Texto: Jesica Mateu
De pequeño, Ernesto tenía una imaginación que manaba a borbotones, le dictaba historias inverosímiles y lo impelía a volcarlas en el papel. Hoy, a los 59, Bertani es uno de los artistas plásticos argentinos más consagrados. Figura mimada de la Galería Zurbarán, fue elegido en 2004 para intervenir el oso –símbolo escultórico de la ciudad de Berlín– en el marco de los festejos por los diez años de hermandad entre porteños y berlineses. Desde siempre, sus obras cuelgan en espacios alternativos como hoteles, restaurantes y bodegas. “La galería es un espacio muy intimidante. En general, la gente se limita a espiar desde la vereda. Por eso prefiero salir del circuito para difundir mi trabajo , apunta.
Su identidad pictórica es el realismo mágico. En su opinión, el lenguaje más apto ya que hace creíble e impactante al mensaje. “Si realizara una pintura con trazos sueltos quizás sería un cuadro muy lindo pero perdería fuerza. Con el tiempo me di cuenta de que, para mí, lo más importante es la comunicación. Y lo más eficaz para establecer esa comunicación es el realismo , sentencia. Y, luego, marca una diferencia: “Es realista el lenguaje pero lo que digo no es real . O sí, porque plasma sentimientos, emociones, sensaciones, situaciones y conflictos propios de las relaciones interpersonales, especialmente las amorosas. “Desde la época de las cavernas, los hombres han representado los elementos de la realidad, pero también siempre han agregado los aspectos mágicos, inexplicables y misteriosos de la vida , pondera.
Bertani incluso va más allá y asegura que con la plástica es posible dar testimonio de una época con mayor profundidad y compromiso que con la fotografía o el cine, justamente porque “la mirada subjetiva magnifica .
Como cuando era un niño y dibujaba casi compulsivamente, Ernesto Bertani no deja de elucubrar proyectos nuevos, obras sucesivas. De manera constante realiza bocetos y diseña automáticamente en cuanto surge la pulsión artística. “Mi proceso de trabajo tiene más que ver con el diseño que con la pintura. Yo no pinto directamente sobre la tela sino que diseño primero. A veces me pasa que es más lo que pienso que lo que físicamente puedo realizar porque el tiempo que me demanda concretar una obra es de aproximadamente 20 días. Mientras tanto, sigo pensando y se me ocurren variantes que anoto. El día que me muera quedarán miles de bocetos sin hacer , conjetura.
Actualmente está en pleno desarrollo de una serie que tiene conexión con el concepto del otro yo. “Creo que es un momento de mucha hipocresía, de aparentar ser alguien que uno no es. Recordé que, cuando era chico, había una historieta en el diario que se titulaba El otro yo del doctor Merengue. Era un abogado muy conservador, formal e impecable del que se desprendía una especie de fantasma que mostraba su pensamiento e intención paralelas. Tomé ese tema como motor de un conjunto de obras que espero concluir pronto , adelanta. Otro de los trabajos que ocupan la atención de Bertani, desde hace dos años, son obras de siete metros que, además de impactar por el realismo, resultan imponentes por su formato.
El país en serie
Se sabe que la vida está repleta de piezas que, como en un rompecabezas, se reubican y transforman la visión del conjunto. O el todo mismo. Lo cierto es que, a veces, esos momentos pueden reconocerse e identificarse. Bertani asume que siempre trabajó en series “que estaban relacionadas con lo que pasaba en ese momento . Así, durante la última dictadura militar, abordó el tema de la tortura de manera explícita: pintaba personajes atados con alambres de púa o cadenas. La censura existía, claro, pero concentraba su rigor en expresiones más populares como el teatro, la música o el cine. Con la llegada de la democracia, la producción de Bertani se volvió más sutil y metafórica.
Hoy, lo textil es omnipresente en sus creaciones: el jersey, la gasa y el lamé son algunos de los géneros que utiliza aunque, en los últimos tiempos, se animó a cambiar el puro lienzo por el tapizado con motivos florales. Estos soportes le permitieron abordar el tema de la identidad del hombre urbano a partir de su vestimenta. “Lo que pesa cada vez más es la imagen, que tiene que ver con el boom mediático. Los políticos, por ejemplo, hace 50 años se vestían con un traje serio y una corbata sobria. Nadie sabía cómo eran sus casas, qué autos usaban ni con qué actriz se relacionaban. El político era a partir de sus ideas y discursos.
Con el desarrollo de los medios, llegaron los asesores de imagen , considera quien realizó una serie de pinturas donde cuestionaba la ostentación a partir del desarrollo de corbatas no tradicionales, con dibujos de flores u ositos de peluche, en sus cuadros. En Mujeres, una de sus series más recientes, también se hace presente el uso de las telas: se trata de cuerpos femeninos iguales y sin rostro, que apenas difieren entre sí por su vestimenta. En tanto, la colección Banderas surgió en 1991, a partir de la primera oleada privatizadora. “Fue una reflexión acerca del deterioro de la identidad y de la soberanía Me metí con la bandera porque siempre se presenta perfecta, impecable, se dice que no se puede lavar ni arrugar. Y sentí que, en ese momento, estábamos entregando nuestro patrimonio . Por ello, realizó un conjunto de obras que mostraban al símbolo patrio quemado, roto o desgarrado. Una metáfora que resignificó en la crisis de 2001.
El país en serie
Conquistar el camino que transita en estos días no fue fácil ni directo para Bertani. Un sinfín de escollos y atajos lo llevaron hasta la meta. Con la hipótesis de que la carrera de Arquitectura era una alternativa para dar rienda suelta a su vocación por el diseño, intentó seguir los pasos de su hermano mayor. “Pero cuando entré en la universidad y me choqué con matemáticas y física, fui un desastre absoluto.
Era el que mejor dibujaba pero nunca aprobé matemáticas, aunque la rendí cinco veces , recuerda. Abandonó las aulas y su derrotero lo llevó a diseñar e instalar vidrieras, comercializar sus propias velas artesanales, realizar diseños para publicidad, crear una marca de indumentaria infantil y alcanzar un efímero éxito en los ‘70 de la mano de una colección de muñecos pintados a mano. “Siempre digo que me salvó el Rodrigazo porque me fundí. En ese momento estaba muy establecido en el negocio de muñecos y de ropa para chicos, incluso exportaba.
Es decir, tenía un rol empresario que me quitaba tiempo para la pintura. Mi proyecto de vida era tener casa propia y taller, contar con cierto resguardo económico para dedicarme a la pintura sin tantos sobresaltos. De pronto, en seis meses, no se vendió ni un muñeco: tuve que rematar el departamento, dos autos e indemnizar a mis empleados. Me quedé sin un peso. Y comprendí que en este país es imposible planificar a largo plazo. Así decidí que, si iba a tener problemas y a pasar necesidades, era preferible que fuera mientras hacía lo que me gustaba . Así, con una energía renovada a pesar de la crisis, comenzó a asistir al taller de esculturas de Leonardo Domínguez y tomó clases de dibujo con Víctor Chab para perfeccionarse. Y, luego de participar de muestras grupales, logró concretar su primera exposición individual en 1977. Desde entonces no cesó de exhibir sus obras, de ganar premios, de convertirse en el niño mimado de galeristas y coleccionistas. Por último, reconoce que no siente pasión por ninguna actividad más allá del arte de pintar. “No soy fanático de nada. Me interesa todo pero nada demasiado. No compro discos, ni libros de arte, no voy a exposiciones, ni al cine. En parte porque vivo en una casa-quinta, algo alejado del circuito. Pero, fundamentalmente, porque me irrita estar obligado a ir, ver o hacer determinadas cosas para ser considerado un intelectual. Soy, simplemente, un tipo que hace .