La revisión del T-MEC volvió a colocar al comercio exterior en el centro de las decisiones empresariales en México. Ante un proceso que podría modificar reglas de origen, aranceles y condiciones de acceso a los mercados de América del Norte, las compañías necesitan anticipar escenarios para evitar que los cambios regulatorios afecten sus costos o márgenes.
El análisis de Grupo Financiero BASE sobre las exportaciones mexicanas muestra por qué el momento es particularmente relevante. Durante el primer semestre de 2026, las exportaciones aumentaron 24.62% anual y alcanzaron 389,723.30 millones de dólares. Al mismo tiempo, más de cuatro quintas partes de las ventas externas tuvieron como destino Estados Unidos, lo que deja a buena parte del sector exportador expuesto a las decisiones comerciales de ese mercado.
¿Qué cambia para las empresas con la revisión del T-MEC?
Uno de los primeros puntos que deben revisar las empresas son las reglas de origen. La Secretaría de Economía establece que para acceder al trato arancelario preferencial del T-MEC es necesario certificar que las mercancías cumplen con las disposiciones de origen correspondientes. Esto vuelve relevante conocer no solo dónde se ensambla un producto, sino también de dónde provienen sus insumos y qué participación tienen dentro de la estructura de costos.
El asunto adquiere mayor importancia por la creciente participación de componentes asiáticos en algunas cadenas productivas. De acuerdo con el análisis de BASE, las importaciones de determinados insumos utilizados en la fabricación de equipo de cómputo aumentaron con fuerza durante 2026, especialmente desde Taiwán, Vietnam y Corea del Sur. Una modificación en los requisitos de contenido regional podría cambiar las condiciones bajo las cuales ciertos productos obtienen beneficios preferenciales.
Reglas de origen, aranceles y cadenas de suministro
El impacto no sería igual para todos los sectores. El reporte de BASE señala que el equipo de cómputo concentró una parte considerable del crecimiento exportador, mientras que las exportaciones de hierro y acero enfrentaron una caída de 38.97% y el sector automotriz mostró mayor presión. Para las compañías de estas industrias, revisar contratos, proveedores, costos logísticos y escenarios arancelarios puede ser determinante para sostener sus márgenes.
La exposición tampoco se limita a la regulación comercial. Una empresa que vende o compra en dólares también queda vinculada a la evolución del tipo de cambio. Una modificación en la demanda estadounidense, en el costo de los insumos importados o en la cotización del peso puede impactar simultáneamente ingresos, costos y flujo de efectivo. Por eso, la planeación financiera necesita incorporar el riesgo comercial junto con el riesgo cambiario.
¿Cómo puede prepararse una empresa mexicana?
Para las áreas de tesorería, el primer paso es identificar qué operaciones dependen directamente del comercio exterior. Esto incluye cuentas por cobrar y por pagar en moneda extranjera, proveedores internacionales, compromisos de importación y contratos cuyos precios estén sujetos a determinadas condiciones comerciales. Con esa información, la empresa puede estimar qué parte de su flujo de efectivo quedaría expuesta ante distintos escenarios de tipo de cambio o de costos.
En ese proceso, las soluciones de Divisas y Pagos de BASE pueden apoyar a las empresas que realizan operaciones internacionales y necesitan administrar la compra, venta o transferencia de moneda extranjera. Cuando existen flujos futuros expuestos a variaciones del tipo de cambio, las Coberturas Cambiarias de BASE, como forwards, opciones y swaps, permiten diseñar estrategias de protección de acuerdo con los plazos, la liquidez y las necesidades de cada negocio.
El T-MEC seguirá siendo un factor de seguimiento para los negocios vinculados con América del Norte. Las discusiones sobre su revisión mantienen abiertas variables relacionadas con las reglas de origen, los aranceles y las cadenas de suministro, por lo que las empresas no enfrentan un escenario completamente definido. Para los tomadores de decisiones, resulta conveniente incorporar esa incertidumbre en presupuestos, contratos y planes de inversión, en lugar de esperar a que los cambios regulatorios se materialicen para comenzar a reaccionar.