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El fuerte salto que mostró la actividad económica en diciembre confirmó que 2025 cerró con crecimiento. Pero detrás de ese dato aparece una pregunta clave: ¿cuánto de esa expansión es sostenible en 2026?

El martes, el INDEC informó que la economía creció 4,4% en 2025, revirtiendo la caída del 1,8% registrada en 2024. El dato surge del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), el indicador que funciona como un anticipo del PBI y mide la evolución de la actividad mes a mes.

Solo en diciembre, el EMAE avanzó 3,5% frente al mismo mes del año anterior y 1,8% respecto de noviembre, una vez descontados los efectos estacionales. Con estos números, la actividad cerró el año en el nivel más alto desde que comenzó la serie en 2004.

Pero el crecimiento no fue generalizado. Mientras el agro se disparó un 32,2%, seguido por pesca (18,3%) y la intermediación financiera (14,1%) también con subas de dos dígitos, la industria volvió a caer y el comercio marcó nuevamente un retroceso. Así, aunque el rebote tuvo motores claros, este no alcanzó a toda la economía.

En ese contexto, el último informe de la consultora LCG introduce una advertencia en cuanto a la economía. Aunque reconoce que el dato de diciembre fue llamativo, la consultora sostiene que no espera un crecimiento alto para este año y proyecta una expansión por debajo del 3% anual promedio en 2026.

En particular, el análisis identifica tres factores que explican por qué la economía no debería crecer tanto el próximo año.

Las 3 razones por las que la economía no crecerá tanto en 2026

1. El arrastre estadístico no implica una aceleración real

“Diciembre dejó un arrastre estadístico más elevado para 2026”, señala LCG. En términos simples: dado que la economía terminó 2025 en un nivel alto, el promedio de 2026 arranca con varios puntos a favor, incluso si los próximos meses no muestran grandes avances.

De hecho, buena parte del crecimiento de 2025 ya venía heredado de la recuperación de fines de 2024. Eso ayuda a entender por qué el 4,4% anual parece sólido, aunque durante el año la mejora no haya sido tan extendida.

A esto se suma que el crecimiento estuvo concentrado en pocos sectores y que parte del avance respondió a efectos contables vinculados a recortes de subsidios e impuestos.

En otras palabras, el piso alto deja un buen punto de partida para 2026, pero no garantiza que haya comenzado un nuevo ciclo de crecimiento amplio y sostenido.

2. El crecimiento seguirá concentrado en pocos sectores

“Aun con el llamativo crecimiento de diciembre (…) no esperamos un crecimiento alto”, advierte la consultora. Es que, para LCG, la tendencia actual de heterogeneidad en el EMAE se mantendría en 2026.

Así, la tendencia de expansión prevista para este año descansaría en algunos pocos sectores, los mismos que empujaron en 2025: Oil& Gas, minería, el agro e intermediación financiera a la cabeza.

El dato ayuda a dimensionar el fenómeno: el crecimiento anual acumulado de 4,4% el año pasado fue altamente dependiente de tres rubros —agro, sector financiero y minería— que explicaron cerca de 2,8 puntos porcentuales del total. Es decir, fueron responsables de casi el 80% de la expansión económica.

Mientras tanto, los sectores más vinculados al mercado interno mostraron un desempeño mucho más débil. La industria cayó alrededor de 4% anual, el comercio retrocedió cerca de 2% y hoteles y restaurantes también registraron bajas. Sin el aporte de los sectores exportadores y financieros, la economía habría crecido al menos un punto porcentual menos.

Los sectores más vinculados al mercado interno mostraron un desempeño mucho más débil. Fuente: archivo.
Los sectores más vinculados al mercado interno mostraron un desempeño mucho más débil. Fuente: archivo.

Para 2026, el panorama no cambia sustancialmente. “No encontramos drivers que empujen el crecimiento”, sostiene LCG. Esto significa que no aparecen nuevos motores capaces de dinamizar de manera más amplia el consumo, la inversión o la producción industrial. Con salarios aún contenidos y empleo de baja calidad, el crecimiento seguiría siendo selectivo y concentrado en actividades que no necesariamente traccionan al resto del entramado productivo.

3. Persisten límites macroeconómicos sobre la demanda

El tercer factor que menciona LCG tiene que ver con las restricciones que siguen pesando sobre la economía interna. La consultora habla de una demanda “poco pujante”, con salarios reales todavía contenidos y una creación de empleo de baja calidad que difícilmente se revierta en el corto plazo.

En este contexto, incluso con una eventual mejora regulatoria o avances en la reforma laboral, el consumo no aparece como un motor claro para 2026. Sin un repunte sostenido del ingreso real de los hogares, la recuperación difícilmente se amplíe al resto de los sectores.

A eso se suma un impulso fiscal nuevamente negativo. Si el Gobierno profundiza la consolidación de las cuentas públicas para cumplir metas más exigentes, el gasto público no actuará como dinamizador adicional de la actividad, sino más bien como un factor contractivo.

También pesa el frente externo. La apertura comercial en un escenario de tipo de cambio más apreciado puede intensificar la competencia sobre sectores industriales que aún no recuperan niveles previos. Esto limita las posibilidades de que la industria lidere una nueva etapa expansiva.

En ese marco, LCG proyecta un crecimiento para 2026 por debajo del 3%. Dado que el año ya arranca con un arrastre estadístico cercano a dos puntos, eso implica que el crecimiento “nuevo” del próximo año sería muy acotado. El desafío, entonces, no es sostener un rebote técnico, sino generar condiciones para una expansión más amplia y menos dependiente de pocos sectores.