En esta noticia

Mientras la atención pública se concentra en los plazos del comercio bilateral y las consultas abiertas de la Embajada Comercial estadounidense (USTR), la mesa de negociación del T-MEC ha abierto un flanco mucho más delicado: la exigencia de Washington para que el gobierno de Claudia Sheinbaum incremente la compra de gas natural y abra las puertas a la participación de empresas privadas en Pemex.

Entre la urgencia de contener un déficit comercial que roza los u$s 150,000 millones y la línea roja de la soberanía nacional, México navega por un complejo escenario donde una concesión energética podría redefinir no solo el futuro del tratado comercial, sino el control estratégico de los recursos del país por la próxima década.

Y es que las reuniones formales entre México y Estados Unidos para la revisión del T-MEC se han estancado y permanece la incertidumbre sobre la fecha para la siguiente revisión, debido a las elecciones intermedias en la Unión Americana, que se realizarán el 3 de noviembre, de acuerdo con un análisis de GBM.

Previo a este periodo electoral, las dos naciones realizaron cuatro reuniones formales, en la que ambas partes destacaron avances importantes.

Sin embargo, las dudas sobre la forma que tomará el T-MEC se mantienen vigentes, debido a que recientemente el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, señaló que busca un acuerdo con México para reducir el déficit comercial de su país con México.

Trump no aclaró si la reducción del déficit estaría ligada a reducir las importaciones en el marco del T-MEC o si se trataría de otros sectores.

En fechas recientes, un reporte del Financial Times señaló que el presidente Trump pidió a la mandataria Claudia Sheinbaum incrementar las importaciones de gas natural desde Estados Unidos para reducir el déficit.

En este sentido, la presidenta Claudia Sheinbaum confirmó que Washington pidió el incremento de las compras de gas natural, a lo que se sumó que la Casa Blanca pidió al gobierno mexicano permitir la participación de empresas estadounidenses en Petróleos Mexicanos.

Sin embargo, la presidenta aclaró que las peticiones realizadas por el mandatario estadounidense no son condiciones para la revisión del tratado y que cualquier participación privada deberá ajustarse a la legislación mexicana.

Tensa calma

Mientras México y Estados Unidos mantienen un compás de espera para reactivar las reuniones formales, la Embajada Comercial envió una convocatoria para que el sector público y privado de Estados Unidos emitan opiniones sobre el T-MEC.

Este periodo de consultas durará hasta finales de enero, lo que abre la posibilidad a nuevos ángulos de negociación bilateral y un eventual retraso en la extensión definitiva del acuerdo comercial.

Incluso, el titular de la Secretaría de Economía, Marcelo Ebrard, advirtió que el T-MEC seguirá con revisiones anuales por la próxima década, lo que mantiene la puerta abierta a la incertidumbre en torno al futuro del acuerdo comercial.

Con el ruido electoral de noviembre resonando en Washington y un periodo de consultas que llegaría hasta enero, el T-MEC ha entrado en un compás de espera. Las exigencias sobre Pemex y el gas natural ya están sobre la mesa y, aunque el gobierno mexicano busca trazar una línea roja legal, el pulso bilateral demuestra que la revisión del tratado más importante de Norteamérica se ha convertido en una partida sin margen para errores.