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Lunes 28.07.2014 | 05:16
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La anunciada detonación del cosmos sindical en cinco fragmentos - la CGT de Hugo Moyano, la antimoyanista, la que lidera Luis Barrionuevo, más la CTA oficialista y la opositora- dejó como resultado un tendal de heridos y la ausencia de un claro ganador.
La estrategia del gobierno nacional de dividir para reinar no cumplió su objetivo máximo de destronar de la central gremial al líder camionero, quién a pesar de sufrir una fuga de aliados logró quedar como referente de un sector de la CGT con base en el mítico edificio de Azopardo 802. En la práctica, se avecina una intensa batalla sindical para el segundo semestre del año, que se dirimirá entre una facción aliada al poder central y otra opositora, lo cual inquieta a empresarios e industriales. Así lo entienden los analistas consultados por El Cronista WE para dilucidar la lucha por el poder en la interna gremial.
Luego de casi una década de una alianza tan aceitada como conveniente, la relación entre Cristina Kirchner y Hugo Moyano llegó a un punto de no retorno, aseguran desde ambos lados. Algo se quebró y progresivamente, CFK desterró a Moyano del poder central: a medida que se acercaba la interna sindical, el destrato presidencial se transformó en un ataque manifiesto, el cual fue proporcional al crecimiento de la sombra opositora de Moyano.
Luego de haber mostrado los dientes en Plaza de Mayo y de ser reelecto ayer como jefe de la llamada “CGT Azopardo” hoy su principal preocupación para por no perder más aliados.
El taxista Omar Viviani y el marítimo Omar Suárez fueron los últimos que abandonaron el barco, tentados por el gobierno nacional. Al respecto, Moyano viene denunciando que el gobierno central utiliza la caja de $1100 millones de la APE (Administración de Programas Especiales) para "seducir" a los gremios.
En la otra vereda, se encuentran los opositores al hombre del camión. La principal cara de los antimoyanistas es la de Antonio Caló, uno del las figuras más potables para muchos de los sectores alineados al gobierno nacional por su bajo perfil y sus formas dialoguistas. El secretario general de la tradicional Unión Obrera Metalúrgica cuenta con el aval presidencial y fue ungido el martes como candidato para las elecciones del 3 de octubre convocadas por el antimoyanismo. Lleva como aliados al sector de los denominados “Gordos” (Oscar Lescano, Armando Cavalieri y Carlos West Ocampo), que promulgan un antimoyanismo extremo. Y a los independientes (Gerardo Martínez, Andrés Rodríguez y José Luis Lingeri).
El tercer púgil en esta pelea de pesos pesados es el titular de la CGT Azul y Blanca, el gastronómico Luis Barrionuevo, quien mantiene distancia con los otros dos sectores.

Unidos o dominados

Consumada la fragmentación de la CGT, se descuenta que la batalla entre sindicatos por los espacios de poder será cruel y extensa, sobre todo en un contexto de descaleración económica, conciden los analistas políticos consultados por WE. A su vez, remarcan que la fractura de la central de trabajadores ha sido moneda corriente en la historia sindical argentina. Para ponerlo de otra forma: la CGT puede doblarse, pero en el fondo no se rompe.
“La división de la central obrera ha sido casi una constante en la historia sindical argentina. Han sido menores los períodos de unidad total del sindicalismo peronista, que los de división", sostiene el director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría, Rosendo Fraga. Y agrega: "De hecho antes de esta división, la central obrera ya estaba dividida, dada la existencia de la CGT Azul y Blanca de Luis Barrionuevo".
El último antecedente de ruptura sindical es el que se registró en 2010 en la CTA, que a su vez nace a partir de la separación de un grupo de sindicatos de la CGT en 1991. La impugnación del resultado de las últimas elecciones para elegir autoridades, que en esta central se realiza por el voto directo de los afiliados, derivó en la fractura entre las facciones afines al kircherismo, liderada por Hugo Yasky (CTERA) y la anti-K con Pablo Micheli (ATE).
"La fragmentación de la CGT va a llevar un poco de agua para todos, pero me da la impresión que nada va a cambiar estructuralmente en lo inmediato", opina Marcos Novaro, sociólogo e investigador del Conicet. Y agrega: "Las tres partes tienen intereses comunes, por ejemplo, sacarle lo más posible al Gobierno. Esto ha sucedido en el pasado: cada vez que hubo varias centrales, tuvieron etapas de conflicto y choque, pero luego hay un relativo reconocimiento y un equilibrio".
Cabe destacar al respecto, que si bien muchos no se mostraron en la Plaza durante el paro moyanista del 27 de junio, aún los dirigentes sindicales más próximos a la Casa Rosada, han coincidido en el discurso con Moyano por el reclamo por la actualización del mínimo no imponible de ganancias.
Otros síntomas de la convivencia subterránea que se avizora en la CGT son las idas y vueltas del Gerardo Martinez (UOCRA), uno de los pesos pesados que intentó disputarle la conducción al moyanismo. Secretario General de la UOCRA desde 1990, llegó a ocupar la máxima silla sindical en 1995. Por su sintonía fina con el gobierno nacional, se lo consideraba un candidato natural del kirchnerismo, sin embargo, su postulación perdió fuerza cuando trascendieron supuestos vínculos con los servicios de inteligencia durante el gobierno militar. Fue la sombra de Moyano y, su demostración de fuerza en la Plaza del Mayo en la movilización del 27 de junio, hizo desaparecer los pruritos del gobierno nacional, que volvió a tender puentes con la figura de Martínez.
Los vaivenes del Martínez con la Casa Rosada se repiten en su relación con Moyano. El líder del gremio de la construcción suele criticar en público a Moyano para deleite de la platea kirchnerista. El último ataque fue la semana pasada, al calificarlo de "traidor". Sin embargo, horas antes de que el antimoyanismo convocara a elecciones en octubre, el titular de la UOCRA mantuvo contactos con el camionero y dejó trascender la posibilidad de ofrecer una prórroga al actual jefe de la CGT hasta septiembre. ¿Sus razones? Evitar una atomización de la central frente a las luces amarillas en la economía en general, y resguardar a su gremio del abrupto freno en el sector de la construcción, en particular.
Con el escenario atomizado, la interna sindical será intensa durante la segunda mitad del año. En ese marco, una de las pocas certezas parece ser la judicialización de la contienda. Tanto moyanistas como disidentes desestimaron la intervención de la cartera laboral de Carlos Tomada y reconocen que la única forma de dirimir el conflicto será llevándolo a la Justicia. "Lamentablemente se va a judicializar esto, y la Justicia verá quién tiene la razón", resumió uno de los denominados "Gordos", el dirigente de Luz y Fuerza y enemigo de Moyano, Oscar Lescano.
Al respecto, Novaro sostiene: "Hay un relativo equilibro en el que ninguna de las partes tiene capacidad de imponerse sobre las otras. En ese sentido, la judicialización de la disputa tendrá como consecuencia la aparición de apelaciones, amparos y fallos de distintas cámaras, que llevarán años. Incluso es probable que la disputa se resuelva antes en términos políticos que judiciales".

Nada que festejar

Los analistas consultados por We coinciden en que la batalla sindical recién comienza, pero que a esta altura, y con las cartas sobre la mesa, se puede identificar quién gana y quién pierde con la fragmentación de la central gremial.
Por haber estado en el ojo de la tormenta, para Novaro, Moyano es de los que "salió airoso" de la contienda. "Se dice que Moyano ha quedado debilitado, pero yo creo que mientras sobreviva, todo lo que consiga es de arriba. El hombre desafió a la Presidenta y sobrevivió", explica. Y agrega: "Claro que si sigue perdiendo aliados en manos del Gobierno puede que ese triunfo relativo se degrade con el tiempo. Pero creo que Moyano, a pesar de todo lo que perdió, es uno de los que sale airoso".
Por su parte, Rosendo Fraga aporta su escenario: "El dirigente camionero quedará con una central sindical más chica, pero más cohesionada. Sus adversarios, en cambio, pueden generar una más grande, pero con disidencias y sin un liderazgo definido".
En cambio, Analía del Franco, socióloga y directora de la consultora Analogías, opina que "hasta el momento, Moyano no acumuló capital político ni logró un lugar como oposición", al tiempo que sostiene que su imagen positiva se mantiene alrededor de un magro 25%.
"A la opinión pública no le importa demasiado que la central se divida. La CGT no es un tema para el grueso de la gente", aclara Del Franco. Y comparte sus números: según una encuesta de Analogías hecha en mayo pasado, sobre la pregunta referida a si Moyano tendría que ser reelecto, sólo un 17% dijo que sí. En tanto, el 43% dijo que no y el 30% restante no sabía o prefirió no contestar.
El impacto del conflicto sindical en la opinión pública da pie al análisis de otro de los grandes contendientes: el gobierno nacional que, con su declaración de guerra a Moyano, entró de lleno en la interna. Así lo observa Novaro: "El Gobierno tenía varios escenarios alternativos por delante: uno era una CGT más alineada y colaboracionista, lo cual no se logró. Otro era esta CGT fragmentada y debilitada en cada una de sus partes. Y otro era una fragmentación en la cual Moyano quedaba aislado, lo que quizás era lo más conveniente para el gobierno nacional".
Por su parte, Fraga opina que para la Casa Rosada, "la división de la CGT era el mal menor, con tal de evitar que el dirigente camionero fuera reelecto como secretario general por otros tres años al frente de la central sindical unificada", y que con ese fin, "se intentó que través de acciones judiciales y administrativas, el sector pro K quedara con la conducción, pero no logró derrotar a Moyano".
Novaro coincide en que el objetivo de máxima de CFK era eliminar a Moyano, pero al menos logró dividir a la central y debilitar al menos por un tiempo a los sindicatos. "Si bien el Gobierno tratará con una CGT fragmentada en lo inmediato, de cara al mediano plazo no tiene mucho que festejar. Ha fracasado en el intento de aislar a Moyano, y ése es su principal problema", dispara el sociólogo.
Sobre las razones de fondo de la pelea Moyano vs. Gobierno, el director de la consultora Poliarquía, Sergio Berenztein, sostiene: "No hay que olvidar que detrás de todo esto está la necesidad del Gobierno de controlar la puja distributiva, con respecto al problema de la inflación y del atraso cambiario".
En un contexto de desaceleración y múltiples frentes abiertos en materia económica, para los empresarios, el peor de los mundos es una CGT dividida. Así lo hizo saber el titular de la Unión Industrial Argentina (UIA), Jose Ignacio de Mendiguren (sin ir más lejos, se lo dijo a WE en una entrevista publicada semanas atrás) y así lo expresan fuera de micrófono las cámaras sectoriales. "Una CGT más dividida que antes en momentos en que la economía se frena, hará más difícil y no más fácil el manejo del conflicto social y esto es lo que temen sectores empresarios", opina Fraga.
Por su parte, Julio Burdman, de la Universidad de Belgrano, sostiene que "el empresariado no es afecto a una central sindical fuerte, porque eso fortalece la posición negociadora de los trabajadores, pero sospecha que eso es mejor a dos sindicales peronistas fuertes. La existencia de dos centrales sindicales hará que éstas compitan entre sí y ello derive en mayores demandas salariales y conflictividad".
Para Novaro, "las dificultades del Gobierno permitieron que algunos sectores económicos estén sacando algún provecho, como los exportadores de trigo o petróleo", pero al mismo tiempo, asegura que se trata de "triunfos efímeros" y que en el terreno empresario la situación "será de pérdida y van a estar pujando a ver quién pierde menos".

Lo que viene

Otro de los actores que espera desde el ringside el resultado de la contienda es el por estos días denostado gobernador bonaerense Daniel Scioli. Aquel famoso "picado" en su quinta La Ñata, en el que se mostró junto al líder camionero, en plena guerra del Gobierno contra Moyano, fue una inconfundible señal política. Rápido de reflejos, el kirchnerismo aprovechó para ubicarlos juntos en un mismo blanco y disparó toda su furia por partida doble.
"Hasta la ruptura con Scioli, Moyano era el adversario político más importante de la Presidenta", sostiene Fraga. Y agrega: "Ambos se necesitan para sobrevivir políticamente. Si uno de ellos es vencido, la situación del otro se debilita en consecuencia. Los dos coinciden en la crítica al oficialismo nacional desde una perspectiva peronista y esto genera un eje político".
En cambio, Novaro hace una distinción entre los principales rivales políticos de Cristina. "Moyano tiene algo para ofrecer, pero sus tiempos no son los tiempos de la interna peronista. Sus necesidades son más urgentes: están atadas a las elecciones en la CGT y a la intensa disputa sindical de la segunda mitad del año. En cambio, los tiempos de Scioli son más prolongados, donde le conviene mantener cierto equilibrio", sostiene. Y agrega: "En este punto, creo que la estrategia del Gobierno fue acertada: se juntó a Moyano con Scioli y se lo obligó al último a salir a la cancha y a mostrar sus cartas, a mostrarse como opositor. En ese sentido, Moyano no pierde demasiado, pero Scioli sí". z we
comentarios
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Usuario Anónimo
13.07.2012 11:07:00

KRETINA respete el Art. 14 bis de nuestra Constitución. 82% MOVIL

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Usuario Anónimo
13.07.2012 11:07:00

KRETINA respete el Art. 14 bis de nuestra Constitución. 82% MOVIL

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opinionENCUESTA
Pregunta
Cree que los acuerdos firmados por el Gobierno con China...
Significarán una inversión importante para la economía.
Sólo servirán para cubrir las necesidades fiscales.
Son sólo promesas sin impacto real.
Otras opciones