A pesar de cierto aletargamiento en la economía de Estados Unidos, el mundo continúa experimentando un fuerte crecimiento, justificando el optimismo que algunos hemos mantenido en los últimos dos años, entre las principales razones, debido al poder de las economías emergentes más grandes: Brasil, Rusia, India y China, los BRICs. Hace ya cinco años que Goldman Sachs introdujo el acrónimo, sugiriendo que la formulación de políticas económicas globales necesitaba una revisión radical para representar mejor al orden económico actual y futuro. Desde entonces, se acordó un modesto cambio en la estructura del FMI y China y los otros países BRIC fueron invitados a asistir a las reuniones de los países industrializados del Grupo de los Siete y del Grupo de los Ocho.
Afortunadamente, el rápido crecimiento de las economías de los BRIC ha ayudado a fortalecer la economía mundial en su momento, directa e indirectamente. Sin embargo, los desafíos que surgieron de la creciente importancia de estos países no pueden incluirse en la estructura gubernamental global actual.
Suele decirse que el agrupamiento de las economías BRIC no tiene sentido porque tienen poco en común. No es cierto. Todos tienen una población que les permite, individualmente, ser tan grandes como las economías más grandes del mundo en los próximos 30 años. Si a la población se le agrega el potencial de productividad, el producto bruto interno combinado de las cuatro economías podría exceder al G7 para 2035. Ninguna otra gran economía en desarrollo tiene este potencial.
En los últimos 5 años, China superó a Italia, Francia y al Reino Unido en términos de tamaño económico, y es probable que supere a Alemania el año próximo, a pesar de las mejoras de éste último.
El enorme potencial de India también es reconocido por muchos. Rusia ha contribuido al crecimiento global en alrededor de un tercio del monto combinado de la zona Euro en dólares, en los últimos 5 años (tanto como India), y sus reservas de moneda extranjera –cerca de u$s 300.000 millones– superan a las de los países de la zona Euro combinadas.
Teniendo en cuenta el pronóstico de un mayor crecimiento de los países BRIC, los desafíos de los recursos, la sostenibilidad que éste implica y la angustia occidental en aumento asociada a su crecimiento, es imperativo que los líderes occidentales alienten cambios institucionales más rápidos en la estructura del G7, el G8, el FMI y otros cuerpos gubernamentales globales.