Durante años, el huevo cargó con la fama de ser un enemigo del corazón por su contenido de colesterol, y muchas personas lo borraron del desayuno por las dudas.
Hoy, la ciencia reescribió esa historia: según investigaciones de Harvard, comer un huevo por día es seguro para el corazón de la mayoría de las personas y no aumenta el riesgo de sufrir un infarto.
Qué le pasa a tu cuerpo si comes un huevo todos los días, según Harvard
La conclusión se apoya en grandes estudios, muchos de ellos realizados en la Escuela de Medicina de Harvard, que siguieron a cientos de miles de personas durante décadas. Los participantes informaban qué comían y qué problemas de salud desarrollaban con el tiempo.
El resultado fue contundente: quienes consumían hasta un huevo por día no presentaron tasas más altas de infartos, accidentes cerebrovasculares (ACV) ni otras enfermedades cardiovasculares que el resto.
En palabras del propio material de Harvard, el colesterol de un huevo por día es seguro para la mayoría de las personas, y un huevo diario no incrementa el riesgo de un ataque cardíaco.
Por qué el colesterol del huevo no es el problema
Durante mucho tiempo se asumió que el colesterol de los alimentos se traducía directamente en colesterol en la sangre, pero el cuerpo no funciona tan lineal. La mayor parte del colesterol que circula por la sangre la fabrica el propio hígado, y lo hace sobre todo en respuesta a las grasas saturadas y las grasas trans de la dieta, no tanto al colesterol que viene en la comida. Por eso, el colesterol del huevo pesa mucho menos de lo que se creía en el nivel de colesterol sanguíneo.
Lo que de verdad importa: con qué acompañas el huevo
Este es el matiz que conviene no perder de vista, porque ahí está el riesgo real. Lo que suele hacer daño al corazón no es el huevo en sí, sino lo que lo acompaña. Harvard es claro: la grasa saturada de la manteca, el queso, el tocino (bacon), las salchichas, los muffins o las facturas eleva el colesterol en sangre mucho más que el colesterol del huevo.
Lo mismo vale para los carbohidratos refinados, como el pan blanco, las papas fritas caseras, las masas y la bollería, que también pueden aumentar el riesgo de enfermedad cardíaca y ACV. Dicho de otro modo: un huevo hervido o pochado con pan integral es muy distinto de un huevo frito en manteca con tocino y tostadas blancas.