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Después de haber alcanzado en julio algunos de los niveles más bajos de la gestión de Javier Milei, el riesgo país retomó la tendencia alcista y volvió a superar los 500 puntos básicos, en un contexto de mayor incertidumbre local y tasas más altas en Estados Unidos.
En la última rueda hábil del mes, el indicador se ubicó en 512 puntos básicos. De esta manera, acumuló un incremento de 82 puntos durante agosto, equivalente a una suba del 19,1%.
La presión sobre el riesgo país se explica, en buena medida, por la caída de los bonos soberanos en dólares. En lo que va del mes, los Bonares fueron los más castigados, con bajas de hasta 6,5% en algunos casos, mientras que los Globales también profundizaron las pérdidas en las últimas ruedas.
Ante este escenario, los especialistas coinciden en que es momento de revisar la composición de las carteras y evaluar cuánto riesgo argentino se está dispuesto a asumir.
Para Gastón Lentini, asesor financiero y fundador de Doctos de Tus Finanzas, el escenario actual exige prudencia. “Sugeriría exponerse lo mínimo posible al riesgo argentino”, sostuvo en diálogo con El Cronista.
Qué está pasando con el riesgo país y por qué importa
El riesgo país refleja el rendimiento adicional que exigen los inversores para prestarle dinero a la Argentina. Cuando sube, generalmente implica que el mercado percibe una mayor incertidumbre sobre la capacidad o voluntad de pago del país.

Para Nahuel Bernués, asesor financiero, la evolución de este indicador está estrechamente vinculada con las expectativas políticas y económicas que descuenta el mercado.
“Las elecciones mueven las expectativas sobre el régimen económico que viene. El efecto en precios es producto de esas expectativas, que en la incertidumbre de un escenario electoral se vuelven mucho más sensibles”, explicó.
Según el especialista, la deuda soberana en dólares es uno de los principales canales por los cuales se transmite esa incertidumbre, ya que el riesgo país refleja “cuánta continuidad descuenta el mercado” respecto del programa económico actual.
Además, recordó que los mercados suelen anticiparse a los acontecimientos. “Lo que pocos tienen en cuenta es que el mercado descuenta antes; para cuando llega la fecha, el precio ya incorpora un escenario probable”, señaló.
Cómo puede afectar a la cartera de los inversores
Una de las principales consecuencias de un riesgo país elevado es que incrementa la volatilidad de los activos locales. Los bonos soberanos suelen ser los primeros en sentir el impacto, pero también puede trasladarse a las acciones argentinas, aunque con diferencias entre sectores.

Bernués destacó que no todas las compañías reaccionan de la misma forma a los cambios en las expectativas políticas. Mientras los bancos y las empresas reguladas suelen cargar con gran parte del riesgo político, las compañías exportadoras o aquellas que generan ingresos en dólares suelen mostrar una mayor resiliencia.
En este contexto, el especialista considera que la base de una cartera defensiva debería construirse con activos que no dependan directamente del escenario argentino. “La primera capa que realmente hace que la cartera resista es la que no depende del resultado local: dólares líquidos, renta fija global y equity internacional diversificado vía Cedears”, sostuvo.
Según explicó, esta porción de la cartera debería representar el componente principal para los perfiles más conservadores, mientras que quienes tengan una mayor tolerancia al riesgo pueden reducir su peso para incorporar otras alternativas.
Qué posiciones recomiendan tomar con el riesgo país arriba de 500 puntos
Para Lentini, la primera recomendación para quienes están armando una cartera es mantener una exposición limitada al riesgo argentino.
El especialista considera que, pese a que existen compañías con perspectivas favorables hacia adelante, la renta variable local ofrece hoy una relación riesgo-retorno menos atractiva que en otros momentos.
“Si bien hay empresas que gane quien gane en 2027 van a seguir teniendo buenos resultados como puede ser YPF, Pampa o las empresas vinculadas al sector de gas, considero que con un riesgo país de arriba de 500 puntos la renta variable tiene poco por darnos”, señaló.

Donde sí encuentra oportunidades es en determinados segmentos de la renta fija. En particular, destaca los bonos soberanos en dólares de vencimientos más cortos. “Creo que hay algunas alternativas en bonos soberanos rindiendo casi 10% que pueden ser interesantes, sobre todo en bonos dolarizados cortos como los que vencen en 2028”, explicó.
Lentini argumenta que, mirando el mediano y largo plazo, incluso ante un eventual cambio de gobierno en 2027, las cuentas externas lucen lo suficientemente sólidas como para afrontar los compromisos financieros.
A su vez, Bernués sugiere complementar esa estrategia con obligaciones negociables emitidas por compañías de primera línea.
“La segunda capa es cobertura cambiaria con riesgo corporativo, no soberano: ONs en dólares de empresas de primera calidad crediticia que generan divisas de verdad”, indicó.
Entre los sectores que menciona aparecen energía, oil & gas y agro, compañías que cuentan con ingresos vinculados a las exportaciones y menor dependencia de la dinámica política local.
Qué hacer si el riesgo país vuelve a bajar
Una eventual mejora del contexto también requiere una estrategia definida. Lentini advierte que muchos inversores cometen el error de mantener indefinidamente posiciones que ya capturaron la mayor parte de la ganancia potencial.
“Debemos tener cuidado también, ya que en el momento en que el riesgo país comprime a 400 puntos, hay bonos que terminan rindiendo cerca de 3% y eso nos da un momento y una ventana excelente para pensar en desarmar esas posiciones”, explicó.
En consecuencia, puede resultar conveniente tomar ganancias y reasignar capital hacia alternativas con mejor relación entre riesgo y retorno. “Sobre todo considerando que un bono del Tesoro americano rinde 4,5%”, agregó el asesor.





