
Con la disminución del consumo, el sector vitivinícola seguirá enfrentando dificultades para mantener las ventas y su relevancia. Si bien los consumidores mayores beben menos o han dejado de beber por motivos de salud u otras razones, las generaciones más jóvenes no están adoptando el vino de la misma manera que los baby boomers y la Generación X, lo que provoca una fuerte caída de la demanda.
Sin embargo, siempre que hubo una crisis hubo oportunidades. Un nuevo estudio de Kingsland Drinks identifica las latas, las bebidas NoLo (No alcohol-Low alcohol) y los productos premium, entre otros, como los drivers claves que darán forma al sector del vino -y las bebidas espirituosas- en 2026.
En este sentido, se avecina un año definido por la moderación, la premiumización, la exploración de sabores y los formatos alternativos, siempre que la industria abrace y acepte las presiones económicas y los cambios en el comportamiento del consumidor.

La volatilidad de los precios, los cambios en la legislación y los aumentos de aranceles, junto con la incertidumbre global, obligan a los productores y proveedores a buscar propuestas que garanticen calidad, valor e interés, tanto en el canal horeca (hoteles, restaurantes, confitería) como en el comercio minorista.
Repasemos algunas tendencias que ganarán la góndola y las cartas en 2026.
Comodidad, envases portátiles y estilos de vida cambiantes
Sin duda, la forma, el momento y el lugar en que los consumidores beben es el cambio más radical y sorprendente a la vez. La comodidad y la adaptación al estilo de vida se sitúan ahora, junto con el precio, como factores clave en la decisión de compra.
El vino en lata ofrece muchas más ventajas que desventajas, y por eso los consumidores los elijen. En primer lugar, y uno de los mayores atractivos, es la portabilidad, la facilidad para el transporte y la versatilidad en el consumo. Perfectos para picnics, recitales, atardeceres en la playa y eventos al aire libre, las latas eliminan la necesidad de llevar sacacorchos o preocuparse por botellas rotas.
Son 100% reciclables y su huella de carbono es menor en comparación con las botellas de vidrio, o sea que si te preocupa el planeta es una opción más ecológica.
El formato enlatado ha permitido a los productores de vino experimentar con nuevos sabores y estilos que pueden no haber sido tan fácilmente aceptados en formatos tradicionales, porque además seducen a los consumidores más jóvenes como los millennials y la Generación Z, que valoran la estética moderna, el enfoque innovador y nuevos sabores o expresiones.

Otra ventaja significativa es la reducción de costos asociada con el envasado en latas. Las latas de aluminio suelen ser más económicas de producir y transportar que las botellas de vidrio, lo que puede traducirse en precios más bajos para los consumidores.
Obviamente, que los vinos en lata no son la crème de la crème; pero la oferta por eso no es menos atractiva; los hay en distintos estilos y cepas (espumosos, dulces, tintos ligeros, blancos y rosados), y todos muy buenos. Primer apunte en la agenda del año.
Vino de alta gama por copa: variedad y calidad en la experiencia
Servir vino por copas parece una situación ideal para todos: los consumidores tienen la oportunidad de explorar sin comprometerse con una botella entera; la venta de copas individuales proporciona mayores márgenes de beneficio para los restaurantes y bares; y las bodegas tienen más posibilidades de que sus vinos sean degustados por primera vez por nuevos consumidores, y así darse a conocer.
Entonces, con todas estas ventajas, ¿por qué históricamente no ha sido habitual ofrecer vinos de alta gama por copas?
El estigma de pedir vino de alta gama por copa era una barrera que ha desaparecido por completo. Mientras que antes parecía de tacaños, ahora la percepción ha cambiado y pedir vino por copa se asocia con la exploración, la búsqueda de nuevos sabores, incluso es una práctica o un aprendizaje de profesionales o de entusiastas, que prefieren poca cantidad, pero variedad en la experiencia.

Es verdad, por otro lado, que se bebe menos. En Estados Unidos, el mayor consumidor global del mundo, el consumo mostró una caída del 20% en relación a su pico pospandemia.
Pero eso no significa que los consumidores no comprarán vino en 2026: simplemente gastarán con mayor discernimiento. Se trata de un consumo más selectivo. Se bebe menos, pero cuando se compra una botella hay una decisión de pagar por calidad.
El valor agregado es percibido en las pequeñas producciones, en los vinos ecológicos o en las nuevas regiones por descubrir.
En el on trade (canales de botella abierta) la oferta por copa se observa como la clave para fidelizar a los consumidores e impulsar el crecimiento del margen, especialmente con el apoyo de sistemas de conservación del vino.
Los clásicos siguen en carrera
En tiempos de incertidumbre e instabilidad económicas, las bodegas tradicionales ofrecen prestigio y seguridad. Frente a la brutal oferta, inmensa y variada, muchos consumidores eligen estas etiquetas de bodegas con legado, experiencia y a la vez, actualidad.
La vigencia se valora. Un Rioja, un Bordeaux o un Chianti son lo que son por los muchos años que llevan haciendo vino; así como ciertas bodegas en Argentina que, por tener muchos años, incluso algunas, por ser fundadoras de la viticultura argentina, saben adaptarse a los patrones actuales respetando las tradiciones y siempre con la mirada en el futuro.
Vinos No-Lo: moderación y alternancia
Conocidos como NoLo (No alcohol–Low alcohol), estos vinos conforman una categoría con nombre y apellido en la industria.
Son vinos impulsados por los millennials y la Generación Z, consumidores preocupados por la salud que optan por la moderación y la alternancia. Esto último es lo que se conoce como zebra striping, una conducta que se define por alternar en una misma ocasión de consumo una copa de vino con alcohol y una copa de vino sin alcohol, una sí, una no, como las rayas de la zebra.
La encuesta anual del Wine Market Council reveló que el 24% de la Generación Z y el 21% de los millennials están cambiando sus hábitos de consumo de alcohol para mejorar su estado de ánimo, su sueño o sus niveles de energía.
Y el consumo alternado de bebidas alcohólicas y no alcohólicas, que no significa la abstinencia sino la moderación, es la nueva norma. El 92% de los consumidores según la investigación NielsenIQ compra tanto bebidas alcohólicas como no alcohólicas.
Si bien el vino representa actualmente solo el 11,2% de todas las bebidas sin alcohol, las encuestas de NielsenIQ como IWSR pronostican que su cuota de mercado crecerá rápidamente.
La tendencia de los tintos livianos y los blancos aromáticos
Los vinos tintos han sufrido descensos constantes en los últimos años, incluso en países productores y consumidores tradicionales como Francia o Italia.
Los estilos más livianos como el pinot noir, gamay, garnacha o la criolla chica, ya consagrada en Argentina, están ganando cuota de mercado. Estos tintos ya se aceptan como una bebida liviana y refrescante, atributos que antes eran exclusivos de los blancos o rosados.
Los vinos blancos frescos y aromáticos seguirán siendo una opción. Se espera un auge del sauvignon blanc de Francia, pero también de Austria, Italia y Nueva Zelanda.
Son una vez más, los consumidores más jóvenes los que traccionan las ventas de este estilo de vinos livianos, frescos y fáciles de beber.
Para Argentina es una excelente oportunidad dado que, en los últimos años, la industria mostró un crecimiento cualitativo enorme en lo que a blancos se refiere. Así, vemos nuevas variedades como semillón, chenin, albariño, entre otras; también blend de uvas blancas, distintos estilos enológicos y vinos blancos con expresión territorial. Los vinos blancos argentinos son una asignatura aprobada con 10 sobresaliente.
El doble mandato de época: ser sexy y sostenible
Ser sustentable es un mandato. Vivimos en la era de las credenciales medioambientales. Para el 2030, la bodega que no adhiera a estos principios o valores quedará fuera de carrera.
Los consumidores, especialmente los millennials y la Generación Z, esperan mucho más que sabor: demandan valor y procedencia. Les seducen las marcas que se inclinan por historias sobre la salud del suelo, la producción neutra en carbono y los formatos de envasado reciclados o alternativos.

Les importa cómo se elabora, cómo se envasa, cómo las prácticas y procesos impactan o benefician al mundo que habitan. También quién produce: quieren una marca y un rostro.
La agricultura ecológica, biodinámica y regenerativa, las botellas ligeras y las prácticas neutras en carbono ya no son algo marginal, sino que la nueva normalidad.
Al cambio climático, buena cara
En parte, y como respuesta al cambio climático, los viticultores del mundo, especialmente en Europa, están trabajando con muchas más variedades de uva autóctonas e híbridas resistentes a las condiciones climáticas extremas y a las plagas.
Todos sabemos que el champagne se elabora con chardonnay, pinot noir y pinot meunier. Pero ninguno de nosotros ha probado aún una cuvée elaborada con voltis, un híbrido resistente a los hongos que actualmente está permitido con fines experimentales en la región y que se cosechó por primera vez esta temporada.
Bordeaux, famosa por sus blend de cabernet sauvignon, merlot, cabernet franc y otras, añadió varias variedades híbridas a la lista de uvas permitidas en 2023, entre ellas sauvignac, souvignier gris, floréal, vidoc y la ya mencionada voltis, todas ellas por su capacidad para resistir enfermedades causadas por hongos, en temporadas cada vez más cálidas y húmedas.
En la costa mediterránea de España, variedades casi extintas como forcada y pirene están recuperando terreno gracias a la intervención de la reconocida familia Torres. En ese caso, son variedades resilientes, que han sobrevivido por décadas a los cambios climáticos y que hoy prometen un futuro.
El cambio climático es otro factor clave que está provocando un giro en muchas regiones tradicionales e históricas, lo que ya se está viendo en cambios de legislación, nuevos cultivos y nuevos sabores.
Singularidad e identidad
Ser auténtico y genuino, es clave; aunque eso signifique no hacer el mejor vino posible.
Las variedades autóctonas celebran la autenticidad del vino y de la región. El vino es testimonio de un territorio, un paisaje, una geografía y unas personas que son parte de ese lugar que da vida y traza el perfil del vino. Son los vinos testimoniales de los territorios los que atraen a los consumidores, esos que cuentan una historia única.
En Argentina, esta exploración llevó a los viticultores a poner en valor las variedades llamadas criollas, una familia de cepas que habita el territorio desde la llegada de los españoles, como la llamada criolla chica, entre otras.

La criolla chica tiene todo lo que está de moda. Conocida en España como listan prieto, llegó al suelo argentino con los jesuitas para elaborar el vino de misa. Por mucho tiempo se destinaba a la elaboración de vinos rosados de estilo fresco y ligero, y acompañó infinidad de domingos de asados y de pastas.
Gracias al trabajo de viticultores curiosos e innovadores se logró poner en valor esta cepa y lanzar al mercado etiquetas de vino tinto de gran calidad.
La criolla chica es testimonio de un patrimonio histórico y botánico muy valioso. Concentra lo más profundo de nuestras raíces y tradiciones, y al mismo tiempo responde a una de las mayores tendencias de estos tiempos: el pasado es el futuro.
Si con toda esta data no salís a buscar los vinos para sorprender a tus amigos... ya es tarde para mañana.
















