

A una semana de que finalice la tregua pautada entre Estados Unidos e Irán, el gobierno de Donald Trump profundiza la ofensiva, pero desde otro frente de batalla: el financiero.
Así lo informó este miércoles el secretario del Tesoro de los Estados Unidos, Scott Bessent, durante una conferencia de prensa en la Casa Blanca. El funcionario confirmó que EE.UU. planea aumentar el daño económico a la república islámica en caso de que se no se alcance un acuerdo de extensión de la tregua o fin de la guerra antes del miércoles 22 de abril, cuando vence el plazo vigente.
Bessent aseguró que el impacto de las sanciones será el “equivalente financiero” de los bombardeos: el mismo nivel de destrucción, pero aplicado sobre la economía iraní.
Sin embargo, Estados Unidos ya puso en marcha distintas políticas como parte de su estrategia de presión financiera.
Por caso, ese mismo día el Tesoro sancionó a más de dos docenas de personas, empresas y buques vinculados a una red de contrabando de petróleo iraní valuada en miles de millones de dólares.
Esta operación puntual apuntó contra dos redes investigadas por EE.UU.: la de la familia Shamkhani, que presuntamente vende crudo iraní y ruso a través de empresas fachada en Emiratos Árabes, India e Islas Marshall y una trama paralela que, según denuncian, intercambiaba petróleo iraní con el régimen de Maduro a cambio de oro venezolano, con las ganancias destinadas a financiar a Hezbollah en el Líbano.
El anuncio dio el pie para expandir y anunciar formalmente una política que Trump adelantó el miércoles pasado a través de cuenta de Truth Social, cuando amenazó con imponer aranceles del 50% a cualquier país que le provea armamento a Irán.
“Las instituciones financieras deben saber que el Tesoro utilizará todas las herramientas y autoridades disponibles, incluidas las sanciones secundarias, contra quienes continúen respaldando las actividades terroristas de Irán”, explicó Bessent en un comunicado oficial.
Esta semana, el Tesoro estadounidense ya había amenazado con implementar este tipo de penalizaciones a las instituciones financieras de China, Hong Kong, los Emiratos Árabes Unidos y Omán.
La advertencia, comunicada vía carta, alertó contra cualquier tipo de transacción u operación con fondos iraníes, intentando bloquear el movimiento de dinero de la república islámica.
Bessent confirmó que las advertencias se extendieron tanto a instituciones financieras como a compañías y naciones.
“Les dijimos a las empresas, les dijimos a los países: si están comprando petróleo iraní, si el dinero iraní está depositado en sus bancos, estamos dispuestos a aplicar sanciones secundarias, que es una medida muy severa”, explicó el titular del Tesoro.

En la misma conferencia de prensa, Bessent confirmó además que EE.UU. no renovará las exenciones temporales de sanciones sobre el petróleo iraní y ruso que había aprobado en marzo para contener el precio del barril. Las licencias para el crudo iraní en tránsito marítimo vencen el 19 de abril.
El historial de sanciones detrás de la guerra económica
La presión financiera de EE.UU. sobre Irán no empezó con la guerra iniciada el 28 de febrero.
En 2018, durante su primer mandato, Trump se retiró del acuerdo nuclear y reimpuso sanciones sobre más de 700 individuos, entidades y buques en un solo día —la mayor acción individual del Tesoro hasta ese momento— apuntando al petróleo, la banca y sectores clave como el acero y el aluminio.
Ese mismo año firmó un decreto ejecutivo que sancionó también los sectores automotrices y el comercio de oro y metales preciosos y en 2019 extendió las restricciones al cobre, el hierro y la industria petroquímica. El objetivo declarado era llevar las exportaciones iraníes de crudo a cero.
En 2020 profundizó la ofensiva con sanciones al banco central iraní, a 18 bancos privados y al sector financiero en su conjunto, al que declaró una amenaza para Estados Unidos. También designó al líder supremo Alí Jameneí —hoy asesinado— y a su canciller como objetivos directos, una escalada sin precedentes.
Bajo Biden, las sanciones continuaron y se ampliaron, con foco en las redes de contrabando de petróleo y el programa de drones que Irán comenzó a exportar a Rusia para la guerra en Ucrania. Para 2024, las designaciones contra la llamada “flota fantasma” —los buques que eluden sanciones para vender crudo iraní— se habían vuelto rutinarias.

Desde el inicio de la guerra, el Tesoro estadounidense acumuló más de 1.000 designaciones bajo la nueva campaña de presión máxima. A eso se sumó el bloqueo naval del Estrecho de Ormuz, impuesto el 13 de abril tras el fracaso de las negociaciones de paz en Pakistán.
Las sanciones secundarias anunciadas esta semana y el vencimiento de las exenciones al petróleo en tránsito son la última escalada de una estrategia que la Casa Blanca lleva casi una década construyendo.
Cómo impactó la guerra en la economía iraní
Más allá de las sanciones, la guerra ya dejó una huella profunda en la economía iraní. Un reciente artículo del Financial Times, reveló el impacto que los bombardeos y ataques de Estados Unidos e Israel tuvieron en la república islámica.
Los bombardeos destruyeron el corazón de su base industrial: plantas petroquímicas en Mahshahr y Assaluyeh —sede del mayor centro energético del país—, las dos mayores acerías y uno de sus principales laboratorios farmacéuticos, Tofigh Darou, que producía tratamientos oncológicos.
Los petroquímicos solos representan casi la mitad de las exportaciones no petroleras iraníes, que en los primeros diez meses del último año fiscal totalizaron u$s 51.600 millones.

La destrucción se extendió también a la infraestructura de transporte y energía. Israel atacó la red ferroviaria en al menos dos puntos y derribó el puente colgante B1, el más grande del país. El ministerio de Energía iraní reportó cerca de 2.000 incidentes graves en la red eléctrica.
A eso se suman los daños a instituciones que Irán tardó décadas en construir: la Universidad Sharif, el principal instituto de ingeniería del país, y el Instituto Pasteur de Teherán, fundado hace más de un siglo.
El impacto sobre el empleo y el tejido social amenaza con ser igual de duradero. Decenas de miles de trabajadores empleados directamente en acero y petroquímicos, y cientos de miles en industrias derivadas, podrían caer en la pobreza.
De acuerdo con el analista Esfandyar Batmanghelidj citado por el FT, los daños tardarán años en reconstruirse y que las sanciones preexistentes dificultarán además importar la maquinaria y los bienes necesarios para compensar la caída de la producción.
Al sumar las nuevas penalizaciones comerciales que EE.UU. impone y amenaza con expandir, el panorama puede volverse aún más complicado para una economía que ya enfrenta la reconstrucción más costosa de su historia reciente.





