La política argentina dejó de discutirse exclusivamente en el Congreso, en los partidos o en los medios tradicionales. Una parte creciente del conflicto se trasladó a las redes sociales, donde la velocidad, la simplificación del mensaje y la confrontación directa moldean nuevas formas de intervención pública. Allí, lejos de la deliberación clásica, el impacto se mide en reacciones, compartidos y viralización.
En ese terreno, el oficialismo encontró una zona de confort. La lógica fragmentaria de las redes, donde prevalece el individuo por sobre la organización colectiva, dialoga, a su vez, con una narrativa que, en ocasiones, ha hecho del antiestatismo y la confrontación su marca central. La política digital se volvió una extensión del estilo presidencial, con voceros informales que actuan sin mediaciones.
No se trata solo de amplificar mensajes, sino de instalar climas de época, señalar enemigos y ordenar la conversación pública.
Ese esquema mostró su cara más visible en episodios recientes, como la ofensiva digital contra el empresario Javier Madanes Quintanilla tras el cierre de la planta de Fate. Allí, cuentas alineadas con el oficialismo desplegaron una narrativa coordinada que combinó descalificación política y cuestionamientos económicos. La intervención no pasó desapercibida: incluso el propio Presidente replicó mensajes.
En ese contexto, un relevamiento del ecosistema digital realizado por Qsocial pone números a esa dinámica que muestra, entre otras cosas, una asimetría marcada entre oficialismo y oposición en capacidad de movilización digital.
El ranking de influencers políticos confirma esa diferencia. Del lado oficialista, los tres primeros nombres se despegan con claridad del resto en volumen de acciones acumuladas. Encabeza la lista “Mate con Mote”, con más de 10,7 millones de interacciones, seguido por “Agarrá la pala” (8,1 millones) y “El Buni” (6,4 millones). La distancia con el resto de los perfiles resulta significativa.
Detrás de esos nombres hay perfiles con distintos niveles de profesionalización. Christopher Marchesini, conocido como “Mate con Mote”, es un youtuber y creador de contenido libertario que construyó su audiencia a partir de análisis políticos, económicos y sociales alineados con el ideario oficialista.
En tanto, “Agarrá la pala” funciona como un medio digital con fuerte despliegue en TikTok, Instagram y YouTube, donde combina producción sistemática de contenidos con lógica de viralización.
Más opaca es la identidad de “El Buni”, una cuenta que ganó centralidad en el ecosistema libertario por su capacidad de amplificación y circulación de piezas de alto impacto. Se le atribuye la difusión del video falso en el que una imagen de Mauricio Macri manipulada con inteligencia artificial anunciaba el retiro de la candidatura porteña de Silvia Lospennato y el llamado a los adherentes del PRO para que voten al vocero Manuel Adorni, en las legislativas porteñas de 2025.
Detrás del podio aparecen cuentas con fuerte presencia en la militancia digital libertaria, como “El Trumpista”, seudónimo detrás del cual opera Luciano Cabrera, un tuitero uruguayo que desde la red social X se convirtió en uno de los principales difusores del ideario de Javier Milei. Es conocido por sus intervenciones agresivas contra dirigentes opositores. “El Peluca Milei”, en tanto, es una de las tantas identidades que orbitan en torno a la figura presidencial. También figuran espacios como “La Derecha Diario” o “Neura Media”, que combinan producción de contenido con amplificación política.
Entre esos nombres destaca Daniel Parisini, sexto en el ranking, más conocido como “Gordo Dan”, uno de los articuladores más visibles del ecosistema libertario. Su participación en controversias públicas, como el cruce con el senador Luis Juez, lo convirtió en un actor incómodo incluso para aliados del Gobierno. Ese doble filo —capacidad de movilización y riesgo reputacional— sintetiza el rol de estos influencers.
Los tuiteros opositores: quién lidera
En la vereda opositora, el panorama es distinto. El liderazgo lo ocupó “TUGO News”, con 2,29 millones de acciones, seguido por “Revista Sudestada” (1,97 millones) y “Gelatina” (1,52 millones). A diferencia del oficialismo, la curva dentro del ranking desciende de manera más gradual, sin picos dominantes.
Allí aparecieron perfiles con distintos niveles de reconocimiento. “El Profe Romero” se consolidó como uno de los divulgadores críticos del Gobierno, con fuerte presencia pedagógica en redes. “Arrepentidos de Milei” capitalizó el desencanto de sectores que habían apoyado al oficialismo. “Peronista de Perón” mantuvo una narrativa identitaria clásica dentro del universo justicialista.
También figura Julia Strada, diputada nacional. Su presencia en el ranking muestra que algunos dirigentes lograron adaptarse al lenguaje digital, aunque sin alcanzar la masividad de los perfiles oficialistas.
El informe destaca que, mientras el oficialismo concentra su estrategia en la estigmatización del adversario, la oposición prioriza la coyuntura económica y social, con énfasis en la denuncia de las políticas públicas. Esa diferencia de enfoque impacta en los niveles de interacción.
La brecha no solo se explica por los contenidos, sino también por la estructura. Según el relevamiento, el oficialismo opera con “comunidades organizadas, inversión en pauta digital y procesos automatizados”, lo que potencia su alcance. La oposición, en cambio, muestra una dinámica más dispersa.
Más allá del ranking, el estudio describe un ecosistema atravesado por la polarización. La conversación digital de este ultimo reporte se estructuró en torno a la reforma laboral, interpretada por el oficialismo como “liberación productiva” y por la oposición como una “quita de derechos brutal”. Esa tensión atravesó tanto los discursos políticos como la intervención de los influencers.
En paralelo, la internacionalización de la agenda —con conflictos en Medio Oriente y tensiones geopolíticas— también permeó el debate local, aunque con menor intensidad que los temas domésticos.
El relevamiento forma parte del informe “Panorama político digital” correspondiente a febrero de 2026. El trabajo analiza interacciones en redes sociales —incluyendo “me gusta”, comentarios, compartidos y guardados— y construye rankings a partir del volumen total de acciones acumuladas por cuenta.
El universo incluyó plataformas como X, TikTok y Facebook, con foco en cuentas de contenido político. La medición consideró tanto perfiles individuales como medios digitales y espacios de streaming.
Las tendencias de agenda, sentimientos y trascendencia comunicativa
El trabajo también evaluó tendencias de agenda, sentimiento en menciones y niveles de trascendencia comunicativa, entendida como la relación entre publicaciones e interacciones.
En ese marco, las tendencias de agenda mostraron picos muy definidos. La reforma laboral concentró la mayor atención, con momentos de alta intensidad coincidentes con su tratamiento legislativo y aprobación. También emergieron otros temas con fuerte tracción digital, como el conflicto en Irán, el debate sobre inflación y el impacto del cierre de fábricas, que funcionaron como disparadores emocionales en la conversación pública.
En paralelo, el análisis de sentimiento en medios tradicionales ubicó a dirigentes oficialistas como Patricia Bullrich, Manuel Adorni y Luis Petri entre los mejor valorados, mientras que figuras opositoras como Axel Kicillof, Claudio “Chiqui” Tapia y Juliana Di Tullio concentraron mayores niveles de negatividad, en muchos casos asociados a conflictos políticos y mediáticos específicos.
Otro indicador relevante fue la llamada “trascendencia comunicativa”, que mide el impacto promedio de cada publicación. Allí, Myriam Bregman logró niveles de eficacia superiores al presidente Javier Milei durante el período analizado, lo que muestra que, aunque el oficialismo dominó el volumen total de la conversación, algunos referentes opositores comenzaron a disputar la calidad del engagement en segmentos puntuales del ecosistema digital.