Aún recuperándose de un desastroso matrimonio, es entendible que los accionistas de AOL se muestren cautos de los cantos de las sirenas.

Sin embargo, para una compañía que ha decidido que el contenido es lo que manda, Arianna Huffington, la reina de los medios de comunicación online, parece ser un buen partido.

Es como una inversión de roles del compromiso matrimonial con Time Warner una década atrás.

En aquel entonces AOL era más joven, un compañero más dinámico. Aunque comprando y vendiendo furiosamente activos de la Web, los ingresos de AOL el último trimestre fueron casi 40% inferiores, comparado con el mismo período en 2008, justo antes de que fuese escindido.

En el último trimestre se produjo una caída anual todavía más profunda en los ingresos por publicidad que en los suscriptores. (Créalo o no aún hay 3,8 millones de personas que pagan u$s 18 mensuales a AOL por tener acceso a Internet).

Huffington Post, mientras tanto, ha florecido desde que fue fundado en 2005.

Si Huffington puede arreglar las dispares propiedades web de AOL y convertirlas en un todo rentable, homogéneo y coherente, la dote de u$s 315 millones habrá valido la pena. Aún ahora, el acuerdo parece bastante sobrio para los estándares de una empresa famosa por pagar de más. Los visitantes mensuales de Huffington Post, casi 25 millones, elevarán en 25% el total de visitantes de AOL.

AOL estima que Huffington Post generará u$s 50 millones de ingresos este año.

La capacidad de Arianna Huffington de crear contenidos baratos y rentables sugiere que la estrategia está funcionando. Pero para los accionistas de una compañía asociada a la fusión de mayor destrucción de valor de todos los tiempos, el nerviosismo en el altar es natural.