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Desde diciembre de 2023, la economía argentina volvió a crecer, pero el mercado laboral todavía no consiguió acompañar ese movimiento.

Más allá de lo que pueda pasar hacia adelante, con una anunciada “recesión técnica”, hablando en cifras, entre el cuarto trimestre de 2023 y el segundo trimestre de 2026, el PBI real aumentó 5,8% y en el mismo período, tanto el empleo registrado total como el empleo privado registrado retrocedieron aproximadamente 4%.

El dato plantea una pregunta que va más allá de la coyuntura. Si una economía cambia sus precios relativos, modifica las condiciones de competencia, abre sectores y reasigna recursos, ¿cuánto tarda esa transformación en convertirse en nuevos puestos de trabajo?

Un informe del Centro de Empresa y Crecimiento del IAE Business School de la Universidad Austral encuentra un antecedente en Australia, que brinda una lección valiosa que puede aplicarse a la Argentina.

A comienzos de los años noventa, ese país atravesó un desacople similar entre actividad y empleo durante un proceso de reformas estructurales que se había iniciado una década antes. La comparación no implica que Argentina vaya a repetir la experiencia australiana, pero sirve para dimensionar los tiempos de una transición y advertir que una recuperación del producto puede preceder durante varios años a la del empleo.

PBI y empleo en Argentina: una recuperación que todavía no llega al mercado laboral

Tomando el cuarto trimestre de 2023 como 100, el PBI real llegó a 105,8 en el segundo trimestre de 2026. El empleo registrado privado, en cambio, quedó en 95,7. La brecha no es menor.

La economía produjo más que a fines de 2023, pero lo hizo con menos trabajadores asalariados privados registrados.

El IAE advierte, además, que esto no significa necesariamente que el mercado laboral argentino esté atravesando una caída homogénea.

El empleo registrado es un agregado que combina distintas modalidades y detrás de ese número hay comportamientos muy diferentes.

El monotributo, por ejemplo, aumentó 7,9% respecto del cuarto trimestre de 2023. Los autónomos se mantuvieron prácticamente estables.

En cambio, el empleo privado registrado, el empleo público y el empleo en casas particulares permanecieron por debajo de aquel nivel.

Por eso, una parte de la historia también pasa por qué tipo de empleo está creciendo y cuál está perdiendo terreno.

Empleo privado: la industria y la construcción son las más rezagadas

La diferencia se vuelve todavía más evidente cuando se mira por actividad. Desde diciembre de 2023, el agro es el sector con mejor desempeño relativo y se encuentra 2,4% por encima de su nivel de entonces.

El comercio, en cambio, está 1,3% por debajo y los servicios, 2,7% abajo.

La industria registra una caída de 7,3%, mientras que la construcción presenta el mayor retroceso, con 11,5% menos empleo registrado que en diciembre de 2023.

La recuperación, entonces, no está distribuyendo sus efectos de manera uniforme. Hay sectores que ya recuperaron o superaron el nivel de empleo de fines de 2023 y otros que todavía se encuentran considerablemente por debajo.

El informe agrega una perspectiva de largo plazo que resulta relevante. Entre enero de 2009 y junio de 2026, el empleo registrado en comercio aumentó 21,3% y el de servicios 14,8%. En cambio, industria y construcción se encontraban aproximadamente 6% por debajo de sus niveles de 2009.

La brecha actual, por lo tanto, no nació con el programa económico iniciado a fines de 2023. La transformación reciente se superpone con una historia más larga de bajo dinamismo del empleo industrial y asalariado privado.

El mapa del empleo también está cambiando

El informe encuentra diferencias importantes entre departamentos. Los territorios vinculados con petróleo y gas, particularmente los relacionados con Vaca Muerta y otras áreas conectadas con la cadena de hidrocarburos, aparecen entre los que muestran una evolución más dinámica del empleo privado registrado.

Pero el IAE introduce una advertencia importante: no es posible atribuir automáticamente esos cambios a Vaca Muerta.

Para medir una parte específica del fenómeno, el estudio analiza el empleo en servicios directamente relacionados con la extracción de petróleo y gas. Entre diciembre de 2019 y diciembre de 2025, Neuquén incorporó 1.259 puestos en esa rama, un aumento de 7%.

El Gran Buenos Aires, partiendo de una base mucho menor, pasó de 192 a 431 empleos, un incremento de 124%.

El fenómeno se vuelve más amplio cuando se incorporan otras actividades que potencialmente pueden formar parte de la cadena de proveedores de Oil & Gas.

El IAE analiza 12 ramas que incluyen metalmecánica, equipos, bombas, maquinaria, logística, transporte y alquiler de maquinaria. Entre 2019 y 2025, esas actividades sumaron 36.448 puestos de trabajo asalariado privado registrado a nivel nacional, un crecimiento de 12%.

Neuquén tuvo el mayor crecimiento relativo, de 53%, con 5.126 puestos adicionales. Pero el derrame no quedó limitado a esa provincia. El Gran Buenos Aires sumó 11.968 empleos en esas actividades, un 16% más, mientras que el resto de la provincia de Buenos Aires incorporó 7.716, con una suba de 17%.

Australia: cuando el PBI volvió antes que el empleo

El caso de Australia puede proveer una lección a la Argentina. El país de Oceanía comenzó en 1983 una agenda de reformas que incluyó desregulación financiera, flotación del tipo de cambio, reducción de aranceles, privatizaciones, reformas laborales y nuevas reglas fiscales y monetarias.

El proceso se extendió durante más de una década y atravesó distintos gobiernos y shocks externos.

La transición tuvo costos importantes. En 1983, el desempleo australiano alcanzaba 10%. En 1993 volvió a tocar 11%.

Entre 1990 y 1993 se perdieron más de 200.000 puestos de trabajo y la tasa de desempleo, que había sido de 6% en 1989, tardó más de una década en regresar a ese nivel, recién en 2000. Esta es una enseñanza que puede mirar la Argentina.

Pero el dato más parecido con la Argentina actual aparece cuando se mira la relación entre producto y empleo.

Tomando como referencia el cuarto trimestre de 1989, cuando Australia profundizó su apertura comercial con una reducción de aranceles, para el segundo trimestre de 1993 el PBI ya estaba 6% por encima de aquel nivel. El empleo asalariado privado, sin embargo, todavía estaba 3% por debajo.

La economía había vuelto a crecer. Las empresas todavía no habían recuperado plenamente su demanda de trabajadores.

Milei con trabajadores

La recuperación laboral australiana llegó casi cuatro años después

Después del período de reformas y de la recesión de comienzos de los noventa, la recuperación del empleo llegó casi cuatro años después, en el segundo trimestre de 1994.

A medida que el crecimiento se consolidó, aumentó la inversión y la economía ganó capacidad de adaptación, el empleo total y el asalariado privado retomaron una trayectoria ascendente.

El punto que busca marcar el IAE no es que el empleo pueda esperar indefinidamente. Es que el vínculo entre crecimiento y contratación puede tener un rezago importante cuando una economía atraviesa una reconversión profunda.

En esos procesos, las empresas no necesariamente contratan apenas aumenta el producto. Primero pueden aumentar la productividad, utilizar capacidad instalada que ya tienen, reorganizar procesos, modificar proveedores o sustituir trabajo por capital.

Recién después, si el crecimiento se consolida y aparecen nuevas inversiones, puede aumentar la demanda de trabajadores. De esta manera, la comparación australiana sirve para poner esa secuencia de recuperación en perspectiva. La lección concreta es que, a veces, los tiempos de estos procesos pueden ser largos.

La cantidad de empresas también importa

Según datos del Observatorio de Empleo y Dinámica Empresarial, en el cuarto trimestre de 2023 había aproximadamente 569.000 empresas empleadoras y 6,372 millones de puestos de trabajo asalariado privado registrado.

Al cuarto trimestre de 2025, las empresas habían bajado a unas 540.000 y los puestos a 6,186 millones. Eso implica unas 29.000 empresas empleadoras menos y 186.000 puestos asalariados privados menos.

La caída del número de empresas fue incluso más pronunciada que la del empleo. Y los flujos tampoco muestran todavía una recuperación clara.

Durante el cuarto trimestre de 2025 se registraron cerca de 20.000 cierres de empresas, mientras las aperturas fueron algo más de 14.000. Es decir, las nuevas empresas no alcanzaron para compensar las salidas.

La lección de Australia para Argentina en materia de empleo

El informe del IAE no presenta la experiencia australiana como un modelo que Argentina vaya a repetir.

De hecho, advierte que la comparación no constituye una promesa ni una excusa para desatender los costos actuales de la transición. La principal advertencia es que esos costos laborales existen y deben ser monitoreados.

La experiencia australiana aporta otra lección: una referencia sobre los tiempos.

En Argentina, el PBI ya recuperó el terreno perdido y se encuentra 5,8% por encima del nivel de fines de 2023, pero el empleo registrado privado sigue cerca de 4% por debajo.

La transformación tampoco está siendo homogénea. Agro y algunas actividades vinculadas a energía muestran mejores resultados, mientras industria y construcción continúan rezagadas.

La incógnita, entonces, ya no es solamente si la economía argentina puede volver a crecer. Es cuándo ese crecimiento comenzará a generar más empresas, más inversión y más empleo privado registrado de manera sostenida.