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Más del 62% de las pequeñas y medianas empresas (Pymes) mexicanas operó en niveles bajos de madurez financiera durante 2025, una situación que las expuso al sobreendeudamiento y al cierre prematuro, de acuerdo con el estudio Elevando la Madurez Financiera de las PyMEs Mexicanas de Xepelin.

El análisis mostró que 26% de las empresas se ubicó en un nivel reactivo y 38% en un nivel organizado, lo que reflejó que la mayoría recurrió al financiamiento como respuesta a necesidades inmediatas y no como parte de una estrategia de crecimiento.

Apenas 10% alcanzó un nivel de gestión financiera estratégica.

Finanzas reactivas y poca visibilidad del flujo de efectivo

Alejandro Toiber, Country Manager de Xepelin México, explicó que este comportamiento fue consecuencia de una gestión financiera reactiva.

Señaló que financiarse sin una planeación clara aceleró el riesgo de sobreendeudamiento, al utilizar el capital como un recurso para resolver emergencias operativas en lugar de una inversión planificada.

“Financiar sin estrategia fue el camino más rápido al sobreendeudamiento. El capital debió ser una inversión para el crecimiento, no un parche”, afirmó.

El estudio identificó que la falta de visibilidad del flujo de efectivo fue uno de los principales factores de esta inmadurez financiera.

Un 23% de las Pymes administró sus finanzas mediante hojas de cálculo, mientras que 10% adicional no utilizó ningún sistema formal de registro, lo que incrementó la posibilidad de errores y limitó la toma de decisiones oportunas.

Esta situación se vinculó con los problemas de liquidez que enfrentaron las empresas.

Datos de la Asociación de Emprendedores de México correspondientes a 2024 indicaron que cuatro de cada diez negocios que cerraron lo hicieron por dificultades de liquidez o capital de trabajo, una problemática asociada a la falta de planeación financiera.

Toiber advirtió que operar sin información financiera sistematizada redujo la capacidad de las Pymes para anticipar necesidades de capital, negociar mejores condiciones de crédito y planear su rentabilidad a largo plazo, lo que reforzó un ciclo de deuda reactiva.

El estudio refiere que romper con este patrón requiere priorizar la digitalización financiera, definir el propósito de cada financiamiento y convertir la planeación en un activo estratégico.

Las empresas con proyecciones basadas en datos sólidos lograron reducir riesgos, mejorar su perfil ante fondeadores y acceder a condiciones de crédito más competitivas.

La deuda, explicó el directivo, no representó un problema en sí misma, siempre que formara parte de una estrategia financiera definida.

Para las Pymes mexicanas, el acceso a capital de crecimiento dependió de dejar atrás la reacción inmediata e integrar una gestión financiera proactiva y planificada.