones de sus rivales republicanos de que es un político indeciso y sin principios.
"Ellos están haciendo todo lo que pueden para llevar esta campaña por la oficina más alta del país a los niveles más bajos posibles", declaró Edwards, a los miles de personas aglomeradas en el FleetCenter de Boston y a los millones que siguieron su discurso por televisión.
"Ahí es donde entran ustedes (a jugar un rol). De aquí a noviembre, ustedes, el pueblo americano, pueden rechazar las políticas del odio, negativas, viejas y cansadas del pasado. En su lugar, pueden hacer suyas las políticas de la esperanza, las políticas de lo posible, porque esto es América, donde todo es posible", agregó el candidato a vicepresidente, quien el lunes visitará Miami dentro de la gira posterior a la Convención.
Tal como hizo innumerables veces en las primarias, Edwards acudió a su populista discurso de las dos Américas: "una para los que viven el sueño americano y no tienen de qué preocuparse, y la otra para los que trabajan duro y apenas [tienen dinero] para llegar al final del mes".
"No tiene por qué ser así. Podemos construir una nueva América", aseguró, ante el delirio de la audiencia.
La intervención de Edwards cerró la tercera jornada de la Convención, que hoy centrará por completo su foco en Kerry y el discurso más importante de su larga vida política.
Una vida que prácticamente empezó cuando el ahora senador de Massachusetts testificó el 22 de abril de 1971 ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado como veterano en contra de la guerra de Vietnam.
En una frase que se hizo célebre, preguntó a los senadores cómo se le pide a un hombre ser el último en morir por un error.
Treinta y tres años años después, con su servicio en Vietnam como escudo protector, el candidato ahora candidato a Presidente llegó ayer por mar a la ciudad en la que inició su carrera, y en la que se juega su futuro, acompañado de un grupo de ex camaradas con los que combatió en las patrullas fluviales por el río Mekong.
"Ni retirada, ni rendición", recalcó Kerry después de que su embarcación atracara en el muelle de la Marina de Charlestown, en la bahía de Boston. "Vamos a llevar esta lucha al país y vamos a recuperar nuestra democracia y nuestro futuro", agregó.
Kerry será presentado por otro veterano de Vietnam, el ex senador Max Cleland, quien perdió tres de sus extremidades a causa de la explosión accidental de una granada.
"Lo necesitamos como capitán de nuestro barco", afirmó Cleland el lunes a un grupo de veteranos. "Lo necesitamos para nuestra seguridad, para que puedan regresar nuestras tropas vivas y seguras", agregó.
Ese tema, el de Kerry como líder en tiempos inciertos, fue destacado por la gran parte de los oradores que ayer hablaron ante la Convención, en el mismo día en que se anunció que el candidato recibió el apoyo de 7 ex oficiales de alta graduación, entre ellos el ex jefe del Estado Mayor Conjunto, John Shalikashvili.
El senador Bob Graham, posiblemente durante su última intervención en una Convención Demócrata después de acudir a ellas durante 40 años, aseguró que ha faltado liderazgo en la guerra contra el terrorismo.
Contrario desde un principio a la guerra de Irak, por considerar que restaba esfuerzos a la lucha contra Al Qaida, el senador de la Florida aseguró que Kerry conseguirá pacificar el avispero iraquí.
"John Kerry reconoce para la victoria en la guerra contra el terrorismo se necesitan todos los recursos de los Estados Unidos: diplomáticos, económicos, de inteligencia y militares", agregó.
Pero el orador más ardiente de la noche fue el reverendo Al Sharpton, el ex candidato a la nominación presidencial demócrata, quien basó su discurso en una serie de duras acusaciones contra el presidente George W. Bush.
El popular reverendo aseguró que si Bush hubiera sido presidente hace 50 años, cuando el Tribunal Supremo ordenó la integración de las escuelas, el conservador juez afroamericano Clarence Thomas no estaría hoy en la más alta corte del país
"Esta noche estamos aquí con nuestras libertades en riesgo y nuestra seguridad como ciudadanos incierta", aseguró Sharpton. "El tema no es sólo esta elección, es la preservación de los principios en los que se fundó este país", agregó.