Capaz de atravesar placas de hielo de hasta 2,5 metros de espesor, el nuevo rompehielos ártico de China es un poderoso símbolo de las ambiciones de Beijing en el extremo norte, donde las tensiones han aumentado por los intentos del presidente estadounidense Donald Trump de reclamar el control de Groenlandia.

La embarcación propuesta, de proa redondeada y propulsión nuclear, presentada como diseño conceptual en diciembre, está pensada como prototipo para la emergente flota polar de Beijing.

El Instituto de Investigación 708, de gestión estatal y responsable del diseño, afirmó que será un buque “multifunción” destinado tanto al transporte de carga como al turismo polar.

Aunque China describe sus intereses en la región en términos de comercio e investigación, pocos analistas dudan del carácter dual —civil y militar— de su programa ártico, que incluye desde el establecimiento de bases científicas hasta cooperación en petróleo y gas y patrullajes militares conjuntos con Rusia cerca de Alaska.

El programa de construcción de rompehielos ha incrementado la alarma en Occidente sobre los avances de China y Rusia en el Ártico, argumento que Trump ha utilizado para justificar una eventual toma de control estadounidense de Groenlandia.

El calentamiento del Ártico está reduciendo el hielo marino, lo que podría abrir rutas marítimas más cortas entre China y Europa.

“China ve el Ártico como una nueva frontera crítica para su competencia geopolítica y geoestratégica con Estados Unidos y con Occidente en general”, señaló Helena Legarda, responsable del programa de relaciones exteriores en el centro de estudios Merics. “Beijing quiere ampliar su influencia, su presencia y su acceso al Ártico”.

Estas ambiciones han profundizado la preocupación entre expertos y responsables políticos en Estados Unidos y otras capitales occidentales, que prevén una carrera por asegurar rutas de navegación más rápidas y baratas, así como recursos naturales abundantes a medida que se derriten los casquetes polares.

El Ártico ofrece múltiples posibilidades para operaciones militares, desde guerra espacial y satelital hasta el posicionamiento estratégico de submarinos con armamento nuclear, lo que eleva el riesgo de que las tensiones deriven en confrontaciones en la disputa por el control del territorio emergente.

El astillero que construyó el primer rompehielos de fabricación nacional también entregó el Fujian, el tercer portaaviones chino, que entró en servicio a fines del año pasado con algunas de las tecnologías militares más avanzadas del país. El astillero es operado por el gigante estatal China State Shipbuilding Corp.

China mantiene ambiciones en el Ártico desde hace décadas, pero su actividad se ha acelerado en los últimos años, en línea con su creciente peso económico y geopolítico.

Beijing adquirió su primer rompehielos, el Xue Long —Dragón de Nieve—, a Ucrania en 1993, antes de comenzar a desarrollar su propia flota. En 2004 inauguró su primera estación permanente de investigación ártica en el archipiélago noruego de Svalbard, seguida por otra en Islandia en 2018.

El nuevo rompehielos ártico chino, capaz de atravesar hielo de hasta 2,5 metros, simboliza las ambiciones de Beijing en el extremo norte. Fuente: archivo.
El nuevo rompehielos ártico chino, capaz de atravesar hielo de hasta 2,5 metros, simboliza las ambiciones de Beijing en el extremo norte. Fuente: archivo.

Ese mismo año presentó su política ártica, que contempla una “Ruta de la Seda Polar” mediante el desarrollo de rutas marítimas en la región. El documento destacó las investigaciones y “levantamientos hidrográficos” chinos destinados a mejorar la “seguridad y las capacidades logísticas en el Ártico”.

Los rompehielos son clave para proyectar poder en regiones polares, ya que permiten acceder a territorios congelados y mantener presencia. La administración Trump destinó u$s 9.000 millones para rompehielos e infraestructura en el Ártico y la Antártida con el objetivo de “asegurar el acceso, la seguridad y el liderazgo estadounidense en las regiones polares”, informó el Departamento de Defensa en diciembre.

En su documento de 2018, China se definió como un “Estado cercano al Ártico”, lo que generó una fuerte réplica del entonces secretario de Estado Mike Pompeo. “Solo existen Estados árticos y no árticos”, afirmó. “No hay una tercera categoría, y sostener lo contrario no le otorga a China absolutamente nada”.

Hasta hace pocos años, según Legarda, Europa era el socio preferido de China en el Ártico. Pero tras el proceso de “reducción de riesgos” respecto de China y Rusia iniciado por Europa luego de la pandemia de Covid-19 y la invasión a gran escala de Ucrania en 2022, Beijing estrechó vínculos con Moscú.

Las principales rutas marítimas entre Europa y China atraviesan territorios controlados por la OTAN, incluidos Canadá y Groenlandia.

En los últimos años, China ha mostrado especial interés en la Ruta Marítima del Norte, que discurre por aguas rusas.

Estas rutas “pueden reducir las distancias de viaje entre un 30% y un 40% en comparación con la ruta tradicional por el Canal de Suez”, afirmó Yu Yun, investigador del Instituto 708, al diario estatal China Daily.

China informó que en septiembre un buque portacontenedores llamado Istanbul Bridge zarpó desde Ningbo, en la provincia oriental de Zhejiang, y navegó por la Ruta Marítima del Norte hasta el puerto británico de Felixstowe. Según Beijing, el viaje marcó “la apertura oficial de la primera ruta exprés de contenedores por el Ártico entre China y Europa”, denominada “China-Europe Arctic Express”.

Beijing también ha invertido en proyectos mineros, energéticos y de infraestructura en el norte de Rusia, desde explotaciones de carbón cerca de Murmansk hasta un puerto de aguas profundas en Arkhangelsk, en el mar Blanco, que la principal naviera china, Cosco, planea utilizar como su base ártica principal.

No obstante, expertos consideran que, si bien Rusia busca oportunidades económicas con China, existe un límite a su disposición a cooperar.

“Rusia coopera estrechamente con China, pero hay cierta ambigüedad respecto a permitirle mayor entrada en el Ártico, ya que quiere ser la potencia hegemónica”, señaló Tore Sandvik, ministro de Defensa de Noruega.

En los últimos años, China ha mostrado especial interés en la Ruta Marítima del Norte, que discurre por aguas rusas. Fuente: archivo.
En los últimos años, China ha mostrado especial interés en la Ruta Marítima del Norte, que discurre por aguas rusas. Fuente: archivo.

Un alto funcionario nórdico afirmó que los ocho Estados árticos, incluida Rusia, no desean que China asuma un papel formal en la región polar. “China se autodefine como un Estado cercano al Ártico, y creo que eso es lo suficientemente ‘cercano’ para todos nosotros. No queremos una forma de gobernanza que le otorgue voz a China”.

Sin embargo, James Char, experto en China de la S Rajaratnam School of International Studies en Singapur, sostuvo que la estrategia de Beijing consiste en construir una “presencia a largo plazo” en la región, más que en una “proyección de poder sin disimulo”.

La mayor parte de la actividad militar china, incluidas patrullas navales y aéreas conjuntas con Rusia, se ha concentrado cerca de Alaska —a unos 4.000 kilómetros de Groenlandia—, según Jo Inge Bekkevold, investigador principal del Instituto Noruego de Estudios de Defensa. “Hasta la fecha no se conoce ningún buque militar chino que haya navegado en el océano Ártico”, afirmó.

Bekkevold también consideró que la utilidad militar de la Ruta Marítima del Norte suele exagerarse. Sus estrechos corredores y temporadas cortas podrían dejar a los buques vulnerables en caso de conflicto, y resultaría difícil para China introducir submarinos nucleares en el Ártico a través del estrecho de Bering sin ser detectados.

Aunque el trayecto desde el norte de China hacia Europa podría ser más corto por el Ártico, para los exportadores del cinturón manufacturero del sur del país sigue siendo más rápido enviar mercancías por el Canal de Suez hacia Grecia, añadió.

Por su parte, China ha procurado presentar sus intereses en el Ártico en términos civiles más que estratégicos.

El nuevo rompehielos del Instituto 708 podrá transportar cientos de pasajeros y contenedores y ofrecerá una experiencia de viaje polar “lujosa, inmersiva y segura”, afirmó Cui Meng, ingeniero de buques polares del instituto, al China Daily.

Char concluyó que China presenta sus actividades como orientadas a la investigación, el comercio o el turismo, “pero también está marcando presencia y reclamando espacio en algunas de estas regiones árticas para sí misma”.