Uno de los principales desafíos para cualquier destino turístico consiste en equilibrar el aumento de visitantes con el cuidado de sus recursos. En Costa Rica, la conservación es parte central de la experiencia que busca el viajero.
“Crecimiento y conservación no son conceptos que se contrapongan. Pueden desarrollarse en paralelo”, explica Heilyn James. Y agrega: “Nuestros parques nacionales, playas, volcanes, flora y fauna son algunos de los motivos por los cuales el turista viene a Costa Rica. Si queremos continuar con el crecimiento turístico, tenemos que seguir cuidando aquello que hace atractivo al país”.
La propuesta se apoya en programas como Bandera Azul Ecológica, una iniciativa que reconoce el compromiso de las comunidades con la protección de los recursos naturales y la implementación de prácticas sostenibles. Actualmente, 143 playas cuentan con esta certificación.
El trabajo, sin embargo, no se limita a la gestión ambiental. También incluye educación y participación comunitaria. “Es un trabajo continuo, de hormiguita. Hay que seguir integrando comunidades y personas. Esto se logra a través de la educación, que debe comenzar desde las escuelas”, señala Heilyn James.





