Según informa el presidente de la Asociación de Importadores Textiles, este año se importó, casi exclusivamente de China, cerca del 80% de los trajes que se verán en el icónico carnaval de Brasil.
La gran mayoría, desde las creaciones más tradicionales acompañadas de escuelas de samba que son para el alarde hasta conjuntos estrambóticos, como el traje de Elvis Presley y la máscara Osama Bin Laden, se hace con el poliéster y el nylon de China, y a veces, de Corea del Sur.
En el curso de los últimos años, los productos importados de China, que son muy baratos, inundaron el país latinoamericano, como resultado de la veloz apreciación del real, lo que provocó la interrupción de la actividad en varios sectores de la economía y le presentó a Dilma Rousseff el que sería, hasta el momento, uno de los dilemas políticos más grandes de su presidencia. Ahora el carnaval de cuatro días más famoso del país, que termina el martes, es ‘made in China’.
Jonatan Schmidt, presidente de la Asociación, le comentó al Financial Times: “Hace quince años, todo era distinto. Todo era de producción brasileña”.
En un barrio que está al norte de San Pablo, Claudia Sakuraba mira miles de muestras de fábrica en su salón de exposición. Las trajo de China a un 40% menos que los precios brasileños.
La dueña (43) de Carnaval Store, que abastece a las escuelas de samba y a los negocios de trajes, afirmó: “Cuando se fortaleció el real o, más bien, se debilitó el dólar, la industria del carnaval reaccionó como lo hizo cualquier otra. Naturalmente, importamos más”.
Cuando Sakuraba fundó su empresa en 2005, el tipo de cambio era de 2,5 reales por dólar, así que solo importaba cerca del 30% de las telas. Ahora que el cambio es 1,6 reales por dólar, importa aproximadamente el 60%.
Añade: “No solo es el tipo de cambio. Hubo escasez de nuevos equipos e inversiones en el sector textil durante años. La demanda es tan intensa que no dan abasto”.
Los economistas sostienen que los esfuerzos del Brasil para combatir la apreciación de su moneda son vanos y que la única solución que hay, no solo para el sector textil, sino para la industria toda, es mejorar la capacitación y realizar inversiones para conseguir mejores maquinarias y desarrollar infraestructura.
Pero pese a los prometedores esfuerzos de Petrobras, la petrolera controlada por el Estado, de expandir su propia producción de poliéster en el noreste de Brasil, no es probable que, en breve, el carnaval vuelva a fabricarse en ese país.
Unas pocas cuadras al sur de Carnaval Store, está Festas e Fantasias, de Pierre Sfeir, que es una de los negocios de disfraces más grandes y concurridos de San Pablo.
Un tanto apretado entre el mostrador y un abultado perchero de disfraces de hadas, el propietario libanés (54) explica que todavía se decoran o arman en el Brasil muchos de los productos finales.
“Aún es una fiesta brasileña”, indica y señala que dos de las máscaras más pedidas este año son de políticos de ese país: de Tiririca, payaso profesional que hace poco ganó una banca en el Congreso del Brasil, y la presidenta Rousseff.
Agrega: “(La de) Lula siempre era la que más se vendía” Ahora nadie la quiere, pero por las dudas, todavía tenemos unas cuantas atrás”.
Traducción: María Eugenia García Mauro
