
Mucho se ha explicado recientemente sobre el contenido de los acuerdos últimamente alcanzados con la Unión Europea (tratado de libre comercio y asociación estratégica obtenido a través del Mercosur -que además de bajar aranceles dispone una integración a través de diversas previsiones no arancelarias-) y con Estados Unidos (acuerdo comercial bilateral más acotado a algunos rubros en particular, pero con disposiciones varias sobre adaptaciones legales y regulativas adicionales).
Pero más allá de las disposiciones puntuales, es de resaltar que ambos pactos (pese a sus diferencias, que las tienen) pueden generar un cambio de matriz general para la economía argentina (aun cuando no lo lograrían inmediatamente).

Esto ocurre porque abordan la integración externa a través de la apertura de mercados para una economía como la Argentina, que es la más cerrada de nuestra región.
La Argentina es, hasta hoy, una economía con dificultades de acceso a mercados externos por escasez de acuerdos comerciales. El arancel promedio que pagan las exportaciones argentinas en su acceso a los diversos mercados mundiales es 8 veces el que pagan las exportaciones chilenas, 4 veces el que pagan las peruanas, 3 veces el que pagan las mexicanas y casi tres veces el que pagan las colombianas (y hasta algo mas alto que el que pagan socios comerciales del Mercosur como Brasil y Uruguay).
La carencia de acuerdos comerciales conspira contra el ingreso en mercados externos, no solo por el mayor costo en frontera sino porque no hay incentivos al establecimiento de alianzas entre empresas ante los obstáculos referidos.
Argentina ha sufrido además otro tipo de desincentivos a la inserción externa en los últimos lustros. Entre ellos, el desorden macroeconómico, la escasez de financiamiento, la sobrerregulación, la inestabilidad jurídica, la desinstitucionalización (y politización) de la economía.
Esto, al parecer, está en camino de corregirse con las políticas de la actual administración. Pues la internacionalización es un requisito también.
Un efecto de la desinternacionalización es que apenas contamos con unas 20 empresas que exportan más de 1000 millones de dólares anuales y solo con unas 70 que exportan más de 100 millones de dólares anuales.
Por supuesto que esta débil vinculación externa también ha generado un muy bajo nivel de exportaciones en relación con el PBI, y también de importaciones con relación al PBI. En el último registro anual del Banco Mundial, Argentina tuvo el más bajo ratio exportaciones/PBI de Latinoamérica (15,2%, siendo el ratio de Latinoamérica de 25,7%).
Y, a la vez, nuestro ratio importaciones/PBI en el último registro anual del Banco Mundial era de 12,7% (el de Latinoamérica fue de 25,9%). Pese a que hoy se discute mucho el incremento de las importaciones, Argentina tuvo en 2025 exportaciones medidas en dólares más bajas que en 2022.
Los acuerdos con la Unión Europea y con Estados Unidos (aun siendo diferentes en su tipología), así como otros inminentes como el llevado adelante con el EFTA, pueden motivar un cambio de esa matriz de cerrazón luego de un tiempo en el que los incentivos permitan a las empresas argentinas aprovechar el posible acceso a nuevos grandes mercados.
Del mismo modo que podrían hacer mejorar a Argentina en su stock de inversión extranjera directa: nuestro stock actual es solo de unos 175.000 millones de dólares hundidos por empresas extranjeras en el país, lo que representa un número muy inferior al de Brasil (quintuplica el argentino) y México (cuadruplica al argentino); y también bien menor al de Chile y Colombia (que exhiben una y media vez nuestro acervo).
El comercio internacional en el planeta sigue creciendo hasta hoy, pese a las dificultades surgidas de diversas políticas de algunos países (en el reciente 2025 el comercio internacional total en el mundo llegó al récord de 35 billones de dólares según UNCTAD) y buena parte de ello se debe a que se siguen celebrando acuerdos de integración comercial (casi 70% de comercio internacional total en el planeta ocurre entre aquellos mercados que han reducido a 0% su arancel en frontera).
Hay hoy -según la Organización Mundial de Comercio- 381 acuerdos regionales de integración comercial (desde la pandemia hasta hoy se han celebrado en el planeta más de 70 nuevos) y avanzar en pactos de asociación comercial es para Argentina a caminar en la línea en lo que va el mundo: “friendshoring”, que supone integración comercial entre países aliados.
La Unión Europea genera no menos que el 15% del comercio internacional total mundial de bienes y 25% del de servicios. Y sus empresas han invertido 9 billones de dólares fuera de su territorio. Estados Unidos es -aun con los aranceles de Trump- el mayor importador del mundo (importa anualmente 3,4 billones de dólares en bienes y casi un billón de dólares en servicios).
Y, con 10 billones de dólares hundidos fuera de su territorio, sus empresas son las generadoras del mayor stock de inversión extranjera en el planeta.
Argentina tiene la ocasión de cambiar su matriz integrándose a dos grandes economías, que además son relevantes socios actuales de nuestro país -les exportamos a cada uno unos 8.500 millones de dólares anuales en bienes- y con los que podemos incrementar el vínculo comercial, financiero, productivo y de inversión.
Mientras, Argentina deberá continuar con sus esfuerzos fronteras adentro para acompañar las oportunidades fronteras afuera. Y caminando hacia mayor internacionalidad modificar su matriz.








