

Cada vez cuesta más encontrar un comercio de barrio que aguante generación tras generación. La producción a gran escala, la inmediatez y la competencia de las grandes productoras han ido opacando a los comercios locales que llevaban décadas abriendo la persiana cada madrugada. Sobrevivir casi un siglo, en ese contexto, es una rareza.
La Flor de Castilla lo ha conseguido. Fundada en 1932, la panadería y repostería artesana cumple 93 años y sigue en manos de la misma familia, ahora con la cuarta generación ya incorporada al obrador. Sus dulces tradicionales, como las rosquillas de palo, el bollo de aceite o la pasta de yema, son su seña de identidad.
María Teresa Santamaría es la actual gerente de la empresa familiar. “Para nosotros, el equipo va mucho más allá de lo profesional. Somos una gran familia en la que el compromiso, la confianza y el cariño por el trabajo bien hecho se han ido construyendo con el paso de los años”, afirma en un reportaje realizado por El Español.

La historia de la panadería española con más de 90 años
El negocio abrió sus puertas de la mano de Leoncia Ruiz Barrientos, abuela de los actuales propietarios, en un pequeño local que pronto se convirtió en referencia. En la década de los cincuenta tomó el relevo la segunda generación.
“Ellos consolidaron el negocio añadiendo la elaboración y venta de repostería, puesto que hasta este momento La Flor de Castilla solo se dedicaba a la fabricación y venta de pan”, explica María Teresa. Fue el paso que convirtió una panadería en la confitería que hoy conocen sus clientes.
La tercera generación tomó el testigo en los años noventa, con la jubilación de la madre. Hoy la sociedad pertenece a cuatro hermanos, Antonio, José María, Carlos y la propia María Teresa, de los seis que llegaron a formar parte de ella.
La gerente, de 58 años, resume su papel como una labor de custodia. “Mi labor consiste en cuidar un legado que otros construyeron antes que nosotros y prepararlo para quienes vendrán después”, afirma.
¿Por qué la actual generación a cargo de la panadería es un orgullo para su historia?
En un momento en el que tantos comercios familiares desaparecen por falta de relevo, la continuidad es el mayor motivo de satisfacción. La cuarta generación ya trabaja en el negocio: un sobrino en el obrador y la hija de la gerente, que compagina el obrador con la tienda online y el marketing.
“Lo que más ilusión nos hace es saber que ya existe una cuarta generación que ha decidido seguir este camino. En un momento en el que tantos comercios familiares desaparecen por falta de relevo, para nosotros es una enorme satisfacción comprobar que esta historia tiene futuro”, señala.
¿Qué dulces artesanos ofrece La Flor de Castilla?
Todos los productos se elaboran de forma artesanal, algo que la casa reivindica como su mayor compromiso. “En un momento en el que muchos procesos se han industrializado, nosotros seguimos apostando por la elaboración artesanal”, sostiene la gerente.
Entre los más demandados están los bollos de aceite y las rosquillas de palo. La panadería trabaja con productos de cercanía y vende buena parte de sus dulces al peso, con precios que van desde un euro hasta los 35 por kilo, además de envíos a toda España desde su tienda online.
Qué futuro le espera al negocio
Vivir del obrador es posible, aunque cuesta mantenerlo, con jornadas que empiezan de madrugada los 365 días del año. Para la familia, el éxito no se mide en la facturación de un mes, sino en seguir levantando la persiana casi un siglo después.
“Nuestro mayor deseo no es convertirnos en una empresa más grande, sino seguir siendo La Flor de Castilla”, concluye María Teresa.














