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Los retrasos en la cobranza y las cuentas incobrables representan un costo anual estimado de entre MXN$ 660,000 millones y MXN$ 830,000 millones para el conjunto de las empresas mexicanas, de acuerdo con un reporte de investigación elaborado por BP&A para la plataforma de gestión financiera fluX One.

El análisis, realizado con información de la aseguradora de crédito Atradius y del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), señaló que esta estimación contempla tanto las pérdidas por ventas que no llegan a cobrarse como el costo de financiar los recursos que las empresas dejan de recibir oportunamente.

En el caso de las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes), el costo anual estimado se ubicó entre MXN$ 302,000 millones y MXN$ 380,000 millones, mientras que para las pequeñas y medianas empresas, sin incluir los micronegocios, el rango fue de MXN$ 196,000 millones a MXN$ 247,000 millones.

La investigación precisó que se trata de estimaciones del costo económico de la cobranza tardía y no de cifras oficiales de pérdidas empresariales.

La problemática también se reflejó en los resultados del B2B Payment Practices Trends, Mexico 2026, de Atradius, que identificó que 7 de cada 10 empresas mexicanas reportaron retrasos en los pagos de sus clientes.

El estudio señala que las facturas vencidas representaron, en promedio, una quinta parte del total, situación que incrementó las presiones sobre el capital de trabajo de las compañías.

Entre las principales causas de los retrasos destacaron los problemas bancarios, mencionados por 44% de las empresas, seguidos de las dificultades de flujo de efectivo de los clientes, con 41%, y la complejidad de los procesos de pago, con 19%.

Las consecuencias fueron más allá de la cobranza, debido a que 34% de las empresas señaló que el riesgo de impago de sus clientes limitó sus inversiones, mientras que 33% reportó una reducción en sus márgenes de liquidez y 32% retrasó sus propios pagos a proveedores.

Por su parte, la Radiografía del Emprendimiento en México 2025, elaborada por la Asociación de Emprendedores de México (ASEM) y EY, identificó que 42.5% de las empresas que venden a otros negocios enfrentó pagos atrasados, con una demora promedio de 76 días.

En el conjunto de las empresas encuestadas, los pagos pendientes equivalieron, en promedio, a 22.5% de sus ventas, lo que evidenció la importancia de contar con recursos disponibles para cubrir gastos operativos y compromisos financieros.

Digitalización financiera, un reto para las empresas

El reporte de BP&A también identificó que, pese al crecimiento de los pagos electrónicos en México, persisten desafíos para que las empresas incorporen herramientas tecnológicas que les permitan automatizar su cobranza, conciliar operaciones y conocer oportunamente sus flujos de efectivo.

Según los Censos Económicos 2024 del Inegi, México cuenta con aproximadamente 5.47 millones de unidades económicas, de las cuales 95.4% corresponde a micronegocios y alrededor de 4.5% a pequeñas y medianas empresas.

Sin embargo, el acceso a herramientas tecnológicas presentó diferencias importantes entre los negocios. Mientras que 22.3% de las microempresas contaba con computadora, la proporción aumentó a 86.2% entre las pequeñas y a 92.8% entre las medianas.

El análisis advirtió que disponer de equipo de cómputo no necesariamente implica contar con sistemas especializados para administrar las finanzas, automatizar pagos o dar seguimiento a las cuentas por cobrar.

Esta situación cobra relevancia ante el crecimiento de las transferencias electrónicas. Durante 2025, el Sistema de Pagos Electrónicos Interbancarios (SPEI) procesó más de 7,300 millones de operaciones, con un crecimiento de 36.8%, de acuerdo con las cifras del Banco de México recopiladas en el reporte.

No obstante, BP&A señaló que la velocidad de las transferencias no necesariamente se traduce en una administración financiera más eficiente, debido a que las empresas también necesitan herramientas para identificar, registrar y conciliar los recursos recibidos.

En este contexto, el estudio planteó que la incorporación de soluciones de gestión financiera representa una oportunidad para mejorar los procesos de cobranza y reducir las dificultades administrativas que enfrentan los negocios.

Asimismo, destacó que la transición hacia una mayor utilización de pagos digitales podría incrementar la cantidad de operaciones que las empresas necesitan registrar y conciliar, particularmente en los sectores donde avance la estrategia gubernamental para reducir el uso de efectivo.

De esta manera, el desafío para los negocios mexicanos no se limita a recibir pagos mediante herramientas digitales, sino también a fortalecer sus procesos de administración financiera para disponer oportunamente de los recursos necesarios para operar e invertir.