Gustavo “Paco” Manriquez
CEO de Supervielle
“La suerte aparece cuando confluyen la preparación y las oportunidades”
Gustavo “Paco” Manriquez
“La suerte aparece cuando confluyen la preparación y las oportunidades”
En una nueva edición de Líderes, el ciclo de entrevistas de El Cronista, conocemos la historia de Gustavo “Paco” Manriquez, CEO de Banco Supervielle. Con una carrera forjada “a pulmón”, el ejecutivo repasa las decisiones que marcaron su recorrido, su visión del liderazgo y el optimismo con el que observa el futuro del sistema financiero argentino.
“Nadie puede competir con quien se divierte haciendo lo que hace”
Hay un hilo conductor claro en la trayectoria de Gustavo “Paco” Manriquez: la toma de decisiones difíciles. Nacido en una familia de clase media, inquieto y observador, nunca tuvo un plan lineal. Durante su adolescencia dudó entre la aviación, la medicina y otros caminos posibles, hasta que casi por casualidad ingresó al Citibank a comienzos de los años noventa. Tenía 21 años y una pasantía; a las pocas semanas descubrió que había encontrado su lugar.
“El banco no estaba en mis planes, pero sentí la adrenalina, la sofisticación, la creación de valor”, recuerda. El Citi de los noventa era una escuela de formación exigente y global. En pocos años, Manriquez se convirtió en gerente y comenzó a entender que su carrera se construiría a partir de la preparación constante y la capacidad de aprovechar oportunidades.
Ese mismo dilema se replicó fuera del mundo corporativo. Paralelamente, jugaba al rugby en la primera división del SIC (San Isidro Club), con un recorrido igualmente acelerado. A los 26 años, tomó una de las decisiones más complejas de su vida: dejar el deporte de alto rendimiento para enfocarse de lleno en su desarrollo profesional y realizar un máster en finanzas. “Muchos no lo entendieron, pero no era compatible”, explica. De esa etapa surge una de sus frases recurrentes: “La suerte es el punto de encuentro entre la preparación y las oportunidades”.
A lo largo de su carrera, Manriquez ocupó roles clave en distintos bancos de la región. Uno de los desafíos que más lo marcó fue la experiencia de reconstruir una entidad financiera prácticamente desde cero en Uruguay. “Es lo más divertido que hay: construir desde los cimientos, definir la impronta, la estrategia, el posicionamiento”, dice. Esa experiencia reforzó una idea que atraviesa toda su visión profesional: el liderazgo no es individual, sino colectivo.
“No es un one man show”, sostiene. Para Manriquez, liderar implica inspirar, acompañar y generar compromiso. La determinación aparece como un valor central, tanto en la gestión como en la vida personal. “Hacer que las cosas sucedan”, resume, al tiempo que subraya la importancia del clima de trabajo, la humildad y la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace.
Tras una década en Banco Macro, sintió que había cerrado una etapa. El desembarco en Supervielle llegó con una motivación clara: volver a transformar. “Quería algo distinto, construir otra vez”, explica. Desde su rol como CEO, impulsa un proceso de cambio con un propósito definido: acompañar a los clientes en su vida cotidiana con experiencias simples y ágiles. La transformación del banco, asegura, está atravesada por la energía, la ejecución y el disfrute por el trabajo.
“El banco no estaba en mis planes, pero sentí la adrenalina, la sofisticación, la creación de valor”
Esa idea del disfrute no es menor. Manriquez cita una frase que adoptó como propia: “Nadie puede competir con quien se divierte haciendo lo que hace”. Para él, transmitir ese mensaje a las nuevas generaciones es parte de su rol como líder. La pasión, sostiene, es un diferencial tan relevante como la formación técnica.
“La suerte es el punto de encuentro entre la preparación y las oportunidades”
En cuanto al contexto, su mirada sobre la Argentina es marcadamente optimista. Señala el bajo nivel de crédito sobre el PBI y las oportunidades que se abren en sectores como el de las pymes, la energía, la minería, el agro y la economía del conocimiento. “Hay una oportunidad enorme; hay que estar a la altura y, a veces, tomar riesgos”, afirma.
Al mirar hacia atrás, Manriquez no habla de haber “llegado”, sino de un camino en permanente construcción. Y si tuviera que decirle algo a ese chico que quería ser alguien, la respuesta es simple y contundente: que todo lo que soñó se puede lograr. Determinación, esfuerzo y confianza en uno mismo. Todo, como repite a lo largo de la charla, a pulmón.



