Martín
Zuppi
Presidente de Stellantis Argentina
“Un líder no está para saber
más que su equipo, sino
para escucharlo y armarlo”
“Un líder no está para saber más que su equipo, sino para escucharlo y armarlo”
Con más de 30 años en la industria automotriz, Martín Zuppi conduce uno de los grupos más complejos del mercado local. Desde Stellantis, explica cómo se lidera en un negocio atravesado por marcas centenarias, cambios tecnológicos y un contexto argentino siempre desafiante.
“Al jefe lo siguen por obligación; al líder, por convicción”
Hay trayectorias que no se diseñan: se construyen. La de Martín Zuppi es una de ellas. Hoy presidente de Stellantis Argentina, llegó a la industria automotriz casi por casualidad, a mediados de los 90, cuando ingresó al entonces Grupo Fiat ocupando la posición de Gerente de Logística Comercial de Fiat Auto Argentina. No era ingeniero ni mecánico. Lo suyo siempre fue el ámbito económico y comercial. Pero el mundo del automotor lo atrapó y ya no se fue más
“De chico siempre me gustaron los autos, aunque nunca supe arreglar un motor”, dice. El interés era más amplio: la estética, la velocidad, la idea de movimiento. El primer trabajo en Fiat fue el comienzo de un recorrido que lo llevó por distintas áreas, países y responsabilidades. “Cada dos o tres años cambiaba de función. Eso hizo que nunca me aburriera”, explica. El punto de inflexión llegó en 2004, cuando asumió una gerencia comercial estando en Italia. A su regreso al país, enfrentó un nuevo desafío como Gerente de Ventas Directas.
Hoy lidera una compañía que reúne marcas con ADN propio, historia y públicos muy distintos. Fiat, Peugeot, Citroën, Jeep, RAM y DS conviven bajo un mismo paraguas. “No es tener una primera y una segunda marca. Cada una es la mejor versión de sí misma y hay que respetar su identidad para los clientes, los concesionarios y los equipos”, señala. La complejidad, admite, es también lo que hace atractivo al desafío.
Zuppi habla de liderazgo sin épica. Con una idea central que repite como mantra: escuchar. “Es imposible que un líder sepa más que su equipo. En Argentina somos más de 6.000 personas en el grupo. Cada uno sabe más de su tema que yo”, afirma. Su rol, dice, es facilitar, generar confianza y evitar algo que vio muchas veces en su carrera: jefes que no escuchan y problemas que explotan cuando ya es tarde.
Ese aprendizaje lo llevó a construir un estilo propio, más horizontal. “Una cosa es ser jefe y otra ser líder. Al jefe lo siguen por obligación; al líder, por convicción”, resume. Y recurre al fútbol, otra de sus pasiones, para explicarlo: “Scaloni no sabe más de fútbol que Messi, pero sabe armar el equipo y poner a cada uno en su mejor lugar”.
El contexto argentino atraviesa toda su gestión. “No es un país fácil, pero nunca te aburrís”, dice. La agenda cambia todo el tiempo y obliga a adaptarse. En la industria, los desafíos se multiplican: mayor apertura, más competencia, nuevas marcas —como la llegada de Leapmotor— y una transformación energética que no admite recetas únicas. “No hay que ir ni al 100% eléctrico ni al 100% térmico. En nuestra región, los híbridos tienen mucho sentido”, analiza.
“A veces se gana y a veces se aprende. Nunca se pierde”
Su principal innovación está en el sistema ultra-híbrido con tecnología REEV, que permite una conducción totalmente eléctrica con el respaldo de un motor a combustión. Ofrece así la experiencia de un vehículo eléctrico con la libertad de recorrer largas distancias sin depender de la infraestructura de carga, una propuesta especialmente atractiva para un país como Argentina, con grandes extensiones y una red de carga aún limitada.
Las perspectivas, sin embargo, son positivas. El mercado local cerraría 2025 cerca de las 600.000 unidades y podría crecer entre 5% y 10% en 2026. La clave, según Zuppi, es la financiación y la expectativa económica. “El auto es el segundo bien más importante para una familia. La gente busca soluciones, no problemas: conectividad, tecnología y practicidad”, apunta.
Hacia el final, vuelve al liderazgo y a una definición que también aplica a la vida. “La diferencia la hacen los que saben manejar la frustración”, dice. Es un mensaje que repite a sus hijos y que resume su propia experiencia: “A veces se gana y a veces se aprende. Nunca se pierde”. En un país imprevisible y una industria en transformación permanente, la frase funciona también como hoja de ruta.
“Es imposible que un líder sepa más que su equipo”



