

En los últimos años, las freidoras de aire se convirtieron en un electrodoméstico omnipresente en las cocinas de todo el mundo. Prometidas como una alternativa más saludable y limpia frente a las frituras tradicionales, muchos consumidores creen que reducen no solo calorías y grasas, sino también emisiones nocivas durante la cocción.
Sin embargo, un conjunto de investigaciones recientes plantea una discusión más compleja: aunque estos aparatos emiten menos contaminantes en comparación con otros métodos de fritura, su impacto sobre la calidad del aire en la vivienda y posibles efectos a largo plazo aún merece atención y cuidado.

Qué dice la ciencia sobre la calidad del aire y cocinar con freidora de aire
Un estudio de la Universidad de Birmingham, publicado en la revista ES&T Air, encontró que las freidoras de aire generan niveles considerablemente menores de compuestos orgánicos volátiles (COV) y partículas ultrafinas que la fritura convencional y otros métodos de cocción con aceite. En algunos casos, las emisiones fueron entre 10 y 100 veces menores que las de una fritura tradicional en sartén o en freidora con aceite profundo.
Los compuestos orgánicos volátiles son sustancias que se liberan como gases de ciertos alimentos al cocinarse y se asocian con irritación respiratoria, dolores de cabeza y otros efectos en la salud cuando sus niveles son elevados en espacios cerrados.
Además, la medición de materia particulada (partículas diminutas que pueden penetrar en los pulmones y el torrente sanguíneo) mostró que mientras métodos como la fritura en sartén pueden elevar estas partículas de forma significativa, la freidora de aire registró concentraciones mucho más bajas.
Este hallazgo es importante porque la calidad del aire interior se considera clave para la salud de quienes pasan la mayor parte del tiempo dentro de casa, donde los contaminantes pueden acumularse más fácilmente que en espacios abiertos.
El papel de la limpieza y el uso frecuente
Aunque los beneficios para reducir emisiones al cocinar con freidora de aire parecen claros en comparación con otros métodos, los investigadores también advierten de un factor importante: la limpieza y el estado del electrodoméstico.
Pruebas realizadas con freidoras usadas más de 70 veces sin una limpieza profunda arrojaron un incremento del 23% en las emisiones de COV y más del doble de partículas ultrafinas en comparación con unidades más nuevas o bien mantenidas. Esta diferencia se atribuye a residuos de alimentos y grasa que se acumulan en zonas difíciles de limpiar, y que pueden liberar contaminantes incluso cuando la freidora no está cocinando activamente.
Esto enfatiza que, más allá de elegir un método de cocción, el mantenimiento del aparato y la higiene en la cocina son factores clave para preservar un aire más limpio en el hogar.
Y aunque muchos medios destacan las ventajas de cocinar con menos aceite y en un entorno mecanizado y cerrado, que por diseño limita la liberación de partícula, esto no exime de cuidar el resto de las prácticas culinarias y de ventilación del espacio doméstico para evitar acumulación de contaminantes.
Consejos prácticos para cuidar el aire de tu cocina
Los especialistas en salud ambiental y calidad del aire recomiendan no depender exclusivamente del electrodoméstico para mantener un ambiente saludable en la cocina. Abrir ventanas mientras se cocina, usar campanas extractoras y asegurar una ventilación adecuada son medidas sencillas que ayudan a dispersar contaminantes y mejorar la calidad del aire interior.
Además, si bien las freidoras de aire parecen producir menos emisiones nocivas que la fritura tradicional, no están exentas de liberar partículas y compuestos cuando se utilizan en exceso o con alta grasa en los alimentos. Cocinar con temperaturas moderadas, limpiar los restos de comida y grasa después de cada uso, y alternar métodos de cocción pueden reducir aún más el impacto sobre el aire que respiramos en casa.

Este panorama muestra que el debate sobre las freidoras de aire y la calidad del aire en el hogar va más allá de un simple “sí o no”: se trata de comprender cómo nuestras decisiones culinarias diarias y hábitos de uso de electrodomésticos influyen en el ambiente donde vivimos, trabajamos y descansamos.
La ciencia apunta a que existe un beneficio comparativo al usar estos aparatos, pero también a que ningún método es completamente inocuo sin prácticas adecuadas de higiene y ventilación.











