El campo llega al tramo final del año con un récord de comercialización por 105 millones de toneladas y una capacidad de generación de dólares que contrasta con la todavía débil reactivación de buena parte de la economía.
Aunque Luis Caputo se mostró confiado en que la construcción empujará los indicadores de actividad y volvió a poner el foco en la baja de la inflación, el rol del campo -junto a la energía y minería- continúa ocupando un rol central en la economía.
El potencial aparece con claridad en el último informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) donde se destaca que la campaña 2025/26 ya alcanzó un récord de toneladas comercializadas entre soja, maíz, trigo, sorgo y girasol.
El volumen está 25% por encima del promedio de los últimos cinco años y casi 6 millones de toneladas por encima del máximo anterior.
La novedad es que, aun después de ese ritmo récord de negocios, quedan 41 millones de toneladas por vender, incluso descontando el uso previsto como semilla.
Los dólares que todavía pueden entrar
La magnitud de las toneladas pendientes adquiere relevancia cuando se la cruza con la proyección de divisas. La BCR estima que el agro generará u$s 35.200 millones durante 2026 y calcula que, entre septiembre y diciembre, el flujo de divisas al Mercado Libre de Cambios alcanzará u$s 12.160 millones.
El monto proyectado para el último cuatrimestre supera los registros de los años previos, con excepción de 2022, cuando los precios internacionales estuvieron excepcionalmente elevados por la guerra entre Rusia y Ucrania.
Si bien no todas las toneladas tienen como destino la exportación, ambos datos muestran la dimensión del flujo que todavía puede aportar el agro en los próximos meses.
El ritmo de ventas, además, se aceleró. En las cinco semanas hasta el 7 de octubre se comercializaron cerca de 5,1 millones de toneladas de maíz, casi el doble de lo habitual para ese momento del año. Si se suman las fijaciones de precios sobre contratos anteriores, en ese período se puso precio a más de 6,2 millones de toneladas del cereal.
La soja también muestra una aceleración. El porcentaje de compras con precio firme pasó de 63% a casi 80%, mientras que el valor del poroto llegó a unos u$s 371,3 por tonelada, casi u$s 30 más que a comienzos de agosto.
Cuánto ya ingresó en 2026
Los datos de CIARA-CEC permiten observar el flujo efectivo de divisas del complejo oleaginoso-cerealero. En septiembre, las empresas del sector liquidaron u$s 3228 millones, un 17% más que en agosto. Con ese resultado, el acumulado de enero a septiembre alcanzó u$s 22.275 millones. Septiembre quedó, además, como el tercer mejor registro para ese mes en los 25 años de la serie.
El resultado de septiembre estuvo impulsado por el mayor ritmo de ventas de maíz de los productores a las empresas exportadoras y por un flujo sostenido de embarques. La comparación con 2025 debe tomarse con cautela ya que septiembre estuvo atravesado por una suspensión temporal de los derechos de exportación, que provocó un ingreso extraordinario de divisas.
Así, el número acumulado de CIARA-CEC y la proyección de la BCR muestran que el campo ya aportó más de u$s 22.000 millones durante los primeros nueve meses, pero todavía tiene capacidad para sostener un flujo importante de dólares hasta fin de año.
El desafío es que los dólares traccionen al resto
El contraste con la actividad interna explica por qué ese flujo cobra especial importancia. Desde la cumbre del G20 en Bangkok, el ministro de Economía, Luis Caputo, se mostró confiado en una recuperación de la construcción que permita mejorar los indicadores de actividad y sostuvo que el Gobierno mantiene como prioridad la reducción de la inflación.
En el sector privado, sin embargo, el diagnóstico es más cauteloso. Empresarios que participaron del encuentro del CFI plantearon que todavía no observan señales claras de una recuperación generalizada y reclamaron una mayor coordinación del Estado para avanzar con infraestructura. “Estamos remando en cemento”, resumió una fuente empresaria en los pasillos del encuentro.
La expectativa que plantean empresarios de distintos sectores es que, a partir de 2027, la obra pública y la infraestructura puedan convertirse en el puente entre los sectores que hoy generan más divisas y una recuperación más extendida de la economía.
El desafío es que el dinamismo exportador del agro, la energía y la minería no quede limitado a la generación de dólares, sino que pueda traducirse en inversión, actividad y empleo en el resto del entramado productivo.