La caída de la actividad en agosto sumó un segundo mal dato para el tercer trimestre, período que el FMI anticipó como de una economía igual de fría que el segundo trimestre.
Si bien se espera un rebote en el cuarto trimestre, la suba debería ser de más de 5% para alcanzar un crecimiento en línea con lo que espera el mercado.
Caída en agosto
La actividad económica en agosto tuvo un crecimiento del 0,1% respecto de julio, cuando anotó una caída desestacionalizada de 2,8%. En la comparación interanual, la caída fue de 1,7%, profundizando la baja del mes previo (1,5%), la mayor caída interanual desde septiembre de 2024.
El indicador tendencia ciclo, que suele tomar el Gobierno para evaluar con menor ruido estacional la dinámica de la actividad no tuvo variación respecto del mes anterior y se mantiene sin cambios desde abril en la desestacionalizada.
“Con esta dinámica, el indicador tendencia-ciclo se ubicó 6,6% por encima del nivel de diciembre de 2023”, dijo el ministro de Economía, Luis Caputo, en sus redes sociales.
En el relevamiento sectorial, 10 de las 15 ramas de la actividad tuvieron caídas interanuales. Las principales bajas se registraron en pesca (-15,7%), intermediación financiera (-3,8%), comercio (-3,5%), industria manufacturera (-3,2%) y transporte (-2,9%). La construcción, otro de los sectores clave por el peso en la actividad y el empleo, cayó 2,5%.
El mayor aporte a la baja lo hizo la industria, que explicó por sí sola medio punto de contracción, casi lo mismo que aportó en el sentido contrario la suba de la minería, que trepó 11,1% en la comparación interanual. El agro tuvo una baja del 1%, pero aportó poco a la caída general (0,04%). Que el salto de la minería no haya alcanzado a compensar el aporte a la baja de industria, construcción y comercio da cuenta de la limitación que ha mostrado el arrastre de los sectores de mayor salida exportadora hacia la demanda interna.
Tercer trimestre a la baja
El dato de agosto es el segundo del tercer trimestre, que ya suma dos meses seguidos de caídas interanuales mientras que, en la medición desestacionalizada, agosto no alcanzó a recuperar la baja de julio.
Se da, además, luego de que el segundo trimestre arrojara una caída del PBI de 0,6% respecto del período anterior.
Desde el oficialismo aseguran que la economía no entró en una etapa recesiva, sino que se trata de una desaceleración del crecimiento de la actividad. Técnicamente, se toma como recesión dos trimestres consecutivos de caídas desestacionalizadas. Para los especialistas, incluso un buen desempeño de septiembre no alcanzaría a revertir la tendencia de un trimestre en caída. Gonzalo Carrera, economista de Equilibra, aseguró que incluso si el noveno mes del año tuviera una suba de 1,5%, el trimestre cerraría con una caída de 2,3%.
Para el Centro de Estudios Económicos del Banco Provincia, con este último dato, la actividad está 3,8% por debajo del cierre de 2025 y el arrastre estadístico con el que contaba la actividad, restante del año pasado, quedó en -1,5%. Es por esto que, estiman, debería haber crecido al menos 8,5% para evitar la recesión técnica.
“La serie desestacionalizada queda 4,4% por debajo del máximo de marzo y 1,1% por debajo de diciembre de 2024: la actividad volvió al nivel de hace casi dos años”, explicó Tomás Amerio, economista de la Fundación Libertad y Progreso.
Las estimaciones del Centro de Estudios Cuantitativos en Negocios (CECN) de la Universidad de San Andrés para el desempeño del PBI anticipa un tercer trimestre que cerraría con una caída en torno al 2%, aunque la medición se actualiza de manera semanal.
La expectativa del Gobierno, plasmada en el presupuesto 2027, es que este año la actividad cierre con una suba del 3%. En paralelo, las expectativas del mercado son menos optimistas y esperan una suba de 1,5% de la actividad para todo el año, luego de haber recortado las expectativas a la mitad. También según Banco Provincia, para alcanzar el desempeño esperado por el Relevamiento de Expectativas del Mercado (REM), en lo que queda del año debería registrarse una suba de 1,9% mensual hasta diciembre, y superior al 5,5% en el cuarto trimestre para alcanzar el objetivo que espera el mercado.
Las expectativas son optimistas respecto del cuarto trimestre. Si bien el FMI recortó sus proyecciones de crecimiento para Argentina para el 2026 y las ubicó en 2,1%, 1,4 puntos menos de lo que esperaba a principios de año, para el cuarto trimestre espera un rebote. Allí, espera que se concreten los resultados de varios de los anuncios de inversión que se dieron en el marco del Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI), mientras también espera que se de una recuperación de la demanda interna, algo que vendría de la mano de la suba real de los salarios y, en particular, de su poder de compra.
“El problema de fondo sigue siendo la debilidad de la demanda interna. Una política monetaria sin ancla nominal clara y con alta discrecionalidad contribuye a que los bancos mantengan las tasas de interés activas en niveles muy elevados, paralizando el crédito. Sin una recuperación del crédito, el consumo y la actividad de los sectores ligados al mercado interno difícilmente logren repuntar. A esto se suman el carácter procíclico del ajuste fiscal y la postergación de inversiones ante el ‘riesgo electoral’”, consideró Santiago Casas, economista jefe de EcoAnalytics.
El índice líder de la Universidad Di Tella anticipa que la posibilidad de salir de una fase expansiva de la economía ascendió al 82%, sin cambios respecto de agosto.