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Tras varios días de estabilidad y temperaturas inusualmente altas para finales de febrero, el mapa meteorológico vuelve a cambiar. La tregua que dejó el anticiclón tiene fecha de caducidad y los modelos ya anticipan un nuevo episodio de inestabilidad.

El ascenso térmico que llevó los termómetros por encima de los 20 grados en la mayoría de las capitales dará paso a un escenario muy distinto. La entrada de frentes atlánticos reactivará las lluvias, el viento y un descenso acusado de temperaturas, sobre todo en la mitad norte peninsular.

Durante el fin de semana, la dorsal anticiclónica permitió cielos despejados, amplitudes térmicas marcadas y registros más propios de abril.

Sin embargo, esa configuración atmosférica comienza a debilitarse mientras el chorro polar se ondula y favorece la aproximación de nuevas borrascas desde el Atlántico.

Los expertos advierten que el contraste térmico acumulado en los últimos días puede intensificar el desarrollo de un sistema de bajas presiones en el entorno del oeste o noroeste peninsular. De confirmarse, el temporal dejaría precipitaciones generalizadas, nevadas en zonas de montaña y rachas fuertes en áreas costeras y puntos elevados.

¿Cuándo llegará el cambio definitivo?

Los modelos apuntan al martes como jornada clave. A partir de ese momento, el anticiclón perderá influencia y permitirá la entrada de un frente activo que avanzará desde Galicia hacia el interior.

Imagen creada con ChatGPT

Las primeras lluvias afectarían al noroeste, con acumulados significativos en Galicia, Asturias y Castilla y León. Con el avance de las horas, las precipitaciones podrían extenderse hacia el centro y puntos del Mediterráneo.

El descenso térmico será progresivo, aunque más acusado en el norte. Las máximas podrían caer entre 6 y 8 grados respecto a los valores registrados durante el pico cálido del lunes, lo que devolverá un ambiente más acorde con la época.

¿Qué zonas sentirán más el impacto del temporal?

La mitad norte peninsular concentra el mayor riesgo de lluvias persistentes y viento intenso. El Cantábrico podría registrar oleaje notable y rachas fuertes, mientras que en sistemas montañosos se esperan nevadas si la cota desciende.

En el centro, el cambio se notará en forma de cielos cubiertos y lluvias intermitentes, junto con un descenso térmico claro respecto al episodio cálido previo.

Imagen creada con ChatGPT

En el litoral mediterráneo y Baleares, la evolución dependerá de la trayectoria final de la borrasca. Si el sistema profundiza cerca de la Península, no se descartan chubascos intensos acompañados de viento.

La situación mantiene un carácter dinámico. La breve calma que trajo el anticiclón se despide y el cierre de febrero podría volver a estar marcado por la inestabilidad, el contraste térmico y la posibilidad de un nuevo temporal con nombre propio.