SSon pocos los que hablan de las condiciones suicidas o localmente enajenadas de los militantes activos en Argentina, que desde fines de los años 60, atacaban cuarteles, colocaban bombas o atentaban contra la vida de otros. ¿Este proceso armoniza con la pasión por cambiar el mundo, con liquidar a los sectores de poder que vedaban la igualdad de oportunidades en Argentina, con la búsqueda del hombre nuevo? ¿Cuáles fueron los condicionantes que impulsaron semejante entrega de vidas jóvenes al servicio de una causa que consideraban definitivamente revolucionaria, transformadora?, se preguntan el periodista Daniel Muchnik y el diseñador Daniel Pérez desde las páginas de su libro Furia ideológica y violencia en la Argentina de los 70 (Ariel), recientemente aparecido en el mercado. Una década a la que Muchnik sintetiza en tres palabras: Perversión, sangre y locura.

Compañeros de trabajo en las redacciones de Clarín y La Opinión, Muchnik y Pérez desmenuzan las principales tramas que marcaron aquella década, tanto a nivel global como, especialmente, local. Y lo acompañan desde sus propias vivencias. Muchos de mis compañeros de trabajo tomaron las armas y los mataron. Daniel (Pérez), quien fue guerrillero, un activo militante en armas, preparado en Cuba, hace una autocrítica feroz y despiadada por lo que él hizo y por lo que hicieron otros, comenta Muchnik durante una entrevista con WE. Pérez, explica Muchnik, era, en los 70, un hombre entusiasmado por buscar a aquel hombre nuevo, por luchar por una sociedad mejor, lo que lo llevó a viajar a Bolivia y a Cuba.

De este modo, inspirados por las vivencias de aquellos días, Muchnik y Pérez viajan en el tiempo, se reencuentran con fantasmas y releen el pasado con la atención propia del presente. El pilar fundamental es pararse frente al mundo en un momento actual donde hay una especie de exaltación heroica de estos muchachos. Los 70 fueron años de desesperación. Y, para los que estábamos en el periodismo, eran tiempos de terror. Cada tres días, recibíamos amenazas de bomba firmadas por Montoneros y el ERP y había que desalojar el diario, recuerda.

Para Muchnik, la supuesta idealización de aquella década por parte de ciertos sectores de la sociedad responde a sentimientos encontrados y a una nostalgia por los días de plomo. La siguen idealizando los que se frustraron y que perdieron. Es decir, los ex simpatizantes de la lucha armada. Por ejemplo, muchos de los intelectuales que apoyan al Gobierno tienen nostalgia. Y, por parte de los jóvenes, impera un estudio superficial de la historia, que es engañoso, observa.

No obstante, Muchnik insiste en que, buena parte del aditivo, respone a un fuerte componente de marketing. Como me dijo el amigo de uno de mis hijos, ellas nos prefieren con barba. Hay una idealización del Che Guevara pero el Che, en todo lo que emprendió, fue un fracaso. A Cuba, la han convertido en una gran cárcel, con gente muerta de hambre y con fracaso económico tras fracaso económico. Es una suma de autoengaños.

Muchnik apunta, asimismo, contra La Cámpora. Héctor Cámpora fue un servil de Perón, no fue una figura heroica ni trascendente. Estamos rodeados de equívocos. Los montoneros decían o están con nosotros o sos mi enemigo y así cayeron los perejiles. Todavía, hoy sigo escuchando por parte de los viejos montoneros consignas fachistas.

El gobierno encabezado por Cristina Fernández de Kirchner, sostiene Muchnik, da sustento a esta locura, más allá de que, hoy, entienda que las ideologías están desapareciendo, dando lugar al pragmatismo, que está a la orden del día. Muchos de nuestros funcionarios son políticos de televisión, de marketing, no tienen ideología ni agenda. La crisis actual viene de la castración ideológica e intelectual que produjo la lucha armada, seguida de la dictadura, agrega.

De los años de plomo al Pacífico

Como si la perversión, el corredero de sangre y la locura ideológica hubieran sido el marco que contuvo a la Argentina por aquellos años, otras naciones, en tanto, exentas de golpes de Estados, canalizaban, entonces, sus principales desvelos en los efectos que derramaba la crisis del petróleo, de 1973. Así fue en Canadá. Así fue en Australia. Dos países que, por estos días, y gracias a la comparación de la Presidenta, ganaron espacio en redes sociales y medios locales.

Actualmente, Canadá tiene un PBI per cápita de u$s 43.400. Australia, de u$s 43.300. Y la Argentina, un estimado de u$s 18.400, según The WorldFactbook, elaborado por la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos (CIA, por sus siglas en inglés).

Tres países, tres destinos fue el libro escrito por Muchnik, uno de sus 19, que vio la luz en 1997 a través de editorial Norma. El texto, basado en sus conocimientos como historiador y en su experiencia como analista económico, político y social, trazaba un análisis comparativo de los tres polos que, a fines del siglo XIX y principios del XX, se convirtieron en gran atractivo para los inmigrantes que escapaban de una Europa duramente golpeada.

Comparar a la Argentina con Australia y Canadá es contrafáctico, porque ellos se sientan en la mesa de los que deciden el destino del mundo. Nosotros, a duras penas, estamos entre los países emergentes, comenta, en referencia a los dichos de la Presidenta de antes de ayer.

El distanciamiento en desarrollo económico entre aquellas naciones angloparlantes y la Argentina, se debe, analiza Muchnik, a varias razones. Entre ellas, el hecho de que Canadá y Australia fueran colonias formales del imperio británico, mientras que la Argentina fuera una colonia informal. La Argentina quería pertenecer al imperio británico en materia comercial pero no cuando había guerra. Australia y Canadá perdieron entre 50.000 y 70.000 hombres en las guerras. Y, después de II Guerra Mundial, siguieron una alianza continua con Inglaterra, observa. Pero uno de los puntos más relevantes, y que encuentra nuevamente su eje en la década del 70, es que ni en Canadá ni en Australia hubo golpes de Estado. Siempre hubo continuidad. Los conservadores respetaron lo que hacían los neosocialistas. Y éstos, lo que hacían los conservadores.

Hacia fines del siglo XIX, el PBI per cápita argentino era bastante similar al canadiense. Así se mantuvo hasta mediados de la década del 40, cuando comienzan a distanciarse y se acrecienta con el correr de los años. Uno de los puntos que Muchnik da como origen de estas divergencias tiene que ver con un concepto tan básico para la economía como lo es la tierra. Tanto en Canadá como en Australia, se entregó la posesión de la tierra. Lo hacía la Corona. Aquí, imperó la ley del arrendamiento. El propietario arrendaba la tierra por dos años. Por lo cual, el inmigrante no tenía más que la posibilidad de hacer un rancho fácil. Ahí está el origen del toco y me voy, de que el argentino no eche raíces. Mientras en Australia y Canadá, los inmigrantes no volvieron a sus países, en la Argentina, de los 4,3 millones que ingresaron de 1880 y 1914, el 50% se regresó a Europa. El dominio de la tierra es muy importante en el crecimiento económico de una nación, analiza. Y en línea, agrega: Comparar a la Argentina con Canadá y Australia es comparar una chacra con dificultades de gestión, caprichos, golpes de Estado y confusión con dos naciones que tuvieron continuidad y que son previsibles. Es absurdo. z wen Título: Furia ideológica y violencia en la Argentina de los 70

n Autores: Daniel Muchnik y Daniel Pérez

n Sello: Ariel

n Páginas: 304

n Salida: 2013