Cuando en 2005 Arianna Huffington lanzó The Huffington Post -un sitio web de noticias, análisis y estilo de vida- los críticos lo descartaron diciendo que estaba condenado desde el inicio. "La Madonna de la política mediática ha sufrido demasiadas reinvenciones", dijo Nikki Finke, la ácida bloggera especializada en temas de Hollywood.
Y era cierto que Huffington había desempeñado ya muchos roles: celebridad internacional, autora de best-seller, candidata a gobernadora de California y comentarista política de la derecha, y también de la izquierda.
Este último emprendimiento, presentado como un blog para ella y sus amigos famosos, parecía poco sólido. Hasta sus aliados se mostraron escépticos. "Parecía una idea interesante, pero de concreción no muy probable", dijo Bill Hillsman, que manejó las comunicaciones para su campaña por la gobernación, en 2003, y escribe para el HuffPo.
Sin embargo, seis años más tarde, a Huffington se la ve más cómoda que nunca en el centro de la escena. Con la venta del HuffPo a AOL por u$s 315 millones, confirmó su valía a la hora de hacer negocios y de formar tendencias, y ahora asumirá el control editorial de una amplia colección de propiedades online, desde el influyente blog TechCrunch a la homepage de AOL.
La operación es un símbolo de lo que muchos están llamando la nueva burbuja puntocom, y también representa la suma más alta pagada hasta ahora por un blog. Pero ahora Huffington tiene que concretar la mayor reinvención de todas: tiene que ayudar a revivir a AOL.
Esta pelirroja de 60 años será la cara de este imperio en expansión cuyo centro espiritual será el HuffPo, que ya tiene 25 millones de lectores mensuales y 440 millones de páginas vistas al mes.
El sitio web es un rejunte de ideas e influencias diferentes, en lo que se parece bastante a la carrera de su fundadora. Nacida en Grecia como Arianna Stassinopoulos, se instaló en Gran Bretaña a los 16 años, estudió economía en la Universidad de Cambridge y durante un período se la veía con frecuencia en las páginas de chimentos. De la misma manera, en HuffPo coexisten los artículos de investigación, la crítica cultural y los chismes sobre las celebridades. Aunque esto no siempre es coherente, refleja la personalidad de Huffington, quien escribió libros sobre temas que van desde Picasso a la política y se casó en Estados Unidos con un petrolero republicano, Michael Huffington, con el que tuvo dos hijas antes de divorciarse y convertirse en una defensora del Partido Demócrata.
"Una de las razones por las que ha tenido tanto éxito es que está dispuesta a cambiar de idea. Quiere que haya opiniones diversas", señala una persona que trabaja con ella desde hace tiempo. Huffington, que en algún momento fue muy crítica de Bill Clinton, después apoyó al demócrata John Kerry como candidato presidencial.
Sus admiradores consideran esto una señal de astucia. Es tremendamente inteligente. A veces la gente pasa eso por alto, señaló Hillsman. Todos lo que la conocen dicen que, además, es muy consciente de cómo la ven los demás; tiene alertas en Google para leer todo lo que se dice de ella y de su sitio.
Un momento especial para ella fue el primer día en que una nota de HuffPo fue usada como referencia en un artículos del New York Times. Fue como alcanzar la mayoría de edad. Eso de que nuestra nota original estuviera dando forma a lo que se dice en el país, le dijo Huffington al Financial Times.
Que busque ser ratificada por The New York Times tiene su ironía. A HuffPo se lo acusa de usar el trabajo de los medios tradicionales (mientras simultáneamente acelera su desaparición), ya que gran parte del tráfico en el sitio deriva del resumen de notas publicadas originalmente en diarios y revistas. Pero el hecho de que el HuffPo sea esencialmente una publicación que hace referencias a lo aparecido en otros medios no debe sorprender, considerando cómo es su fundadora.
Las cualidades que la definen, incluyendo el encanto y la intensidad, convirtieron su negocio en un éxito; pero, como administradora, sus antecedentes son menos parejos. Es impetuosa; no tiene mucho control sobre sus impulsos, comentó un empleado. Esto quedó en evidencia el año pasado, cuando anunció en The Daily Show with Jon Stewart, un show de televisión que parodia los programas de noticias, que HuffPo ofrecía ómnibus para llevar gratis de Nueva York a Washington a la gente que quisiera participar de la marcha Por la cordura", organizada por Stewart, el comediante y productor.
Huffington le dijo al FT que la idea se le ocurrió mientras estaba en el aire, pero lo que no anticipó fue que 10.000 personas iban a aceptar la oferta, lo que demandó 300 ómnibus y u$s 250.000 en aportes de sponsors.
Los que conocen su espontaneidad opinan que esto puede hacerle difícil adaptarse a AOL, que tiene una cultura sorprendentemente burocrática para tratarse de una compañía digital.
En realidad, ya había tensiones internas en HuffPo antes de la venta. Gente del área administrativa quería que la compañía comenzara a cotizar en bolsa, pero los que lo respaldaban financieramente buscaban una salida limpia. o tratábamos vender la compañía, pero cuando Tim Armstrong (CEO de AOL) se presentó, la oferta tenía sentido, comentó Huffington. Dado que AOL está pagando la asombrosa proporción de 10 veces la facturación de HuffPo, que llega a u$s 31 millones, hubiera sido muy difícil que ella dijera que no.
Huffington salió muy bien parada de la operación y puso el broche de oro a un logro singular en su ya notable carrera. Aunque concede que editar AOL no es lo que planeaba hacer cuando estaba en Cambridge. "El blogging ni siquiera se había inventado. Me convertí en escritora por accidente". Esta última es una típica frase al estilo Arianna, que sugiere que su carrera ha sido una aventura feliz. Pero demostrar que HuffPo, y su propia personalidad desmesurada, realmente valen una pequeña fortuna requerirá un poco más: un éxito meditado y medible.
