En esta noticia
La Fuerza Aérea Argentina confirmó esta semana la desprogramación definitiva del sistema de armas A-4AR Fightinghawk, poniendo fin a casi tres décadas de servicio de uno de los aviones de combate más representativos de la aviación militar nacional.
La decisión fue comunicada personalmente en la V Brigada Aérea de Villa Reynolds, en San Luis, por el jefe de la Fuerza Aérea, brigadier general Gustavo Javier Valverde, quien informó oficialmente el retiro de las aeronaves ante pilotos, técnicos y personal militar de la unidad históricamente asociada a los “Halcones”.
En el comunicado oficial difundido este jueves, la fuerza explicó que la medida responde a un “exhaustivo análisis de planificación estratégica institucional” orientado a priorizar la eficiencia operativa y la sostenibilidad económica. Según detalló la institución, los elevados costos de mantenimiento y la complejidad logística para sostener los A-4AR hicieron inviable continuar operando el sistema de armas.
Además, la Fuerza Aérea remarcó que la incorporación de los nuevos F-16 Fighting Falcon obliga a redireccionar recursos humanos, técnicos y presupuestarios hacia el nuevo programa de modernización.

Adiós al A-4AR: un retiro que ya se anticipaba
Aunque la noticia fue oficializada recién ahora, en los hechos el A-4AR ya se encontraba fuera de actividad desde mediados de 2024. Un último accidente fatal terminó de acelerar un proceso de retiro que dentro de la fuerza algunos veían difícil de evitar.
En julio de 2024, un A-4AR se accidentó poco después de despegar y murió el capitán Mauro Testa La Rosa tras intentar eyectarse. Ese episodio se sumó a otros incidentes graves registrados en los últimos años y dejó nuevamente bajo la lupa el estado de la flota y las dificultades para mantener operativos con aviones con décadas de servicio.
Antes de ese accidente ya existían antecedentes preocupantes. En 2020 había fallecido el capitán Gonzalo Britos Venturini luego de la caída de otro Fightinghawk durante un ejercicio de adiestramiento en Córdoba.
Los A-4AR acumulaban problemas recurrentes de mantenimiento, fallas mecánicas y limitaciones logísticas derivadas no solo de la antigüedad de la plataforma, sino también de la falta de inversión en defensa de sucesivos gobiernos en componentes necesarios para su óptimo funcionamiento. La disponibilidad de aeronaves en condiciones de vuelo era cada vez menor y, desde el accidente de 2024, prácticamente no volvieron a registrarse operaciones aéreas regulares de la V Brigada Aérea.

El avión que sostuvo la capacidad de combate argentina
El A-4AR Fightinghawk fue durante años el principal vector de combate de la Fuerza Aérea Argentina. Incorporado a fines de los años 90, el sistema surgió a partir de la modernización de los veteranos A-4M Skyhawk estadounidenses, una plataforma originalmente diseñada por McDonnell Douglas.
Argentina adquirió 36 aeronaves modernizadas en el marco de un acuerdo con Estados Unidos y Lockheed Martin. El programa incluyó una profunda actualización electrónica y de aviónica, motivo por el cual recibió la denominación “Fightinghawk”, en referencia al F-16 Fighting Falcon, del que heredó varios sistemas electrónicos y parte de su arquitectura de misión.
Aunque el diseño original del Skyhawk se remontaba a la década de 1950, la modernización permitió que el A-4AR incorporara radar APG-66 (el mismo que en versiones iniciales del F-16), sistemas HOTAS, navegación digital y capacidad para utilizar armamento aire-aire y aire-superficie más moderno.
Durante años, los cazabombarderos Fightinghawk cumplieron funciones clave de defensa aérea y ataque a tierra. Tras la baja de los Mirage III en 2015, se transformaron además en el único sistema de combate de alta potencia operativo de la Argentina.
Su presencia fue habitual en ejercicios militares, despliegues de vigilancia aérea y operativos de control del espacio aéreo nacional. Para varias generaciones de pilotos argentinos, el A-4AR representó la columna vertebral de la aviación de combate local.

El desafío de sostener una flota envejecida
El paso del tiempo terminó pesando más que las sucesivas tareas de recuperación y mantenimiento.
Las dificultades para conseguir repuestos, la reducción progresiva de aeronaves operativas y los altos costos de sostenimiento terminaron condicionando severamente la capacidad real del sistema. Incluso dentro de la propia fuerza se reconocía que la continuidad operativa dependía cada vez más del esfuerzo técnico del personal y de programas de recuperación parciales.
La situación se volvió todavía más compleja con la llegada del nuevo sistema de armas F-16, que requiere infraestructura, capacitación y recursos específicos para su puesta en funcionamiento.
En un momento, el exjefe de la Fuerza Aérea, Xavier Isaac, había planteado que el objetivo era que un número a determinar de A-4AR (entre 12 y 18 unidades ) fuese completamente recuperado para operar a la par de los nuevos F-16. Sin embargo, ese plan quedó trunco.

Lo que viene: la era del F-16
La salida del A-4AR marca también el inicio formal de una nueva etapa para la aviación de combate argentina.
La Argentina ya comenzó el proceso de incorporación de los F-16 Fighting Falcon adquiridos a Dinamarca, considerados un salto tecnológico muy importante respecto de los sistemas que operaba hasta ahora la Fuerza Aérea.
Los primeros seis aviones ya llegaron al país y forman parte del programa inicial de transición, mientras continúan las tareas de adaptación de infraestructura y entrenamiento de pilotos y técnicos en la VI Brigada Aérea de Tandil y en el Área Material Río Cuarto.
El F-16 permitirá recuperar capacidades que la Fuerza Aérea había perdido o reducido en los últimos años: mayor alcance, mejor radar, guerra electrónica moderna, integración de armamento de nueva generación y capacidad multirrol avanzada.
Para la institución, la desprogramación del Fightinghawk no sólo implica el cierre de un ciclo histórico, sino también la posibilidad de concentrar recursos escasos en una plataforma considerada estratégica para las próximas décadas.
Así, después de casi 30 años de servicio, el A-4AR se despide dejando una huella profunda en la aviación militar argentina: fue el avión que sostuvo durante años la capacidad de combate del país y acompañó a la Fuerza Aérea en uno de los períodos más complejos de su historia reciente.




