Más allá del verano: el daño silencioso que redefine el cuidado de la piel

Especialistas advierten sobre el daño acumulativo de la radiación y destacan la importancia de adoptar hábitos de cuidado sostenidos durante todo el año.

No hace falta estar en la playa ni exponerse al sol del mediodía para que la piel empiece a dañarse. Durante décadas, el uso del protector solar estuvo asociado casi exclusivamente a la playa, la pileta o las vacaciones. Sin embargo, el avance del conocimiento científico y los cambios en los hábitos de vida dejaron en claro que la exposición a los agentes que dañan la piel es constante y no se limita a los meses de calor.

La radiación actúa todos los días, incluso en trayectos urbanos, detrás de una ventana o frente a una pantalla. Sus efectos no siempre se ven de inmediato, pero se acumulan con el paso del tiempo y dejan huella.

En ese escenario silencioso, la fotoprotección diaria dejó de ser una recomendación estacional para convertirse en una decisión clave de cuidado y prevención.

Aun así, el hábito todavía no está plenamente incorporado. Según datos recientes, seis de cada diez argentinos utilizan protector solar durante el verano, pero solo uno de cada diez lo hace de forma cotidiana a lo largo del año.

Para Lidherma, esta diferencia refleja la necesidad de seguir profundizando el trabajo en educación, prevención y concientización.

Los rayos UVA atraviesan vidrios, los UVB mantienen su efecto incluso en días nublados y la luz azul emitida por pantallas de celulares, computadoras y otros dispositivos digitales también contribuye al envejecimiento cutáneo y a la aparición de manchas.

“El protector solar no es un complemento ni un paso opcional: es la base de cualquier rutina de cuidado de la piel. Incorporarlo todos los días es una decisión clave para preservar su salud a largo plazo”, explica Karla Vasconcel, técnica cosmiatra y capacitadora de Lidherma.

Daño acumulativo y prevención a largo plazo

Uno de los principales desafíos en materia de cuidado cutáneo es comprender que el daño solar no siempre es inmediato ni visible. La radiación actúa de manera silenciosa y acumulativa, altera la estructura de la piel, debilita su función barrera y favorece la aparición temprana de signos de envejecimiento, como arrugas, flacidez y manchas. A esto se suma el impacto del estrés oxidativo generado por la contaminación ambiental y la exposición prolongada a la luz azul.

Desde esta perspectiva, la fotoprotección diaria se consolida como una herramienta de prevención clave. No solo ayuda a reducir los signos visibles del envejecimiento, sino que también contribuye a preservar la salud general de la piel y su capacidad de regeneración con el paso del tiempo.

Daño acumulativo y prevención a largo plazo

En línea con las tendencias globales en dermocosmética, Lidherma promueve un enfoque de cuidado basado en rutinas simples, realistas y sostenibles. La propuesta se apoya en tres pasos esenciales: limpieza, hidratación y protección.

Sostenidos en el tiempo, estos hábitos permiten mantener el equilibrio cutáneo y potenciar los resultados sin necesidad de protocolos complejos o difíciles de sostener en la vida cotidiana.

La experiencia de uso juega un rol central en la constancia. Durante años, muchas personas asociaron el protector solar con texturas densas, residuo blanco o sensación pegajosa, factores que atentaban contra su uso diario. Frente a este escenario, la innovación en fotoprotección avanzó hacia fórmulas más livianas, de rápida absorción y alto confort, pensadas para integrarse de manera natural a la rutina urbana y laboral.

Innovación aplicada a la fotoprotección diaria

El enfoque se refleja en Dherma Sun FPS 50, la línea de fotoprotección facial desarrollada por Lidherma para ofrecer protección integral frente a los principales agresores ambientales. Las fórmulas combinan filtros solares fotoestables de última generación con antioxidantes como la vitamina E, un activo clave para neutralizar los radicales libres y reducir el estrés oxidativo.

La propuesta se completa con activos botánicos avanzados y la incorporación de la tecnología Bluescreen™, diseñada para contrarrestar tanto los efectos de la radiación solar como el impacto de la luz azul sobre la piel.

La línea cuenta con distintas presentaciones —con y sin color, efecto toque seco y opciones específicas para zonas delicadas como los labios— que responden a una demanda creciente del consumidor: productos eficaces, agradables al uso y fáciles de incorporar a la rutina diaria, sin resignar protección.

Un cambio cultural en el cuidado de la piel

El cuidado de la piel ya no se limita a una cuestión estética. En un contexto donde la prevención gana cada vez más protagonismo, la fotoprotección diaria se consolida como una práctica de salud que impacta directamente en el bienestar a largo plazo. Incorporar este hábito permite reducir el envejecimiento prematuro, prevenir la aparición de manchas y preservar la calidad de la piel con el paso del tiempo. Para Lidherma, este cambio implica acompañar al consumidor con productos innovadores y con información clara que ayude a construir rutinas de cuidado conscientes y sostenidas.