Por regla general, los inversores institucionales dejan el arte fuera de sus carteras de inversión. No hay lugar para Van Goghs. Ni Monets. Ni siquiera un Banksy o un Tracey Emin a un precio razonable suelen aparecer en sus listas de tenencias financieras.

Diversas razones explican su falta de interés. La principal es el rendimiento mediocre del arte, comparado con las acciones, especialmente en el corto plazo, así como los gastos relacionados con su cuidado.

Pero los estrategas hacen hincapié en que el uso del arte como una forma de diversificar las carteras mejora en el largo plazo.

Un estudio realizado en diciembre por Kyle Sommer, vicepresidente del JPMorgan Securities Services Group, revela que el mercado del arte tuvo una correlación casi nula con el mercado de acciones de Estados Unidos y negativa con los fondos de inversión inmobiliaria (REIT) en los últimos 25 años.

Asimismo, el estudio de Sommer indica que la volatilidad del arte fue menor que la de las acciones de Estados Unidos e internacionales, así como de los commodities durante el último cuarto de siglo.

Sobre una base ajustada al riesgo, el desempeño del índice Mei Moses World All Art coincidió con el del S&P500 en los últimos 25 años también.

Sin embargo, los beneficios relativos del arte como inversión a largo plazo no logran ocultar su mal desempeño reciente.

El año pasado, por ejemplo, el índice Mei Moses World All Art -que analiza los precios del arte en todos los géneros, desde obras impresionistas y de posguerra hasta de arte contemporáneo- cayó 3,28%, mientras que el S&P500 subió 13,4% y el FTSE250, 22,5% en términos de libras esterlinas. El mejor desempeño (en períodos de 12 meses) fue informado por el índice de seguimiento de Viejos Maestros y pinturas del siglo XIX, que subió 6,4%.

Fue interesante. Hubo mucho alboroto en la prensa respecto de los altos precios que se pagan en diversas subastas, comenta Michael Moses, creador del índice Mei Moses, que analiza los precios de unas 25.000 pinturas y obras de arte vendidas en subastas.

Pero en todas las categorías, salvo las pinturas de Viejos Maestros, los precios se mantuvieron bajos o planos.

De hecho, muchos estrategas siguen teniendo una visión bajista del arte en el corto plazo.

Según Dan Briggs, director general de inversiones de Fleming Family & Partners, cuesta ver el arte como una inversión racional, como las acciones o los bienes inmuebles que, si bien no son líquidos, generan un rendimiento. En un mundo de creciente transparencia y control, el arte tiene que lucharla, comenta. Y encima no genera rendimiento alguno.

Briggs agrega: También hay que ser cuidadoso. Uno es muy susceptible a las modas, a los estilos cambiantes y a la necesidad de recibir muy buen asesoramiento de las personas adecuadas.

Pero con tasas de interés casi nulas y mercados deprimidos, el arte cuenta con cierto apoyo de los asesores de inversión. Delyth Richards, jefa de investigación de Kleinwort Benson, también defiende los beneficios del arte como diversificador de carteras.

Richards señala que "de hecho ofrece cierta diversificación respecto de activos más tradicionales y estudios a largo plazo muestran que la correlación entre el mercado del arte y el de acciones es inferior a 0,47." Pero advierte que los precios del arte no están libres de las dificultades económicas.

Sostiene que el arte cayó durante la Primera Guerra Mundial, la Gran Depresión, y después de la crisis del petróleo de 1973.

El tamaño del mercado del arte es relativamente grande y va en aumento; según las últimas cifras de la European Fine Art Foundation, alcanzó nada menos que u$s 46,1 billones en 2011, teniendo en cuenta subastas públicas y ventas privadas.

Esto representa aproximadamente un aumento de seis veces el tamaño del mercado en los últimos 20 años.

Según Sommer, los precios del arte se mueven en ciclos lentos y de largo plazo, con géneros que ofrecen mejores rendimientos que otros.

Por lo tanto, tal como sucede con otras clases de activos, los inversores deben procurar diversificar sus tenencias de arte y gestionar su exposición a un determinado género, artista o trabajo.

Otra ventaja es que el arte actúa como una cobertura eficaz contra la suba de precios cuando la inflación aumenta. En promedio al arte le fue considerablemente mejor en los últimos 40 años cuando la inflación estaba alta, señala Sommer. "Los retornos que generan las obras de arte parecen los más débiles en un entorno de baja inflación".

El arte también es sensible a la decadencia y la caída de la economía de una región. Según Sommer, el fuerte derrumbe que sufrió el mercado de arte en la década de 1990 coincidió con el colapso de la economía japonesa, dado que los compradores japoneses se retiraron del mercado.

Durante los años de hiperinflación de la década de 1980, los inversores japoneses invirtieron fuertemente en arte.

Al colapsar el mercado inmobiliario japonés, la riqueza se desmoronó y muchos segmentos del mercado del arte se derrumbaron, escribió Sommer en el informe de JPMorgan.

Es posible que los grandes inversores vean altos retornos de inversión en arte. Consideremos el ejemplo del fondo de pensiones de la British Rail. Según Sommer, a mediados de los años setenta, alrededor de 70 millones de dólares (es decir, 3% del capital del fondo de pensiones de los trabajadores ferroviarios del Reino Unido) se invirtieron en cerca de 2.500 obras de arte, que van desde pinturas y manuscritos a muebles y piezas de cerámica. El informe de JPMorgan revela que el retorno anualizado de Railpen fue de 11,3% en su asignación de arte en el período que va desde 1974 hasta 1999.

Aun no se sabe si el arte cobrará mayor aceptación como un activo alternativo en los próximos años.

No obstante, los estrategas dicen que en medio de toda la incertidumbre del mercado, el arte está captando el interés de los inversores institucionales que miran más allá en busca de rendimiento.